Piel negra, máscaras blancas

Piel negra, máscaras blancas

 

Existe en el gobierno actualmente un programa cultural que puede denominarse, siguiendo a Fanon y Aimé Césaire, abogado por la descolonización, de „piel negra, máscaras blancas“. Este concepto crítico sirve para resumir la actual política cultural. Nos venden un marketing de „progreso blanco“, de Teatro Colón, de decorado de „blancura“, de „máscaras blancas“, la Reina Máxima, de volver a estar en „el mundo“ (blanco, no negro), dejando atrás todo lo „negro“ (piquetero, plan social, Milagro Sala, todo lo que „ahuyenta las inversiones“, todo lo „bajo“, todo lo „cabeza“, todo lo „inculto“) De este modo, se cae en una inversión retórica (antipopular): terminamos negando el color de nuestra piel. El color de nuestra historia. Adoptamos „mascaras blancas“ (progreso, inversiones, visita de Obama, pretendemos volver a ser colonia „culta“), encerrando a los „indios“ que alteran nuestro „progreso“. Esta es la base del programa cultural Pro: piel negra, mascaras blancas. Marketing „blanco“, contra toda la „negritud“, contra los piqueteros, contra toda la „grasa“ que „sobra“, (Prat Gay) contra todos los negros „incultos“, el modelo cultural propuesto, como símbolo es la „blancura“ („gala“) del Teatro Colon, con sus suntuosas funciones teatrales. Esa es la nueva „cultura“. la Reina Máxima, Al Pacino, el Colon dirigido por Loperfido, pareja de Esmeralda Mitre, cuyo bisabuelo legó al país una de las narraciones mas „blancas“ posibles de la historia argentina. Milagro Sala esta presa por „negra“, porque se aplica desde el poder un programa político de “piel negra, máscaras blancas”, donde todo lo negro inculto y grasa se encierra, se niega, se esconde, y se muestra solo “lo blanco”, lo “culto”, lo marketineramente “lindo”, “rubio” y de ojos celestes de esta sociedad. Se niegan los indios, se niega la historia oscura argentina, se niega todo lo que no encaja en el marketing “blanco” alegra y superficial: todo es “cultura”, inversiones, la visita de Obama, estar en el mundo “blanco” (no „negro“), etc. Podemos apelar a la idea de Fanon “piel negra, mascaras blancas” (recuperar el concepto de negritud de Aimé Césaire) para resumir el programa político y comunicacional del Pro: cultura “blanca”, el Colón, Al Pacino, en contra de toda la “grasa” que “sobra” (Prat Gay), en contra de todo lo “negro” y lo “inculto” (Sala, mujer negra, que protesta, se encierra, se aleja de nuestra mirada, de nuestra cultura culta, “blanca”, Pamela David pidiendo una familia “rubia” en la casa rosada, Amadeo persiguiendo estudiantes extranjeros, reforzando „controles“ migratorios, etc) Tenemos que asumir y recuperar nuestra “negritud“. El „blanqueo“ de capitales es solo una pata –y no la mayor ni la mas importante- de esta necesidad constante de „blanquear“(nos) los argentinos, („controlar las fronteras“, no dejar que „pasen“ mas „negros“ sudacas) de no asumir nuestro pasado, nuestra piel („negra“), nuestra cultura, no demasiado „blanca“. Sino bastante „negra“. No fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, símbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „política“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presentó a sus ministros en un jardín, no es casual, es simbólico. Por algo el banco HSBC, que publicita en esos mismos medios, propone pasar un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardín de Epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardín de atrás de „casa“, lejos de la plaza publica, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante“.) El crepúsculo del deber, como dice Lipovetsky, es el fin de la historia, es el fin de la democracia. La caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“.

Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (dijo Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”.

Dejar -dejemos- las máscaras blancas, los decorados blancos, la mentira blanca, (el lenguaje “blanco”, aceptemos, como quería Césaire, nuestra “negritud”, nuestra vida, nuestro país, nuestro suelo y nuestra historia: todos somos Milagro Sala, en muchos sentidos, somos “negros” como ella, somos indios pobres como ella, somos argentinos, somos “sudacas”, no somos “blancos” y tenemos que aceptarlo: el muro también se construye contra nosotros, no solo contra México, somos “latinos”) la pretendida “cultura”, las sombras de nuestra cultura „blanca“. Es menester repensar a fondo la idea de nuestro “progreso”. (muchos que votaron ingenuamente o genuinamente convencidos de su “blancura”, -frente a los “negros” del “pancho y la coca- a Macri descubren, con el triunfo de Trump, aquello que Macri en el fondo negaba: que son también ellos, “latinos”) Frente a las fotos del marketing vacío, donde todo es „retocado“, las imágenes reales, sin recorte, donde no se borra nada. Frente a las máscaras blancas, (las imágenes trucadas, donde algo siempre se pierde, y se borra, no solo el sushi) nuestra piel negra. Inculta. Frente al bus falso, frente al sushi fantasma, frente a los paraisos fiscales, Pablo Ernesto Piovano: esa imagen real. Esa Argentina (dura). Esa piel negra. Sin máscaras blancas. (“cultas”) Muchos de quienes votaron a Macri piensan que somos “blancos”. Una cultura “blanca”. No negros. Desean la (suenan con esa) “blancura”. (“no seas negro… o cuando aclaran, no digo “negro de piel”, sino de “mente”, esto es: un negro “cabeza”, cabeza de “negro”) No asumir su “negritud”. Milagro Sala está presa por eso. Porque no queremos ser lo que ella es/representa: negra. Lo que se apresa y se encierra no es solo (nunca) una persona, como dijo Durkheim. También se apresa y encierra un concepto, un modelo (“de negro, -mujer negra- piquetera, indio”, etc.) Por los que se piensan que son más “cultos”. Mas “blancos”. Con más derechos que los indios. Que los negros cabezas. Se apropian de la cultura/de la (su) tierra. De la imagen que se forjan de su propio país. De su propia “cultura”. En ese modelo una mujer negra como Sala “no cierra”. Una mujer india, que cuestiona al poder, debe estar presa. (Pamela David quería una familia “rubia” en la casa rosada) Debe ser encerrada. No es casual lo de Sala. No lo es. Es un resumen. Un eje “cultural”. Blanco sobre negro. Encerramos y castigamos la negritud. También la encerramos (contra todas las recomendaciones de los organismos de derechos humanos) por ser negra. Y lo hacemos en nombre de nuestro “progreso”. De volver a estar en el “mundo”. De ser “civilizados”. De “prosperar”. De atraer más “inversiones”. Encerrando/controlando a los „negros“.

 

El „sinceramiento“ se opone siempre a la demagogia. (Platón, La República, la otra cara es la Justicia, la única „sinceridad“ posible es la justicia, no la vuelta de los –a los- „mercados“ „sinceros“) Estamos inmersos en una contradicción severa o como dice el estimado Horacio Gonzalez, en un perverso „juego de lenguaje“, donde se emplean las palabras (por eso debemos cuidar el lenguaje, cuidando nuestra cultura, que a Duran Barba poco y nada le importan ni le significan, pero a nosotros sí, como al joven Dickmann, que murió a los pies de Mariano Moreno, todo un modelo cultural y político) para que digan exactamente lo contrario de lo que aparentan decir. No cualquier cosa, que sería secundario (y más común): sino exactamente lo contrario, lo cual es nuevo: es una apuesta deliberada y conciente por el vaciamiento (de todo lenguaje, de toda idea „crítica“, y de toda identidad: esta es la ambición final de todo „marketing“: anular el pensamiento „crítico“, y „consciente“ y „político“). Esto quiere decir que es más „sincero“ salir a endeudarse con el FMI y /o pagarle sin condiciones a especuladores como Singer que no hacerlo? No. Era más „sincero“ (ya que de „sinceridad“ hablamos) lo otro. Naturalizar la mentira como „sinceridad“, eso vemos, negando la posibilidad de cambio (político) en nombre del… cambio. Vendiendo humo como si fuera „sinceridad“. Ser „más sincero“. Esto es lo que vemos. La negación de la política en manos de la política y de quienes niegan que hacen política (como en el Proceso, que también empleaba un lenguaje „técnico“, no „politizado“, sino „neutral“ en valores…). Abuso cultural y mentira en nombre del supuesto “cambio”. (Adorno, la Escuela de Frankfurt impugnando la “propaganda” en política, la idea misma de „publicidad“ carcome nuestra conciencia, nuestra democracia, mina la idea de ciudadano libre y autónomo, que “piensa” antes de votar, lo reemplaza por un consumidor-seguidor autómata, como quiere Fidanza) Marketing puro. Envases vacíos. No ideas. no „ideología“. Sino „neutralidad“ “apolítica”. Apatía. „Consumo“ Privado. (no compromiso público, no participación: consumo „en la casa“, „tele-voto“, la política como reality show, privacidad, no “politización”, no compromiso, no ideales, no debates públicos, sino consumos privados, voto-consumo, no voto “político”, no “otredad”, se anulan los “otros”, los “negros” que alteran nuestra “paz” quedaron del “otro lado”, no “abajo”, sino “afuera”, como dijo Sábato, en una de sus pocas lineas que valen la pena, ya no es “arriba y abajo”, ahora es “adentro y afuera”, la cultura “blanca” deja todo lo “negro” afuera, afuera de la “cultura”, afuera de la Historia, Viñas, afuera del “country”, del jardín de Epicuro, afuera de la publicidad “blanca”, de la revolución de la “alegría” blanca, no de los negros, los negros no tienen derecho a ser felices, como dijo Gonzalez Fraga, se les “hizo creer que…” podían ser felices, pero no: son “negros”, no “blancos”) Justicia plebiscitada y politizada a más no poder. Los mismos funcionarios que proclamaban su „independencia“ hoy son funcionales y orgánicos con el poder político de turno. No independientes. Nada „sinceros“. Falta debate. Faltan ideas. Sobra el slogan. Nuestra democracia está cambiando y nuestros políticos no lo ven.

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