El blasón

El blasón

La grandes decisiones que afectan a nuestros países y que afectan a la democracia… no se toman delante de nuestros pueblos. Se esconden. No se hacen visibles. Se toman en reuniones cerradas y aisladas (lejos del „vulgo“, lejos del „pueblo“, como en la Edad Media, no hemos evolucionado tanto como nos gusta creer; incluso el periodismo tiene prohibido entrar a esas reuniones, lo tiene vedado, la democracia „no entra“ a esas reuniones, no „llega“ aún a ese lugar, donde está el poder verdadero) donde lo que se discute no se muestra. No debe salir de esas cuatro paredes, en paraísos, en los alpes, en Suiza. El lobby de armas. Alemania es el tercer exportador de armas del mundo. Luego hablan de „paz“. De poner fin a la „guerra“. De frenar la inmigración, que ellos mismos, con sus guerras e intereses, generan. Desplazamiento y dolor. Y luego la tarea de los medios: el gran borramiento. Una cosa es informar (lo que verdaderamente importa nunca se „informa“, nunca se „dice“, nunca se „señala“, nunca es „noticia“, nunca sale en los medios, no está en los diarios), otra cosa, muy distinta, a la que tienden mayormente los medios actuales (que compiten cada vez más por eso mismo con las redes sociales, que los van a terminar destronando) es „entretener“. Estamos –estemos- „entretenidos“. No informados. Entretenemos a los lectores. (la caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“, etc.) Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”, lease Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sanchez Galindo, otra “negra”, otra “yegua”, otra “puta”.) Los medios quieren tener al publico „entretenido“. Nada más. „pendiente“. No informado. Espectáculos. No debate. La dictadura es apenas un ejemplo (presente, no solo „pasado“) sobre la forma en que nos mantienen „informados“ acerca de lo que „pasa“ realmente a nuestro alrededor. Jauretche. Aprender a leer los diarios. Los diarios bombardean constantemente para que no tengamos un solo segundo de „respiro“, precisamente, un „momento para pensar“. Para realmente „informarnos“. Para poder ver. Eso es lo último. Lo que debe ser evitado: el pensamiento. La reflexión. Y la crítica. (como dice el Indio Solari: dejar de ver la “mina en bolas”, el Bailando por un “culo”, el bombardeo constante es violencia también -es violencia dos veces, doblemente- contra la mujer, así presentada, denigrada, subyugada, desnudada y violentada como una “cosa”, como un “circo”, como un “show” de mujeres, se usa esa imagen para distraer, para tapar, para negar la conciencia, tanto del hombre como de la mujer, de ambos) Porque el siguiente paso (del pensamiento, del „segundo“ para uno mismo, sin el bombardeo constante, ininterrumpido) es ese: las ideas. la conciencia. La critica. La militancia. El compromiso: la „politización“. La no „neutralidad“. El no „autismo“. Salir de la pasividad y de la indiferencia (dar el salto al pensamiento), salir de la anomia de „espectadores“ de una realidad virtual, que nos muestran por pedazos, en capítulos, en tandas, para que sigamos „prendidos“ hasta el final. (la persecución a Cristina o el encarcelamiento de Milagro Sala son novelas que se entregan por capítulos, Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“) Para pasar a ser actores de la propia vida (eso es la política, no el marketing, el compromiso, no la publicidad y la imagen), que no sale en la TV ni en los diarios. Actores de una realidad concreta. No virtual. Sino viva. Rousseau. Carta a D ´Alambert. Los diarios que entretienen venden precisamente eso: una imagen. La política ha quedado reducida a eso: una imagen (un fotomontaje) que venden los diarios. Publicidad. No idea. No debate. Por eso decae cada vez más el nivel intelectual de nuestros dirigentes y políticos. Y este es un mal (de epoca) que no aqueja solo a Argentina. Consecuencia de la banalización constante del pensamiento, y de los vinculos sociales. Donde todo se cosifica y se vuelve mercancía. Todo tiene un valor. No humanidad. Se advierte en todo el mundo. Empezando por la mayor democracia del planeta, cuyo presidente es un multimillonario –como Berlusconi en Italia- cuyo gran merito es dirigir –hacer de la politica- un reality show. Tele-realidad. Giovanni Sartori ya lo advirtió. En esto se esta convirtiendo la democracia. En un reality show. La culpa es de la falta de debate político en serio. Del marketing en reemplazo de la política, presentada por el marketing como algo „malo“: la „politización“. (no fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, simbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „politica“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presento a sus ministros en un jardin, no es casual, es simbólico. Por algo el HSBC que publicita en esos mismos diarios tomo, porque en los bancos hay mucha gente que piensa y entiende, pero no habla, un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardin de epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardin de atrás de „casa“, lejos de la „plaza publica“, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante”, etc.) El crepúsculo del deber, como dice Lipotevtsky en Francia, es el fin de la historia, es el fin de la politica. Pero también es el crepusculo –el fin- de la democracia. Porque la contracara de los derechos (dice John Finnis) son los deberes. Por eso la revolución de la alegria vendió los „jardines“ (lo privado, frente a la crisis de todo lo público) de Epicurlo. Nos vendió (y nos venció) el hedonismo. Una falacia publicitaria (Merton). Un regreso al pobre individualismo (Borges, el Argentino no se identifica con el Estado). Al no compromiso. A la negación de los otros. Porque el consumo es privado. La politica –la patria- no. Es el terreno de lo publico. Del „para el otro“. De la otredad. De sus derechos. Asimilar la politica al consumo (tendencia en muchos medios, Fidanza, etc) es vaciar de sentido al compromiso politico y reducir la politica al marketing con su publicidad enganosa y vacia, reduciendo el candidato a un envase, a un slogan. La politica –la democracia del voto consumo Fidanza- termina siendo un envase vacío. Y también la democracia (marketing, really show, donde se vende al espectador la ilusión de que viendo la TV y llamando realmente „vota“, realmente „participa“, cuando no es así: esta es la nueva trampa, para seguir con el lineamiento de Saramago, siempre lúcido). Y todo esto se debe a que en Argentina, leyeron mal al círculo de Viena. O ni lo leyeron. Piensan que Hayek dijo lo que no dijo. Que habia que vaciar de todo sentido a lo publico. A lo politico. Negar los conflictos (Ranciere) no hace que éstos no existan. Simplemente cambian de forma. Los transforma en „violencia“, en „inseguridad“. Cambia el lenguaje para no atacar la causa del problema que después, una vez más, se criminaliza. El CELS ya dijo: es la misma receta que ya fracasó. No podemos „cambiar“ si aplicamos siempre lo mismo. Siempre la misma „receta“ contra la inseguridad. La pobreza, la desigualdad, como dijo Locke, son violencia. Y generan violencia. Y la violencia no se tolera, se resiste. Arrojar a miles de argentinos a la pobreza no es „alegre“ y no es una apuesta por la „paz“ ni por la „unidad“ de los argentinos, mientras del otro lado unos pocos se refugian, como en la foto de presentación, en un „jardín“ (apolítico, epicureo, etc). Es una apuesta marketinera, sonriente, complaciente, labil, frágil, por la barbarie generalizada, como con el recorte de ciencia y educación. Dos caras de una misma moneda. Se busca generar un pueblo autista, anómico, tele-espectador, con cada vez menos „cultura“ y menos „palabra“, menos ciencia y menos derechos, sin capacidad de critica, sin conciencia. Un pueblo incapaz de reaccionar y defender sus derechos. Un pueblo pasivo. Espectador. Que sigue el dictado del marketing. Que hace lo que le indica la publicidad, „llama por teléfóno“, vota, espera el „timbreo“ en su casa, o el llamado de Susana. De la Rua apostó por eso. Tuvo grandes publicitarios a su lado. Bien no le fue. La realidad (la pobreza, el desencanto) termina por imponerse. La política no está, aunque Duran Barba y Rozichtner piensen lo contrario (porque Duran Barba y Rozichnter son dos caras de lo mismo), para promover una „alegria“ zen sin pensamiento („crítico“), sino para hacer al pueblo conciente de sus desafios y de sus derechos. Esos derechos que se niegan como corolario de politicas macroeconómicas equivocadas y parciales, que se naturalizan como „inevitables“ en lugar de discutir, precisamente, su denegado sentido político. La economía es política. No „técnica“. La política no está para prometerle al pueblo que va a ser „alegre“ mientras por atrás se le recortan sus derechos, luego de pagar de modo genuflexo a quienes fueron corresponsables, con sus prácticas predatorias, de la peor crisis vivida por el país. Porque los buitres tienen poder de lobby en organismos internacionales, no están de un lado los bancos y del otro los buitres, son parte de lo mismo. Y privilegiar sus intereses y demandas, es poner de rodillas la soberanía y los intereses nacionales de un pueblo que confió aunque no le informen toda la verdad. Le hagan un fin de año „amable“. Pero engañoso. El marketing es mentir. Es mentirle al electorado. El marketing es el segundo semestre. Una consigna que se instala en el inconciente colectivo: una falsa promesa. La contracara de este fracaso, de esta promesa incumplida, imposible de cumplir, es el blasón de Cristina. Un lenguaje violento que estigmatiza. Que no debate. Que no dialoga. Que no propone. Que no suscita. Que niega todo lo “otro”. Todo otro pensamiento es negro, es “populista”. Su criminalización constante. „mientras exista -esté- Cristina“, titula un periodista, como si la consigna (lo que no queda dicho, como nos enseñó la hermeneutica, que es lo que debemos antes que nada „decir“, poder mostrar, saber leer) fuera que Cristina „deje de existir“. Mientras exista Cristina… la contracara y el metamensaje son el blasón mediático, judicial y político. Mientras exista Cristina…. habrá una „excusa“ constante para mantenernos „unidos“ contra un „enemigo“ común, un chivo expiatorio de nuestros propios fracasos y falsas promesas. La estigmatización es funcional al maniqueismo, que redunda en la negación de todo debate. Hoy en la Argentina no se debate. Esto preanuncia conflicto y decadencia cultural. Menos ciencia. Menos inversiones. Menos educación. Menos desarrollo. Menos cultura. menos política. Dirigentes cada vez mas „dependientes“ del marketing y la imagen que del pensamiento capacitado y conciente, comprometido y critico. Mas importante que „meterla presa“ es perseguirla constantemente. Machacar. Agrandar la herida. Dividir. Los que dicen que no estaban dividiendo. Los que venían a „unir“. Mientras exista Cristina… A veces las palabras dicen mas de lo que en principio parecen estar diciendo. Hay frases que resumen muy bien, por lo que proponen (y por el historial de determinadas tribunas) una linea de pensamiento. No lo podemos dejar pasar. En Argentina es importante que puedan „existir“ todos los idearios. Todas las ideas. Todas las personas. La condición de la democracia, Pagni, no puede ser la desaparición de nadie. Ni de Videla. De ninguna persona. Su „mientras exista“ está mal usado. Y lo que sugiere su lenguaje, es incompatible –porque también el lenguaje puede ser incompatible- con una democracia. en vez de „perseguir“ y encerrar disidentes, hay que animarse a debatir. A abrir las tribunas que hoy permanecen, con las consecuencias evidentes (la decadencia en el nivel de formación de nuestros dirigentes, de nuestra „dirigencia“), cerradas a todo debate. A toda idea nueva. A toda renovación y a toda crítica. Hay que elegir: o marketing o cultura. persecución de disidentes, presos políticos (mientras se hace marketing blanco, piel negra, mascaras blancas, encerrando todo lo „negro“, a todas las Sala, mientras nos convencemos de que somos lo que no somos: un pais „blanco“), o deliberación política en serio. La democracia argentina necesita un cambio político. Una deliberación política profunda. Crítica. Renovada. Que parta de la formación civil. De la educación del pueblo. La misión de todo gobierno, decía Goethe, y no se equivocaba, es educar. Educar. No estigmatizar. Debatir. No negar a los otros. La democracia argentina necesita una nueva dirigencia. Una nueva cultura. Un nuevo debate. Una nueva poesía. Un nuevo periodismo. La inmensa mayoría de los políticos argentinos no representan un cambio. El cambio se puede dar y se va a dar desde la cultura. desde la palabra conciente, diferencia del marketing vacío y sus „imágenes“ poco reales. Photoshopeadas. Sin trasfondo concreto. Sin ideario. Puro slogan sin compromiso y sin pensamiento. Darle contenido real a la palabra, darle “sentido” a la palabra, es darle “sentido” a la cultura, darle espacio al debate verdadero, es más que suficiente para hacer una „revolución“ en Argentina. Es darle sentido a la democracia. Una revolución cultural. Ética. Educativa. Proponer más que posponer (cosa que hace el marketing) un ideario concreto. El marketing es la antítesis de la política. Pero también es la antítesis (en la medida en que oculta y nos niega el verdadero proceso de toma de decisiones, que apela al marketing para distraer nuestra mirada, nuestra atención y nuestro interés) de la democracia. menos marketing es, pues, más democracia. mas politica. Mas cultura. mas ciencia. Mas desarrollo. Mas palabra. mas realidad. Menos photoshop. Vease la película La Zona, mexicana. Así termina el marketing (político): construyendo muros. No palabra. No ideas. No participación. No democracia. el jardín de epicuro. El privilegiado „retiro“ al jardin privado ante la crisis de la „polis“. El repliegue en lo privado, el abandono de todo lo que sea „publico“ y „politico“. El abandono del otro. De toda „otredad“. Nuestro pobre individualismo. El jardín de Epicuro (la foto de Macri con sus ministros en un jardín) no es casual, es el „modelo“ estudiado (Barthes) del „verano“ epicureo (HSBC) y político. Es la negación semántica y semiótica del compromiso, es el placer „hedonista“, y anti político. Pero esta ideología negadora del Estado (enemigo elefante, liberalismo decimonónico, siglo XIX, la amenaza a la libertad no proviene ya de la “presencia” del Estado, es al revés, como muestra Owen Fiss, entre otros, el individualismo que habla del “cepo” y asimila la pasada administración a una “dictadura” frente a la cual se monto una campana del estilo del “no” en Chile, aduciendo que “la alegría ya viene…”) cercada individualista termina consagrando el privilegio. Termina construyendo muros. No palabra. Muros. No democracia. Muros. No derechos. No „otros“ con derechos. Sino negros encarcelados incultos. Grasas que „sobran“. Ese lenguaje despectivo y anti „negro“ es la contracara (real) del marketing (vacío). Es la verdad que se esconde. Que no se quiere decir. Pero se piensa. Grasas y negros que „sobran“. Piel Negra. Mascaras blancas. De supuesta „cultura“. Al Pacino. El colon. Depardieu. No Milagro Sala: ella es demasiado „negra“, demasiado „pobre“, demasiado india, demasiado „inculta“. Por eso –y solo por eso- Milagro Sala está presa. Porque ella representa (con su negrura, Césaire, con su „negritud“ en todo aspecto) lo que este modelo demasiado „blanco“ viene a proponer como „inversiones“, como „desarrollo“. Como „democracia“. El Jardín de Epicuro. No un „country“ para los negros. El teatro colon. „Blancura“. „Democracia“. Marketing blanco. Un país „blanco“. Que se quiere y se suena lo que no es. Estados Unidos. La visita de Obama. Ser lo que no somos. Un país „blanco“, con una cultura „blanca“. No un país con (que arrasó y aun arrasada y encierra a sus) indios „negros“ e „incultos“. La conquista del desierto (con sus eufemismos y negaciones, con su „pacificación“ y „unidad“) todavía sigue. Con su „progreso“ blanco. Con su historia „sin fisuras“. „Completa“. Todorov. Hay que volver a usar bien las palabras. Una cosa es “salir de un default”. Otra es poner a un país de rodillas, llegando a un “acuerdo” genuflexo en una deuda cuestionada por personas como Alterini, lejanas al ideario peronista o progresista, pero juristas civilistas sabedores de los sótanos infames (jamas nombrados por la “justicia”) que actúan en las “finanzas”. No podemos ceder ni entregar todo el lenguaje. Hay que usar bien la palabra. Llamar a las cosas por su nombre. No se “salió del default”, como dice Dujovne. Se concedió y cedió en una política que preservaba, ante todo, la soberanía del país. Que es muy distinto.

Tenemos una sociedad muy dañada por lo que le tocó vivir. Lo menos que podemos hacer como abogados es ser justos con nuestro pasado. Diciendo las cosas. No callando.

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