Ser inteligente y kirchnerista

Ser inteligente y kirchnerista

Quiero explorar –y aventurar una justificación para-  un lugar común mencionado de modo insistente y creciente por muchos detractores de la pasada administración, votantes del actual oficialismo: por qué hay tanta gente „inteligente“ que es „kirchnerista“. Tal vez precisamente porque muchas políticas del kirchnerismo fueron „inteligentes“, criticas, novedosas y sustanciales (lo cual no quiere decir que sus resultados sean rápidamente visibles ni fácilmente entendibles, los procesos políticos son largos y no siempre corresponden -por suerte- a los procesos electorales), y no como sus críticos hoy las presentan, meros actos de “populismo”. Denunciar y repudiar en la ONU el accionar espurio de los fondos de especulación financiera -“buitre”- es un acto de justicia histórica y reivindicación de nuestra soberanía, privilegiando los intereses nacionales y la soberanía alimentaria; sin embargo, los cómplices de los bancos de inversión -partícipes necesarios de la crisis en Europa y América Latina- presentan tales actos de reparación histórica, que priorizan lo social, como actos de mero „populismo“, toda reivindicación de derechos de los pobres es atacada de „populista“, por quienes piden, desde la cúspide del poder financiero, ingentes salvatajes a bancos, mas no a personas o pueblos enteros, (los pueblos originarios y desclasados defendidos por una Berta Cáceres, líder indígena lenca -espejo de una Milagro Sala en Jujuy- en toda la América por la industria extractiva, que tanto dano nos hace, no son -para la literatura económica-, “too big to fail”, los pueblos pueden -y deben- “caer”, los que nunca pueden ni deben caer -como también denuncia la Iglesia, con su doctrina social- son los bancos) pueblos cuyos recursos son apropiados y arrasados en nombre del progreso y la industria. (Atilio Alterini, La injusticia de la deuda externa, Milano, 2008)

Ser “inteligente” pasa por tener espíritu critico. Por pensar no lo que los medios repiten (precisamente, repetir lo que repiten los medios, es no ser inteligente, no tener espíritu crítico, no pensar por uno mismo). Los „no inteligentes“ son aquellos que „repiten“ sin pensar lo que los medios plantean como verdad. Sin pensarlo. Precisamente son quienes (dado que les parece “natural” que el kirchnerismo fue un “horror”, porque eso es lo que dicen muchos medios, con intereses puntuales contra normas puntuales de la pasada administración) se sorprenden de que haya tanta „gente inteligente“ (critica, que no repite lo que dicen los medios, precisamente) que haya estado o esté aun a favor del kirchnerismo. Pero en esa advertencia hay ya en muchas personas (no kirchneristas) una importante sombra de „duda“: los detractores del kirchnerismo –muchos acicateados por los medios masivos de comunicación con su estigmatización superficial pero constante- advierten sin embargo que hay „mucha gente inteligente“ que lo apoya,  de este modo están ya advirtiendo, insinuando, sintiendo en su fuero interno, una contradicción importante. Advierten la contradicción: por eso dudan. Por eso la pregunta „hay gente inteligente, que es kirchnerista“: la no inteligencia se vincula por el contrario a la repetición acrítica y constante de los lugares comunes, códigos que no pueden ser pensados, de tan repetidos que son, y pasan a formar parte de presupuestos del dialogo social „culto“, son marcas de clase (y la cultura en la Argentina es patrimonio y prerrogativa de una „clase“ „culta“, en general aristocrática y anti popular, que asemeja „cultura“ a las galas del Teatro Colón, los vestidos de la reina máxima y la primera dama y muy poco más que eso). Se „naturaliza“ esa critica como nuevo lugar común, como sentido común, como „obviedad“. El presupuesto es que si el kirchnerismo es tan malo o corrupto como los medios repiten (por algo), entonces todo militante o adherente de ese proyecto es o bien corrupto o bien un „ignorante“. No puede ser, en esa lectura (reproducida e instalada por los medios cotidianamente) una persona „inteligente“. De allí la sorpresa. La contradicción sin embargo subsiste y muchos detractores del kirchnerismo, llevados por la superficialidad del estigma constante de los medios masivos, son capaces sin embargo de atravesar ese velo, y advertir -tantear al menos- la contradicción. La asumen. La sorpresa lo que indica en rigor es que se repiten cosas como verdades que no son en el fondo ninguna verdad. (Y no es casual que esta „sombra de duda“ empiece a aparecer o hacerse más visible a medida que se revela la otra verdad indisimulable en los medios masivos: el fracaso total o parcial de muchas de las alegres y grandes promesas del actual oficialismo) O lo que es igual, que el kirchnerismo no fue o no es lo que nos dicen –repiten sin parar- los medios. No fue por lo menos tan “malo”. En esa exageración se advierte también, para muchos, una falacia. Porque lo actual no es tampoco “tan bueno” como dijeron. Inteligente es pues no repetirlo. Tener espíritu critico. Salir del lugar común, que por algo se instala y promueve como tal: para que la gente no piense. No dialogue. Para que se recueste en la comodidad de repetir algo que no es pensado (el estigma). Que se repite como gesto. Como sena de un grupo o clase social. Pero sin argumento. Esto degrada el debate político hasta hacerlo desaparecer. No inteligente es el comportamiento en manada que repite códigos que se comparten. Pero que no se piensan. No se someten a critica. Hubo políticas publicas de enorme importancia en la pasada administración (salud mental, memoria, verdad y justicia, ley de medios, futbol para todos, ley de identidad de genero, critica a los fondos buitre y la especulación financiera, nacionalización de recursos estratégicos, desendeudamiento externo, integración regional, reivindicación de la soberanía de Malvinas, AUH, repatriación de científicos, etc). Estigmatizar al que piensa diferente (por ser „kirchnerista“), es, además, borrar con el codo lo que se escribió con la mano como promesa de mayor „dialogo político“. Es no apostar a dialogo alguno. Precisamente en contextos de no dialogo es donde mejor funciona la estigmatización. Ser kirchnerista es (puede ser también) ser „inteligente“. El kirchnerismo debe y puede ser escuchado (en lugar de estigmatizado, censurado y perseguido como nuevo „enemigo“ publico mediático), porque muchas de sus políticas publicas fueron precisamente eficaces para el país, sus intereses y su soberanía, y un avance concreto de derechos para millones de argentinos. Frente al retroceso de derechos y lo errático de muchas políticas actuales, se apuesta por la estigmatización, precisamente, para rehuir al dialogo concreto y no dejar estas tensiones –y perspectivas criticas e ideológicas, con sus respectivos programas alternativos- en evidencia. La estigmatización constante del kirchnerismo es la negación retórica del fracaso público actual, que se oculta desviando la atención y confundiendo constantemente el eje del debate político y económico, acosado por el desempleo, la precariedad, el cierre de fábricas y el pago de deudas externas ilegitimas y usurarias, en contra de los intereses del Estado y el pueblo argentino. Se puede ser kirchnerista y ser inteligente a la vez, porque se denuncia esto, en primer lugar. Porque se piensa lo que se resiste, en la cultura mediática, a ser pensado. Porque se discute lo que los medios masivos instalan como “verdad”. Y eso es precisamente la inteligencia: el juicio crítico, denostado no por accidente por un asesor filosófico del Presidente Macri. Se apuesta al no pensamiento, el no diálogo, la no ciencia, la incultura y la no educación. (de alli el paro docente y las protestas de los investigadores del CONICET, entre otros) El no pensamiento crítico. Se puede, pues, ser kirchnerista y ser inteligente. Lo que aun no está claro es que sea posible lo contrario. Es algo que aún está por verse. Las políticas actuales, con fuerte aumento de la desigualdad y la pobreza, del desempleo y la informalidad, la pérdida de soberanía y de recursos, y la no existencia de un dialogo político real con perspectivas alternativas concretas, no parecen abonar una hipótesis optimista. La evasión del dialogo político –para disimular el fracaso de la gestión económica- necesita de la estigmatización constante de quien, sin ella, seria simplemente un interlocutor “inteligente” y preparado políticamente para remarcar la falsedad de las promesas.

Un millón y medio de nuevos pobres y 600 mil nuevos indigentes hablan por sí solos. Un numero abrumador y categórico que sirve de baza del actual gobierno. El „sinceramiento“ de la política económica. Eso es lo que vemos. Un gobierno que con estos números (que trae el Observatorio de Deuda Social de la UCA) revela toda su „sinceridad“. La deja al desnudo. Sin disimulo. No se „sincera“ la pobreza, porque ésta, como bien dice el periodista de La Nación a la Ministra Stanley, no es estructural. Es nueva. Tiene apenas nueve meses. Es el costo del „sinceramiento“, dicen, quienes quieren volver a naturalizar la pobreza, como si el neoliberalismo que la produce fuera un destino („técnico“, „sincero“ y natural) y no una (siempre muy mala) opción política y de gobierno, que –como toda política- puede cambiar. Hablar de „sincerar“ la „pobreza“ es naturalizar un programa político. El neoliberalismo no es, sin embargo, un destino. Aunque nos digan que seguirlo es la única forma de „estar en el mundo“. No es así. Y no lo es para ese nuevo millón y medio de pobres. En qué mundo mejor están ellos? A qué “mundo” han llegado?

1.500.000 nuevos pobres y 600.000 nuevos indigentes.

 

Piel negra, máscaras blancas

Piel negra, máscaras blancas

 

Existe en el gobierno actualmente un programa cultural que puede denominarse, siguiendo a Fanon y Aimé Césaire, abogado por la descolonización, de „piel negra, máscaras blancas“. Este concepto crítico sirve para resumir la actual política cultural. Nos venden un marketing de „progreso blanco“, de Teatro Colón, de decorado de „blancura“, de „máscaras blancas“, la Reina Máxima, de volver a estar en „el mundo“ (blanco, no negro), dejando atrás todo lo „negro“ (piquetero, plan social, Milagro Sala, todo lo que „ahuyenta las inversiones“, todo lo „bajo“, todo lo „cabeza“, todo lo „inculto“) De este modo, se cae en una inversión retórica (antipopular): terminamos negando el color de nuestra piel. El color de nuestra historia. Adoptamos „mascaras blancas“ (progreso, inversiones, visita de Obama, pretendemos volver a ser colonia „culta“), encerrando a los „indios“ que alteran nuestro „progreso“. Esta es la base del programa cultural Pro: piel negra, mascaras blancas. Marketing „blanco“, contra toda la „negritud“, contra los piqueteros, contra toda la „grasa“ que „sobra“, (Prat Gay) contra todos los negros „incultos“, el modelo cultural propuesto, como símbolo es la „blancura“ („gala“) del Teatro Colon, con sus suntuosas funciones teatrales. Esa es la nueva „cultura“. la Reina Máxima, Al Pacino, el Colon dirigido por Loperfido, pareja de Esmeralda Mitre, cuyo bisabuelo legó al país una de las narraciones mas „blancas“ posibles de la historia argentina. Milagro Sala esta presa por „negra“, porque se aplica desde el poder un programa político de “piel negra, máscaras blancas”, donde todo lo negro inculto y grasa se encierra, se niega, se esconde, y se muestra solo “lo blanco”, lo “culto”, lo marketineramente “lindo”, “rubio” y de ojos celestes de esta sociedad. Se niegan los indios, se niega la historia oscura argentina, se niega todo lo que no encaja en el marketing “blanco” alegra y superficial: todo es “cultura”, inversiones, la visita de Obama, estar en el mundo “blanco” (no „negro“), etc. Podemos apelar a la idea de Fanon “piel negra, mascaras blancas” (recuperar el concepto de negritud de Aimé Césaire) para resumir el programa político y comunicacional del Pro: cultura “blanca”, el Colón, Al Pacino, en contra de toda la “grasa” que “sobra” (Prat Gay), en contra de todo lo “negro” y lo “inculto” (Sala, mujer negra, que protesta, se encierra, se aleja de nuestra mirada, de nuestra cultura culta, “blanca”, Pamela David pidiendo una familia “rubia” en la casa rosada, Amadeo persiguiendo estudiantes extranjeros, reforzando „controles“ migratorios, etc) Tenemos que asumir y recuperar nuestra “negritud“. El „blanqueo“ de capitales es solo una pata –y no la mayor ni la mas importante- de esta necesidad constante de „blanquear“(nos) los argentinos, („controlar las fronteras“, no dejar que „pasen“ mas „negros“ sudacas) de no asumir nuestro pasado, nuestra piel („negra“), nuestra cultura, no demasiado „blanca“. Sino bastante „negra“. No fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, símbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „política“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presentó a sus ministros en un jardín, no es casual, es simbólico. Por algo el banco HSBC, que publicita en esos mismos medios, propone pasar un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardín de Epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardín de atrás de „casa“, lejos de la plaza publica, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante“.) El crepúsculo del deber, como dice Lipovetsky, es el fin de la historia, es el fin de la democracia. La caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“.

Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (dijo Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”.

Dejar -dejemos- las máscaras blancas, los decorados blancos, la mentira blanca, (el lenguaje “blanco”, aceptemos, como quería Césaire, nuestra “negritud”, nuestra vida, nuestro país, nuestro suelo y nuestra historia: todos somos Milagro Sala, en muchos sentidos, somos “negros” como ella, somos indios pobres como ella, somos argentinos, somos “sudacas”, no somos “blancos” y tenemos que aceptarlo: el muro también se construye contra nosotros, no solo contra México, somos “latinos”) la pretendida “cultura”, las sombras de nuestra cultura „blanca“. Es menester repensar a fondo la idea de nuestro “progreso”. (muchos que votaron ingenuamente o genuinamente convencidos de su “blancura”, -frente a los “negros” del “pancho y la coca- a Macri descubren, con el triunfo de Trump, aquello que Macri en el fondo negaba: que son también ellos, “latinos”) Frente a las fotos del marketing vacío, donde todo es „retocado“, las imágenes reales, sin recorte, donde no se borra nada. Frente a las máscaras blancas, (las imágenes trucadas, donde algo siempre se pierde, y se borra, no solo el sushi) nuestra piel negra. Inculta. Frente al bus falso, frente al sushi fantasma, frente a los paraisos fiscales, Pablo Ernesto Piovano: esa imagen real. Esa Argentina (dura). Esa piel negra. Sin máscaras blancas. (“cultas”) Muchos de quienes votaron a Macri piensan que somos “blancos”. Una cultura “blanca”. No negros. Desean la (suenan con esa) “blancura”. (“no seas negro… o cuando aclaran, no digo “negro de piel”, sino de “mente”, esto es: un negro “cabeza”, cabeza de “negro”) No asumir su “negritud”. Milagro Sala está presa por eso. Porque no queremos ser lo que ella es/representa: negra. Lo que se apresa y se encierra no es solo (nunca) una persona, como dijo Durkheim. También se apresa y encierra un concepto, un modelo (“de negro, -mujer negra- piquetera, indio”, etc.) Por los que se piensan que son más “cultos”. Mas “blancos”. Con más derechos que los indios. Que los negros cabezas. Se apropian de la cultura/de la (su) tierra. De la imagen que se forjan de su propio país. De su propia “cultura”. En ese modelo una mujer negra como Sala “no cierra”. Una mujer india, que cuestiona al poder, debe estar presa. (Pamela David quería una familia “rubia” en la casa rosada) Debe ser encerrada. No es casual lo de Sala. No lo es. Es un resumen. Un eje “cultural”. Blanco sobre negro. Encerramos y castigamos la negritud. También la encerramos (contra todas las recomendaciones de los organismos de derechos humanos) por ser negra. Y lo hacemos en nombre de nuestro “progreso”. De volver a estar en el “mundo”. De ser “civilizados”. De “prosperar”. De atraer más “inversiones”. Encerrando/controlando a los „negros“.

 

El „sinceramiento“ se opone siempre a la demagogia. (Platón, La República, la otra cara es la Justicia, la única „sinceridad“ posible es la justicia, no la vuelta de los –a los- „mercados“ „sinceros“) Estamos inmersos en una contradicción severa o como dice el estimado Horacio Gonzalez, en un perverso „juego de lenguaje“, donde se emplean las palabras (por eso debemos cuidar el lenguaje, cuidando nuestra cultura, que a Duran Barba poco y nada le importan ni le significan, pero a nosotros sí, como al joven Dickmann, que murió a los pies de Mariano Moreno, todo un modelo cultural y político) para que digan exactamente lo contrario de lo que aparentan decir. No cualquier cosa, que sería secundario (y más común): sino exactamente lo contrario, lo cual es nuevo: es una apuesta deliberada y conciente por el vaciamiento (de todo lenguaje, de toda idea „crítica“, y de toda identidad: esta es la ambición final de todo „marketing“: anular el pensamiento „crítico“, y „consciente“ y „político“). Esto quiere decir que es más „sincero“ salir a endeudarse con el FMI y /o pagarle sin condiciones a especuladores como Singer que no hacerlo? No. Era más „sincero“ (ya que de „sinceridad“ hablamos) lo otro. Naturalizar la mentira como „sinceridad“, eso vemos, negando la posibilidad de cambio (político) en nombre del… cambio. Vendiendo humo como si fuera „sinceridad“. Ser „más sincero“. Esto es lo que vemos. La negación de la política en manos de la política y de quienes niegan que hacen política (como en el Proceso, que también empleaba un lenguaje „técnico“, no „politizado“, sino „neutral“ en valores…). Abuso cultural y mentira en nombre del supuesto “cambio”. (Adorno, la Escuela de Frankfurt impugnando la “propaganda” en política, la idea misma de „publicidad“ carcome nuestra conciencia, nuestra democracia, mina la idea de ciudadano libre y autónomo, que “piensa” antes de votar, lo reemplaza por un consumidor-seguidor autómata, como quiere Fidanza) Marketing puro. Envases vacíos. No ideas. no „ideología“. Sino „neutralidad“ “apolítica”. Apatía. „Consumo“ Privado. (no compromiso público, no participación: consumo „en la casa“, „tele-voto“, la política como reality show, privacidad, no “politización”, no compromiso, no ideales, no debates públicos, sino consumos privados, voto-consumo, no voto “político”, no “otredad”, se anulan los “otros”, los “negros” que alteran nuestra “paz” quedaron del “otro lado”, no “abajo”, sino “afuera”, como dijo Sábato, en una de sus pocas lineas que valen la pena, ya no es “arriba y abajo”, ahora es “adentro y afuera”, la cultura “blanca” deja todo lo “negro” afuera, afuera de la “cultura”, afuera de la Historia, Viñas, afuera del “country”, del jardín de Epicuro, afuera de la publicidad “blanca”, de la revolución de la “alegría” blanca, no de los negros, los negros no tienen derecho a ser felices, como dijo Gonzalez Fraga, se les “hizo creer que…” podían ser felices, pero no: son “negros”, no “blancos”) Justicia plebiscitada y politizada a más no poder. Los mismos funcionarios que proclamaban su „independencia“ hoy son funcionales y orgánicos con el poder político de turno. No independientes. Nada „sinceros“. Falta debate. Faltan ideas. Sobra el slogan. Nuestra democracia está cambiando y nuestros políticos no lo ven.

El blasón

El blasón

La grandes decisiones que afectan a nuestros países y que afectan a la democracia… no se toman delante de nuestros pueblos. Se esconden. No se hacen visibles. Se toman en reuniones cerradas y aisladas (lejos del „vulgo“, lejos del „pueblo“, como en la Edad Media, no hemos evolucionado tanto como nos gusta creer; incluso el periodismo tiene prohibido entrar a esas reuniones, lo tiene vedado, la democracia „no entra“ a esas reuniones, no „llega“ aún a ese lugar, donde está el poder verdadero) donde lo que se discute no se muestra. No debe salir de esas cuatro paredes, en paraísos, en los alpes, en Suiza. El lobby de armas. Alemania es el tercer exportador de armas del mundo. Luego hablan de „paz“. De poner fin a la „guerra“. De frenar la inmigración, que ellos mismos, con sus guerras e intereses, generan. Desplazamiento y dolor. Y luego la tarea de los medios: el gran borramiento. Una cosa es informar (lo que verdaderamente importa nunca se „informa“, nunca se „dice“, nunca se „señala“, nunca es „noticia“, nunca sale en los medios, no está en los diarios), otra cosa, muy distinta, a la que tienden mayormente los medios actuales (que compiten cada vez más por eso mismo con las redes sociales, que los van a terminar destronando) es „entretener“. Estamos –estemos- „entretenidos“. No informados. Entretenemos a los lectores. (la caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“, etc.) Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”, lease Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sanchez Galindo, otra “negra”, otra “yegua”, otra “puta”.) Los medios quieren tener al publico „entretenido“. Nada más. „pendiente“. No informado. Espectáculos. No debate. La dictadura es apenas un ejemplo (presente, no solo „pasado“) sobre la forma en que nos mantienen „informados“ acerca de lo que „pasa“ realmente a nuestro alrededor. Jauretche. Aprender a leer los diarios. Los diarios bombardean constantemente para que no tengamos un solo segundo de „respiro“, precisamente, un „momento para pensar“. Para realmente „informarnos“. Para poder ver. Eso es lo último. Lo que debe ser evitado: el pensamiento. La reflexión. Y la crítica. (como dice el Indio Solari: dejar de ver la “mina en bolas”, el Bailando por un “culo”, el bombardeo constante es violencia también -es violencia dos veces, doblemente- contra la mujer, así presentada, denigrada, subyugada, desnudada y violentada como una “cosa”, como un “circo”, como un “show” de mujeres, se usa esa imagen para distraer, para tapar, para negar la conciencia, tanto del hombre como de la mujer, de ambos) Porque el siguiente paso (del pensamiento, del „segundo“ para uno mismo, sin el bombardeo constante, ininterrumpido) es ese: las ideas. la conciencia. La critica. La militancia. El compromiso: la „politización“. La no „neutralidad“. El no „autismo“. Salir de la pasividad y de la indiferencia (dar el salto al pensamiento), salir de la anomia de „espectadores“ de una realidad virtual, que nos muestran por pedazos, en capítulos, en tandas, para que sigamos „prendidos“ hasta el final. (la persecución a Cristina o el encarcelamiento de Milagro Sala son novelas que se entregan por capítulos, Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“) Para pasar a ser actores de la propia vida (eso es la política, no el marketing, el compromiso, no la publicidad y la imagen), que no sale en la TV ni en los diarios. Actores de una realidad concreta. No virtual. Sino viva. Rousseau. Carta a D ´Alambert. Los diarios que entretienen venden precisamente eso: una imagen. La política ha quedado reducida a eso: una imagen (un fotomontaje) que venden los diarios. Publicidad. No idea. No debate. Por eso decae cada vez más el nivel intelectual de nuestros dirigentes y políticos. Y este es un mal (de epoca) que no aqueja solo a Argentina. Consecuencia de la banalización constante del pensamiento, y de los vinculos sociales. Donde todo se cosifica y se vuelve mercancía. Todo tiene un valor. No humanidad. Se advierte en todo el mundo. Empezando por la mayor democracia del planeta, cuyo presidente es un multimillonario –como Berlusconi en Italia- cuyo gran merito es dirigir –hacer de la politica- un reality show. Tele-realidad. Giovanni Sartori ya lo advirtió. En esto se esta convirtiendo la democracia. En un reality show. La culpa es de la falta de debate político en serio. Del marketing en reemplazo de la política, presentada por el marketing como algo „malo“: la „politización“. (no fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, simbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „politica“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presento a sus ministros en un jardin, no es casual, es simbólico. Por algo el HSBC que publicita en esos mismos diarios tomo, porque en los bancos hay mucha gente que piensa y entiende, pero no habla, un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardin de epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardin de atrás de „casa“, lejos de la „plaza publica“, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante”, etc.) El crepúsculo del deber, como dice Lipotevtsky en Francia, es el fin de la historia, es el fin de la politica. Pero también es el crepusculo –el fin- de la democracia. Porque la contracara de los derechos (dice John Finnis) son los deberes. Por eso la revolución de la alegria vendió los „jardines“ (lo privado, frente a la crisis de todo lo público) de Epicurlo. Nos vendió (y nos venció) el hedonismo. Una falacia publicitaria (Merton). Un regreso al pobre individualismo (Borges, el Argentino no se identifica con el Estado). Al no compromiso. A la negación de los otros. Porque el consumo es privado. La politica –la patria- no. Es el terreno de lo publico. Del „para el otro“. De la otredad. De sus derechos. Asimilar la politica al consumo (tendencia en muchos medios, Fidanza, etc) es vaciar de sentido al compromiso politico y reducir la politica al marketing con su publicidad enganosa y vacia, reduciendo el candidato a un envase, a un slogan. La politica –la democracia del voto consumo Fidanza- termina siendo un envase vacío. Y también la democracia (marketing, really show, donde se vende al espectador la ilusión de que viendo la TV y llamando realmente „vota“, realmente „participa“, cuando no es así: esta es la nueva trampa, para seguir con el lineamiento de Saramago, siempre lúcido). Y todo esto se debe a que en Argentina, leyeron mal al círculo de Viena. O ni lo leyeron. Piensan que Hayek dijo lo que no dijo. Que habia que vaciar de todo sentido a lo publico. A lo politico. Negar los conflictos (Ranciere) no hace que éstos no existan. Simplemente cambian de forma. Los transforma en „violencia“, en „inseguridad“. Cambia el lenguaje para no atacar la causa del problema que después, una vez más, se criminaliza. El CELS ya dijo: es la misma receta que ya fracasó. No podemos „cambiar“ si aplicamos siempre lo mismo. Siempre la misma „receta“ contra la inseguridad. La pobreza, la desigualdad, como dijo Locke, son violencia. Y generan violencia. Y la violencia no se tolera, se resiste. Arrojar a miles de argentinos a la pobreza no es „alegre“ y no es una apuesta por la „paz“ ni por la „unidad“ de los argentinos, mientras del otro lado unos pocos se refugian, como en la foto de presentación, en un „jardín“ (apolítico, epicureo, etc). Es una apuesta marketinera, sonriente, complaciente, labil, frágil, por la barbarie generalizada, como con el recorte de ciencia y educación. Dos caras de una misma moneda. Se busca generar un pueblo autista, anómico, tele-espectador, con cada vez menos „cultura“ y menos „palabra“, menos ciencia y menos derechos, sin capacidad de critica, sin conciencia. Un pueblo incapaz de reaccionar y defender sus derechos. Un pueblo pasivo. Espectador. Que sigue el dictado del marketing. Que hace lo que le indica la publicidad, „llama por teléfóno“, vota, espera el „timbreo“ en su casa, o el llamado de Susana. De la Rua apostó por eso. Tuvo grandes publicitarios a su lado. Bien no le fue. La realidad (la pobreza, el desencanto) termina por imponerse. La política no está, aunque Duran Barba y Rozichtner piensen lo contrario (porque Duran Barba y Rozichnter son dos caras de lo mismo), para promover una „alegria“ zen sin pensamiento („crítico“), sino para hacer al pueblo conciente de sus desafios y de sus derechos. Esos derechos que se niegan como corolario de politicas macroeconómicas equivocadas y parciales, que se naturalizan como „inevitables“ en lugar de discutir, precisamente, su denegado sentido político. La economía es política. No „técnica“. La política no está para prometerle al pueblo que va a ser „alegre“ mientras por atrás se le recortan sus derechos, luego de pagar de modo genuflexo a quienes fueron corresponsables, con sus prácticas predatorias, de la peor crisis vivida por el país. Porque los buitres tienen poder de lobby en organismos internacionales, no están de un lado los bancos y del otro los buitres, son parte de lo mismo. Y privilegiar sus intereses y demandas, es poner de rodillas la soberanía y los intereses nacionales de un pueblo que confió aunque no le informen toda la verdad. Le hagan un fin de año „amable“. Pero engañoso. El marketing es mentir. Es mentirle al electorado. El marketing es el segundo semestre. Una consigna que se instala en el inconciente colectivo: una falsa promesa. La contracara de este fracaso, de esta promesa incumplida, imposible de cumplir, es el blasón de Cristina. Un lenguaje violento que estigmatiza. Que no debate. Que no dialoga. Que no propone. Que no suscita. Que niega todo lo “otro”. Todo otro pensamiento es negro, es “populista”. Su criminalización constante. „mientras exista -esté- Cristina“, titula un periodista, como si la consigna (lo que no queda dicho, como nos enseñó la hermeneutica, que es lo que debemos antes que nada „decir“, poder mostrar, saber leer) fuera que Cristina „deje de existir“. Mientras exista Cristina… la contracara y el metamensaje son el blasón mediático, judicial y político. Mientras exista Cristina…. habrá una „excusa“ constante para mantenernos „unidos“ contra un „enemigo“ común, un chivo expiatorio de nuestros propios fracasos y falsas promesas. La estigmatización es funcional al maniqueismo, que redunda en la negación de todo debate. Hoy en la Argentina no se debate. Esto preanuncia conflicto y decadencia cultural. Menos ciencia. Menos inversiones. Menos educación. Menos desarrollo. Menos cultura. menos política. Dirigentes cada vez mas „dependientes“ del marketing y la imagen que del pensamiento capacitado y conciente, comprometido y critico. Mas importante que „meterla presa“ es perseguirla constantemente. Machacar. Agrandar la herida. Dividir. Los que dicen que no estaban dividiendo. Los que venían a „unir“. Mientras exista Cristina… A veces las palabras dicen mas de lo que en principio parecen estar diciendo. Hay frases que resumen muy bien, por lo que proponen (y por el historial de determinadas tribunas) una linea de pensamiento. No lo podemos dejar pasar. En Argentina es importante que puedan „existir“ todos los idearios. Todas las ideas. Todas las personas. La condición de la democracia, Pagni, no puede ser la desaparición de nadie. Ni de Videla. De ninguna persona. Su „mientras exista“ está mal usado. Y lo que sugiere su lenguaje, es incompatible –porque también el lenguaje puede ser incompatible- con una democracia. en vez de „perseguir“ y encerrar disidentes, hay que animarse a debatir. A abrir las tribunas que hoy permanecen, con las consecuencias evidentes (la decadencia en el nivel de formación de nuestros dirigentes, de nuestra „dirigencia“), cerradas a todo debate. A toda idea nueva. A toda renovación y a toda crítica. Hay que elegir: o marketing o cultura. persecución de disidentes, presos políticos (mientras se hace marketing blanco, piel negra, mascaras blancas, encerrando todo lo „negro“, a todas las Sala, mientras nos convencemos de que somos lo que no somos: un pais „blanco“), o deliberación política en serio. La democracia argentina necesita un cambio político. Una deliberación política profunda. Crítica. Renovada. Que parta de la formación civil. De la educación del pueblo. La misión de todo gobierno, decía Goethe, y no se equivocaba, es educar. Educar. No estigmatizar. Debatir. No negar a los otros. La democracia argentina necesita una nueva dirigencia. Una nueva cultura. Un nuevo debate. Una nueva poesía. Un nuevo periodismo. La inmensa mayoría de los políticos argentinos no representan un cambio. El cambio se puede dar y se va a dar desde la cultura. desde la palabra conciente, diferencia del marketing vacío y sus „imágenes“ poco reales. Photoshopeadas. Sin trasfondo concreto. Sin ideario. Puro slogan sin compromiso y sin pensamiento. Darle contenido real a la palabra, darle “sentido” a la palabra, es darle “sentido” a la cultura, darle espacio al debate verdadero, es más que suficiente para hacer una „revolución“ en Argentina. Es darle sentido a la democracia. Una revolución cultural. Ética. Educativa. Proponer más que posponer (cosa que hace el marketing) un ideario concreto. El marketing es la antítesis de la política. Pero también es la antítesis (en la medida en que oculta y nos niega el verdadero proceso de toma de decisiones, que apela al marketing para distraer nuestra mirada, nuestra atención y nuestro interés) de la democracia. menos marketing es, pues, más democracia. mas politica. Mas cultura. mas ciencia. Mas desarrollo. Mas palabra. mas realidad. Menos photoshop. Vease la película La Zona, mexicana. Así termina el marketing (político): construyendo muros. No palabra. No ideas. No participación. No democracia. el jardín de epicuro. El privilegiado „retiro“ al jardin privado ante la crisis de la „polis“. El repliegue en lo privado, el abandono de todo lo que sea „publico“ y „politico“. El abandono del otro. De toda „otredad“. Nuestro pobre individualismo. El jardín de Epicuro (la foto de Macri con sus ministros en un jardín) no es casual, es el „modelo“ estudiado (Barthes) del „verano“ epicureo (HSBC) y político. Es la negación semántica y semiótica del compromiso, es el placer „hedonista“, y anti político. Pero esta ideología negadora del Estado (enemigo elefante, liberalismo decimonónico, siglo XIX, la amenaza a la libertad no proviene ya de la “presencia” del Estado, es al revés, como muestra Owen Fiss, entre otros, el individualismo que habla del “cepo” y asimila la pasada administración a una “dictadura” frente a la cual se monto una campana del estilo del “no” en Chile, aduciendo que “la alegría ya viene…”) cercada individualista termina consagrando el privilegio. Termina construyendo muros. No palabra. Muros. No democracia. Muros. No derechos. No „otros“ con derechos. Sino negros encarcelados incultos. Grasas que „sobran“. Ese lenguaje despectivo y anti „negro“ es la contracara (real) del marketing (vacío). Es la verdad que se esconde. Que no se quiere decir. Pero se piensa. Grasas y negros que „sobran“. Piel Negra. Mascaras blancas. De supuesta „cultura“. Al Pacino. El colon. Depardieu. No Milagro Sala: ella es demasiado „negra“, demasiado „pobre“, demasiado india, demasiado „inculta“. Por eso –y solo por eso- Milagro Sala está presa. Porque ella representa (con su negrura, Césaire, con su „negritud“ en todo aspecto) lo que este modelo demasiado „blanco“ viene a proponer como „inversiones“, como „desarrollo“. Como „democracia“. El Jardín de Epicuro. No un „country“ para los negros. El teatro colon. „Blancura“. „Democracia“. Marketing blanco. Un país „blanco“. Que se quiere y se suena lo que no es. Estados Unidos. La visita de Obama. Ser lo que no somos. Un país „blanco“, con una cultura „blanca“. No un país con (que arrasó y aun arrasada y encierra a sus) indios „negros“ e „incultos“. La conquista del desierto (con sus eufemismos y negaciones, con su „pacificación“ y „unidad“) todavía sigue. Con su „progreso“ blanco. Con su historia „sin fisuras“. „Completa“. Todorov. Hay que volver a usar bien las palabras. Una cosa es “salir de un default”. Otra es poner a un país de rodillas, llegando a un “acuerdo” genuflexo en una deuda cuestionada por personas como Alterini, lejanas al ideario peronista o progresista, pero juristas civilistas sabedores de los sótanos infames (jamas nombrados por la “justicia”) que actúan en las “finanzas”. No podemos ceder ni entregar todo el lenguaje. Hay que usar bien la palabra. Llamar a las cosas por su nombre. No se “salió del default”, como dice Dujovne. Se concedió y cedió en una política que preservaba, ante todo, la soberanía del país. Que es muy distinto.

Tenemos una sociedad muy dañada por lo que le tocó vivir. Lo menos que podemos hacer como abogados es ser justos con nuestro pasado. Diciendo las cosas. No callando.

El blasón / Cantar la Palinodia

El blasón

Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“.

Que el mismo juez que liberó de toda responsabilidad, sin siquiera citar a indagatoria a los presuntos responsables de una adquisición polémica, en plena dictadura, de una empresa destinada nada menos que a los diarios, que fueron cómplices sistemáticos (no por accidente) del silenciamiento constante (no casual) sobre lo ocurrido en el Proceso, (sin cuyo silencio hubiera sido impensable la dimensión de los crímenes ocurridos, denunciados no por la prensa, que callaba su declamado „deber de informar“, pero sí por personas valientes como Rodolfo Walsh, o hasta el mismo Vargas Llosa) por la infame adquisición de papel prensa (1976) procese sin pruebas a la ex presidenta (que llevó adelante aquella política de derechos humanos, que nunca contó con el aval abroquelado de los jueces, cuyo silenciamiento y falta de predisposición a investigar ciertos crímenes de empresarios durante el Proceso también debería ser investigada, y repensada, como afirma  Juan Pablo Bohoslavsky, en su libro Cuentas Pendientes, editado por Siglo XXI) no configura sino una prueba más del desequilibrio y la doble vara (en desmedro de la política, en favor de los empresarios, es decir, en favor del poder real) que aqueja, en esas latitudes, a la democracia republicana. El poder formal puede ser juzgado: el poder real no. Las cárceles no están hechas, dice Loic Waquant, que visitó el país, para el guante blanco. (Whitecollar crime) No fueron pensadas para eso. La cárcel está pensada para los „negros“, para los pobres, críticos del poder de turno. No para sus servidores. Para todos los Sala. Para todos los „negros“ „grasas“ que „sobran“. „Incultos“. Para ellos. No para „nosotros“. La justicia está llena de huestes de funcionarios sin formación, huestes predispuestas en todo momento a servir –replicando una moda, que en este caso se llama „neoconstitucionalismo“- al poder político de turno. Son los mismos que declaman –como la prensa que fue cómplice del Proceso- la supuesta „independencia“ de su palabra. Dime de que alardeas, y te diré de que careces: independencia e imparcialidad. Dos supremas y valiosas palabras. Muchos se han abusado de ellas. Cortázar decía que las palabras pueden llegar a cansarse. Estas dos („independencia“, e „imparcialidad“) ya se han cansado. Hay que renovar el pensamiento político. Deber de informar a los argentinos. Ese deber necesita(ba) ser asumido, es cierto, pero con otras manos. Con otro nivel moral de compromiso, no con periodistas (muchos, casi todos) manchados por la complicidad criminal durante el Proceso, habiendo escrito muchos en medios de Massera, tribunas cómplices en muchos casos, habiendo ido a reuniones con Videla, etc. („Pero usted le dio la mano a Videla“, preguntó Osvaldo Quiroga, en una frase contundente, hay muchos que le „dieron la mano“ a Videla, no solo Reato) Con otros agentes. Los diarios como La Nación pueden ser –si así lo deciden- genuinos medios de la democracia. Pueden hacerlo. Depende de ellos. Pero para eso primero deben dar un paso –duro, nadie dice que sea fácil-, como el que dio la Red O Globo en Brasil: asumir su responsabilidad histórica durante el Proceso. Pueden hacerlo. Deberían hacerlo. Sería bueno para la democracia y la República y la política y el debate político que lo hagan. Sería una forma de comenzar por fin una nueva etapa, en vez de seguir negando. El negacionismo se expande. La reconciliación, como dijo Jaspers, se puede y se debe dar en la verdad. (Die Schuldfrage. Zur politischen Haftung Deutschlands, Piper, Berlin Verlag, 1998) No en la negación del pasado. La impunidad no puede ser la base de ningún Estado de Derecho que se precie. Los juicios de lesa humanidad son la nueva base, el nuevo sostén ético, de esta democracia, que solo a través de estos juicios se pudo recuperar de la crisis de representación política del 2001. La política recuperó (y la justicia recuperó) a partir de estos juicios, un poco (un poquito) de su antigua credibilidad. Una credibilidad perdida. (Nazareno, etc.) Papel prensa es un caso grave, serio, por su dimensión simbólica, de complicidad con la dictadura de quienes debían informar los crímenes aberrantes de la misma dictadura. Y no lo hicieron. Pero en lugar de informarlos, mientras recibían el „papel“, los callaban. Hay tapas de aquella época que (aunque lo quisiéramos) no mienten. Están en cualquier hemeroteca del país. Solo hace falta desplazarse, ir a verlo. Están las tapas. Están. También está el obelisco de Pan Dulce. Todo esto está. Estuvo. Sucedió. No es un juego cuando los medios implicados en la causa –que como todo, debe probarse- eran a su vez los agentes esenciales de la información pública. (los angostos canales por los cuales transita el debate de nuestra democracia, son canales en cierto sentido implicados, no limpios) Allí está el problema no solo jurídico, sino también ético y moral, que Ercolini no pondera adecuadamente, confunde, o se presta, naturalmente, al verdadero poder (que lo juzga a él mismo en esas páginas, como un juez neoconstitucionalista, realista, que habla en nombre del „espíritu“ de una norma, va a poner en tela de juicio el „mismo lenguaje“ cultural –la misma cultura- que lo nombra a él en esas páginas? Hace falta mucho valor, mucho coraje, para eso. Mucho coraje civil. Este es el dilema irresuelto del realismo jurídico desde tiempos de Holmes, de Hägerström en Suecia. Entendemos a Ercolini, no es difícil de ver el dilema en que está inmerso el juez (como todo hombre de leyes): ser „realista“ es juzgar el lenguaje que nos nombra a nosotros, que nos designa, (editoriales, „doctrina“, etc) que nombra todo, y que, en consecuencia, no puede ser juzgado. Ese lenguaje es nuestra misma “cultura”. Hace falta mucho valor para ponerse “enfrente” (o frente a) todo esto. No es fácil y no es gratis tocar ciertos intereses. Desenmascarar ciertos actores, ciertos intereses, ciertos lobbys, (solicitadas en el FAZ alemán calificando a nuestra presidenta no de “yegua” pero de cosas no muy distintas, en un lenguaje no menos procaz, que podía leerse en los aviones rumbo a Frankfurt) cuyos negocio es el silencio. (Una película alemana para ver, además de Colonia Dignidad, y nada es casual, no es casual que el ex nazi, abusador de menores, Paul Schäfer haya sido detenido en Argentina, no en Chile, no en Alemania, sino en Argentina en 2005, cuando nuestra justicia decidió por fin avanzar en otro camino: los DDHH; no es casual que nuestro país haya apresado a Paul Schäfer, no fue un accidente, aunque a veces no todo haya sido aun debidamente valorado; Im Labyrinth des Schweigens. Lo que calla el Derecho. Lo q calla la justicia. A los abogados y jueces nos enseñan a estar callados. A no hablar. A no incomodar con argumentos.) Tomas Bernhard. Rimbaud, solo grandes valores hacen cosas así. Talentos excepcionales. Políticos genuinos, también. El lenguaje que juzgamos (los medios) nos hace ser lo que somos, porque muchos se guían por ello para „conocernos“. Para juzgarnos. Los medios „nombran“. Construyen realidad. No es un juego. Si lo hiciera, dejaría de ser juez „independiente“, para siempre, seria el también estigmatizado. Y no quiere. Quiere „hacer carrera“. La “carrera” es la gran responsable de la prostitución de la justicia y los jueces, decía Guzmán Tapia en su libro Memorias del fin del mundo, el juez que procesó a Pinochet. Necesitamos menos jueces dispuestos a “hacer carrera” y más jueces dispuestos a “hacer justicia”. (Menos abogados burócratas, dispuestos a todo con tal de cobrar un “honorario” y más abogados-poetas, esto es: más hombres justos, menos “guardianes” de la ley, y más derecho) Pero seria, paradójicamente, si lo hiciera, si tuviera el valor de hacerlo, verdaderamente „independiente“. Su carrera estaría terminada, por supuesto, en un segundo. Y lo sabe. Pero hubiera sido, por un momento al menos, „independiente“. Valiente. Crítico. La vida está hecha de esos pocos momentos, donde se define si uno „es“ o no „es“ (hombre, valiente, comprometido, etc). Como Hamlet. todo se reduce a eso: ser o no ser. Guzmán Tapia dice que es el momento en que Siddhartha sale del palacio y ve con sus propios ojos. Cuando uno se topa con su deber moral. Borges dice que a todo hombre le llega ese momento. Una cosa es parecer „independiente“, hacer lo que los duenos de la palabra y la cultura argentina (Sabato descorchando champagne mientras lloran sus mucamas al final del living… Jauretche remarcando esto con valentía moral) nombran como „independencia“ (Sabato viendo llorar a sus mucamas de repente „descubre“ algo, no?) y la otra es „serlo“ de verdad, estimado Ercolini. Ser de verdad „independiente“ cuesta mucho, cuesta muchísimo: cuesta horrores. Lo comprendo. No lo defiendo. Al contrario. Me apena que esto sea nuestra “justicia” “independiente”. Pienso en la „independencia“ de quienes se atrevieron en serio (no como nuestra justicia „independiente“, no como nuestra prensa „independiente“) a enfrentar las cosas, a riesgo de su propia vida, al Proceso. Al poder. Pienso en Rodolfo Walsh. Pienso en Harald Edeltsam. Pienso en ese gran hombre que es Juan Guzmán Tapia, nuestro amigo y también poeta e hijo de poetas chileno. Pienso que la verdadera „independencia“ a veces está lejos de lo que los medios denominan y celebran como tal, como „independencia“, „independiente“. Las Abuelas eran viejas y locas. No mujeres comprometidas. Muchas veces es lo contrario. Tan complejo es el asunto. Hay que pensar. Son tantos los juegos de prestidigitación que nos ponen, que abroquelan y desdibujan nuestro lenguaje, nuestro camino y nuestra cultura. Hay un mago Cipolla, como el de Thomas Mann, en Mario y el Mago, en cada acto. Necesitamos renovar nuestra cultura. Lo necesitamos de verdad. Nuestra cultura, nuestra prensa, nuestra justicia, nuestra política! (nuestras “ideas”) están AGOTADAS.

Ser independiente es dar un paso difícil, que a veces nos deja muy solos. Es ser crítico, original, valiente. No repetir: pensar. Por eso Guzman Tapia nos dijo en Chile, que él se sintió „muy solo“. Ese fue el precio de ejercer, en un Chile conservador, con medios críticos cómplices, su „independencia“. La independencia es la extrema (valiente) soledad. Ese es el “no pobre” individualismo, para seguir a Borges, aunque los argentinos preferimos el otro, el pobre individualismo. La negación del Estado. Procesar a Pinochet fue ser „independiente“. No cómplice de la prensa „independiente“, amiga del dictador. (aun hoy en día). Tuvo que dar ese paso. Tuvo que arriesgarse. Eso es ser „independiente“.Hay muchos jueces valientes. Pero pocos se atreven a dar el salto a la valentía. porque trae soledad. Guzmán se sintió solo. Edelstam se sintió solo. Probablemente Alfonsín, gran hombre, también se sintió así. Sobretodo al final de su mandato, cuando los cómplices de todo lo dejaron solo. Solo a él. Es así. Así funciona el poder.

Necesitamos una nueva democracia. Nuevos poderes. Nuevos debates. Puede ser que un juez –poco imparcial- sobresee a todos los imputados. Lo que no los va a „sobreseer“ es su propia conciencia. Y sin la conciencia limpia, cómo informar? Cómo se construye esa „información“? (esa justicia) en una democracia. No se puede ser juez y parte. El juez investiga y procesa, pero como todo realista, lo hace desde un determinado lenguaje, que construye una determinada conciencia/cultura, idiosincracia, expectativas y enfoques (“cultura”). Ese „lenguaje“, sin embargo, realista, es el lenguaje que construyen esos mismos medios, cuya „responsabilidad“, naturalmente, el propio juez, no puede ver. A menos que agudice su inteligencia y su mirada. Hayden White. La reconstrucción de los hechos demanda talento, más cuando hablamos de hechos cuyas pruebas (Lynn Hunt) fueron desaparecidos adrede, con complicidad (falta de pruebas) de quienes debían informar y no lo hicieron: esto fue también „entorpecer“ el proceso, pero en ese caso, a diferencia de Sala, nadie dictó jamás prisión preventiva alguna. Al contrario. Ni siquiera fueron llamados a declarar. Doble vara. Doble discurso. Doble moral. No es que „desaparecieron“ porque sí, senor juez. Las pruebas desaparecen y desaparecieron por algo. Porque había una estructura (de la que la entrega de Papel Prensa fue parte necesaria, de tan obvio que parece, lo sorprendente es no verlo, negarlo) destinada a que no se informara, no se supiera, se callara (se ejerciera la libertad de prensa con „responsabilidad“, como dijo Videla en el acto con los directivos de medios hegemónicos) lo que estaba pasando. Esa es la „responsabilidad“ que el juez debería estar analizando. La „responsabilidad“ que nada menos que el día de entrega de Papel Prensa menciona, como una condición, delante de todos los procesados, nada menos que Videla. (cuando Videla dijo „las parturientas usaban a sus hijos como escudos humanos al momento de combatir“, se estaba auto-incriminando desde el lenguaje, ya que una mujer „parturienta“, atada a una cama, no „combate“, no puede „combatir“, salvo que por „combatir“ se entienda estar vivas, resistiendo el vejamen, la tortura, pero con esa frase, como dije en su momento y la cámara lo tomo expresamente, el dictador reconoce semánticamente que esperaban que los hijos –”escudos”- nacieran, para que, terminado el „combate“, poder matarlas: el lenguaje dice, senor juez, dice mucho, autoincrimina, hay que aprender a mirarlo, a leer entre lineas, hay que aprender a ver lo que no queda dicho, Gadamer, hermenéutica, „objetividad“, etc.) Aun hay mucho que aprender. La cámara tomó nuestro razonamiento. Fue un paso. Pero el juez entiende que sin embargo no hace falta, en casi una década, llamar siquiera a declarar a los imputados en este otro. Curioso. Al mismo tiempo procesa a la ex presidenta cuyo esposo mandó descolgar el cuadro de Videla (que seguía colgado) e impulsó los juicios de DDHH y lo hace en medio de un momento sensible para el gobierno, cuando sus políticas que parecían orientadas, comienzan, con la abrupta salida de Prat Gay, a desdibujarse. A resquebrajarse. A caer. El procesamiento de la ex presidenta es un blasón, un golpe de efecto más. Una forma burda de distraer la atención, un „circo“ más, mientras se recortan la ciencia, los derechos humanos, y se cuestiona el valor „negativo“ del „pensamiento“ crítico. Curioso.

La pérdida de espacio de la doctrina de „pesos y contrapesos“ (una doctrina en crisis, por lo cual el Congreso es una escribania y el presidente, ex titular de múltiples sociedades offshore -literalmente “en el mar, alejado de la costa”- en las Islas Bahamas, que hizo campana ponderando el „regreso de la institucionalidad“ a la Argentina (basta leer el valioso informe crítico del Süddeutsche Zeitung , de lo mejor de Alemania en prensa gráfica), se solaza vetando leyes del Congreso o agregando al polémico blanqueamiento de capitales a sus propios amigos y parientes de funcionarios, algo expresamente prohibido por la norma y que no nos posiciona bien ante organismos antilavado) ha permitido, en las últimas décadas, que los jueces avancen sobre decisiones políticas, privativas de la administración, confundiendo el control de las mismas, con la evaluación „política“ e ideológica de los actos que incumben a cada gobierno, a la administración del Estado, con los cuales se puede diferir, pero eso no los hace „ilegítimos“ (como si la evasión fiscal o el lavado de dinero). Este es un debate conocido del Derecho Administrativo. Esta „confusión“ borrosa (avanzar sobre la discrecionalidad de la Administración Pública) no es casual y muchos jueces, acólitos del neoconstitucionalismo, no la ignoran. La aprovechan, entre otras cosas porque el gran publico desconoce, por complejos, estos mecanismos (que la prensa no informa, en propio interés, a veces „informar“ pone a la prensa ante un conflicto serio de interes). Ser un „jurista del pueblo“, como alguna vez nos propusimos con Julián Axat, a pedido de Duhalde, es precisamente esto. Todo tiene su precio. Tratar de poner al alcance del pueblo herramientas de analisis crítico (algo que no se promueve ni celebra desde el gobierno: la capacidad de crítica del pueblo, su capacidad de juicio, su nivel de conciencia y de pensamiento, porque un pueblo „crítico“ es un pueblo conciente y libre, sin venda en sus ojos, que no resigna sus derechos, los defiende) ligeramente más sutiles que las que le provee, interesamente, la prensa. La Gaceta de Buenos Aires, esa prensa escrita por el gran Mariano Moreno, genuino abogado y periodista, nuestro modelo. Hombres como él nos hacen mucha falta. Por algo los bancos y grandes empresas (que muchas veces financian viajes a jueces de Congresos, como Guarinoni y tantos otros) „publicitan“ en esas paginas y no en otras. Porque la prensa sabe muy bien donde esta –dónde le sitúan- el „limite“ a su declamado pero jamás cumplido „deber de informar“ a la sociedad. Poner nuestro saber del lado de quienes más lo necesitan. Ser „chicos bien“ a favor del pueblo. No complices de otro saqueo al patrimonio y a nuestra cultura. De aquellos que ni siquiera imagen qué es un derecho, Que pueden pagar un buen abogado. O el mejor abogado. Que a veces no saben lo que es un Derecho. De ese lado estamos, como la „chica bien“ de San Isiddrio, que defiende a la „negra“ de Milagro Sala. Chicos „bien“. Otra jurista popular. Juristas del lado del pueblo siempre. No servidores genuflexos del poder (interno e internacional), como Ercolini, que rapidamente procesa a la ex presidenta –como des procesa a los complices del Proceso y a quienes se beneficiaron, en claro conflicto de interes, con la causa del dolar futuro, decidiendo, como especuladores en la bolsa, sobre su propio patrimonio, Aranguren es otro ejemplo- por pedido expreso del poder politico, que debe „tapar“ urgentemente el desasosiego economico que revela la salida de Prat Gay, (cuyo mejor comentario hizo Tinelli) para distraer la atención del gran publico. No quieren un pueblo conciente, porque un pueblo conciente y critico es un pueblo libre que defiende con unas y dientes sus derechos, no los resigna. La ciencia no es cara, caro son los globos, dijo muy bien un joven investigador del CONICET durante la protesta. Caros son los globos. Pero la imagen de Cristina no puede funcionar como un blasón constante de los fracasos ajenos ni de la falta de resultados concretos en materia económica, cuyo vacio es elocuente, aunque era previsible. Basta imaginar lo que hubiera sucedido si hubiera sido la ex presidenta o su entorno directo la titular de sociedades off shore en paraisos fiscales, en las Bahamas. (y esto no significa avalar ningun acto de corrupción, muy por el contrario) Basta imaginarlo. Puede imaginarse para entender la doble vara, la doble moral, que inspira no solo a la prensa, sino a todo el ejercicio del poder del Estado, incluyendo a la justicia, que calló durante el Proceso crimenes aberrantes, pero también elige –muy bien- en democracia, sobre quien hace recaer su peso. Y sobre quienes no. Ingenio Ledesma, noche del apagón, noche de los lápices, noches de las corbatas. Nuestra historia está llena de noches oscuras. Llena de oscuridad, que lentamente intentamos „clarear“. Muy de a poco. Arendt. Hombres en tiempos de oscuridad. Eso somos. Porque las cárceles están llenas de pobres, solamente. De reclamos sordos pero justos, que nadie atiende. (Al punto que pareceria casi un „privilegio“, un „honor“ que esta justicia tan selectiva y complice en tantos aspectos, siempre del lado del poder, nos meta, en una sociedad tan injusta y desigualitaria, como a Henry Thoreau, presos: porque estar –ser- „libre“ en esta sociedad selectiva y desigualitaria, puede ser mas grave que estar entre rejas, es al menos estar en una verdad, como diria Victoria Ocampo, la mentira es llamar a esto „libertad“, a esta pobreza, revolviendo los chicos bolsa de basura, mientras quienes mandan a esos nenes a comer de la basura son celebrados como estar en el „mundo“, mientras se le paga a Singer recortar el CONICET, ser „libres“. La libertad pasa por la defensa real de la soberanía del país, por defender en serio, no como ahora, los verdaderos intereses del Estado). No es un demerito –como no lo fue en dictadura- estar „preso“. El demerito es callarse la boca ante una injusticia extrema (celebrar una luna de miel en venecia mientras el pueblo de Salta pasa hambre, poner eso en las paginas como si eso fuera „informar“, informacion, y no vano espectáculo para la clase acomodada, eso no es „información“) o ser funcional a la mentira, el recorte en ciencia y en derechos humanos, el aumento de la pobreza, el desempleo. Y la desigualdad. El entreguismo tapado con espectáculos. Que no se tapan. Hay que hacerlos tapa. Un nueva politica empieza por promover lo que hoy los medios no promueven sino callan, siendo complices de la decadencia cultural del pais: un nuevo lenguaje. Una nueva cultura. una nueva palabra. una nueva voz. un nuevo derecho. Hay que educar al soberano, los medios pueden ser agentes del progreso, pero primero deben hacer, para ser cada día mas creibles, una profunda y honesta autocrítica. Hay que educar para la libertad. Dilma, Lula, han padecido en Brasil, Lugo en Paraguay, ni hablar de Honduras, lo que parte del gobierno anterior padece en el pais. Una persecución ideológica, que emplea herramientas que antes tenian un contrapeso ético, que hoy, vaciados por la cultura mediática, ya no tienen. El Derecho ha caido en un peligroso juego de prestidigitación, donde la culpabilidad la deciden los medios, no ya los jueces, (esto es el linchamiento, esto y no otra cosa es la estigmatización del marketing, el „enemigo del pueblo“, etc) como muy bien le advirtió al presidente (y al gobernador de Jujuy) José Miguel Vivanco, titular de Human Rights Watch (HRW). Hay que tapar. Hay que tapar los desastres economicos, la falta de resultados, la presión por Sala, el caso del CONICET, „tapemos“: y para Tapar parece que los asesores encontraron un solo camino: Cristina procesada. Cristina presa. Cristina chivo expiatorio. De todo. La justicia no se puede plebiscitar, pero muchos jueces realistas, de tendencia neoconstitucionalista, impugnan el „garantismo“, que, como recuerda Luigi Ferrajoli en Italia, es el que más se acerca (al no alejarse del positivismo jurídico) al respeto estricto del principio de legalidad, el Estado de Derecho y la división de poderes. Hoy el debate está planteado entre neoconstitucionalistas (no positivistas, que revisitan en nuevos términos la tensión entre Moral y Derecho, promoviendo el activismo de los jueces, afectando la legalidad y la divisón de poderes, siempre en nombre, como en dictadura, de la „república“ y la constitución., etc, y el gatantismo, metodológicamente positivista, que, como quiere Ferrajoli, se adhiere al principio de legalidad y a la division de poderes de modo estricto, que no „interpreta“ el „esspíritu“ de las normas. Ercolini no es Montesquieu, tampoco Bonadio, ni Oyarbide, nuestros jueces, en la inmensa mayoria de los casos, carecen de formacion crítica, y por eso son funcionales. No es maldad, es directamente ignorancia. Es „creer“, repitiendo la agenda que marcan muchos medios, que son realmente „independientes“, (porque los mandantes les dicen eso, si hace lo que nosotros le pedimos, „es independiente“, en caso contrario, no… y todo porque somos los duenos de la palabra, los duenos de la cultura, que siempre fue antiperonista, como Borges, etc.), cuando no lo son, pero tampoco tienen las herramientas para verlo. Hace falta una nueva independencia en la justicia, una independencia etica, politica, pero también conceptual, economica, financiera, de los lazos del „lobby“ en todas sus formas. Un poder politico independente en serio, no servil de intereses financieros extranjeros que siempre, sin excepción, han vaciado, con complicidades locales (pienso en el Motín de Alzaga) nuestro pais. Necesitamos una nueva justicia, qué duda cabe. Una nueva cultura jurídica y judicial. Necesitamos jovenes abogados formados con compromiso civil, dispuestos no a ceder a intereses, presiones, „honorarios“, jueces y juristas jovenes dispuestos, como dijimos con Axat, a „sacar la venda“ de los ojos. A jugarse por el pueblo argentino. El neoconstitucionalismo –realista- está generando confusiones doctrionarias que están vaciando nuestra justicia, llevando a los jueces a asumir un rol mediático y político (activista) para el cual no fueron ni están preparados. No puede un juez ser una estrella mediática, el juez deberia ser „estrella“ por hacer visible la pobreza, la injusticia, la desigualdd imperante, el estado ominoso de nuestras cárceles, las penurias que alli se suceden a diario, carceles que nos on „ni sanas ni limpias“ como proclama impunemente, sin que estos jueces se inmuten, nuestra Constitución. Por que nadie se inmuta por eso? Porque en la cárceles están solo los pobres. Los que no tienen palabra. los que no llegan con su voz a los medios. Los que no importan. Hay que defender a esas personas, que no tienen dinero para nada. Menos para un abogado. La opcion es Burlando, Stinfale, o ser un jurista que pone el saber del lado del pueblo. La educacion publica del pais, que nos formó en la excelencia, nos comprometió con nuestro pueblo. Todavía me acuerdo incluso de ese hombre sensible que fue Garcia Hamilton, con quien coincidamos en poco, pero con quien pasabamos horas debatiendo en Modena, frente a la facultad de Derecho, cuando el ya estaba enfermo. Hay un punto donde todos, independienemente de su ideologia, coinciden: en la necesidad de ser más sinceros, más transparentes, más formados. El neoconstitucionalismo, no positivista, al no separar de modo tajante moral de derecho, le otorga a cada juez un ardid retórico que conculca la división tajante de poderes políticos. Le hace creer a cada juez que puede ser un intérptete „puro“ de cada norma. Le hace creer a cada juez que puede ser un salvador y no un tercero imparcial. El neoconstitucionalismo no está de moda en Latinoamerica por casualidad. Está de moda por algo. Sus mecanismos son complejos y deben ser explicados. La doctrina debe dejar de callar. Debe poner al servicio del pueblo las herramientas y conceptos que hoy se le niegan, „por su propio bien“. No hay que „tutelar“ a los pobres, hay que brindarle mejores herramientas para que ejerzan por sí mismos su defensa y sus derechos. Para ocultar lo que de verdad pasa „detrás del escenario“: una crisis economica. La crisis economica no se „heredó“. Se produjo. La realidad choca mucho con las „promesas“. Cristina (presa) es el blasón máximo del marketing distractivo. Pero también el último. Después queda un solo camino. Asumir la realidad. El marketing puede tapar un tiempo. Sirve para ganar tiempo. Pero no todo. Creemos en la necesidad de convertirnos en juristas populares. En la necesidad de crear un nuevo lenguaje que reivindique los derechos humanos en toda su extensión „operativa“. No creemos en esta justicia que dice que los derechos económicos y sociales (DESC) no son „justiciables“ porque no hay „recursos“. Que sí hay para pagarle una deuda infame a Singer. La plata está para los derechos, no para los acreedores de una deuda jurídicamente (y moralmente) muy discutible. Una nueva cultura. Una nueva justicia. No en juristas de la Academia, cómplices serviles del poder. Atilio Alterini, que no era de izquierda, escribió con valentía sobre la infamia criminal de la deuda („nuestra“ deuda) externa que este gobierno convalidó de modo genuflexo y perentorio (no se sabe a cambio de qué „lluvia“ de „inversiones“ que jamás llegaron), en desmedro de los intereses de todos los argentinos, con enorme responsabilidad judicial que por el momento ningun juez investiga. Los jueces deben empezar a investigar al poder en serio, ser independientes de verdad. No ser más serviles. Usar ese activismo, cuya puerta les brinda el neoconstitucionalismo, para hacer justicia de verdad. No más juegos de prestidigitación. Necesitamos un estriberón en nuestra cultura. Un estriberón en nuestra palabra. necesitamos una justicia nueva. Nuevos jueces. Valientes en serio. Firmes. Decididos a saber que la verdadera corrupción, que se expande con sobornos por la administración, pero también por la Justicia, es la corrupción privada, que nunca se investiga ni se nombra. Se calla. Estamos ante un paso dificil. Pero necesario y real. Necesitamos una justicia y una prensa capaz de „cantar la palinodia“, como decían los espanoles en la edad media. (y tambien le dijo este modesto servidor al vocero de Lavagna en su momento, creemos en la necesidad de „elevar“ el debate, „elevar“ el lenguaje cultural y político, en ese momento nos topamos con la sonrisa dle vocero de Lavagna, que nos bautizó „palinodia“ por los pasillos, hoy, a la distancia, queremos decirle a ese vocero –justo es decir que Nielsen siempre me defendió ante Torres- que „palinodia“ a mucha honra, Armando Torres, a mucha honra, a una decada, nos vemos como „palinodia“) El pais necesita, si, cantar la palinodia, como le propusimos al minisitro en su momento, y que por falta de „acuerdo“ con el „extremo nivel cultural“ de la nota, no se leyó. Porque el pueblo, segun decian, necesita „cosas simples“. „Entendibles“. Nosotros no subestimamos al pueblo. No tomamos al pueblo por idiota. Lo dije en su momento, al vocero de Lavagna, a quien valoro y mucho, y lo repito: estaba bien que la nota se llamase „palinodia“. Ese era mi sobrenombre, desde ese dia, a este joven pasante „estrella“, lo llamaban asi en esos pasillos: „ahi viene palinodia, hola palinodia, como estas“. Este abogado, desde Alemania, quiere responderles despues de tantos anos: palinodia a mucha honra. El pueblo merece la verdad. Y tambien „entiende“ lo que es la „cultura“. el pueblo quiere saber. Lo que el pueblo no quiere es que le mientan, que le roben, que le dibujen la realidad, que le den un discurso „masticado“, que le entreguen verdades a medias. Eso no quiere el pueblo. Palinodia, a mucha honra. Todavia recuerdo cuando me decian „palinodia“. Yo ya no era Guido. Habia pasado de ser un „pasante estrella“ a ser „palinodia“. Palinodia era –es- mi nombre. Y hoy lo veo a la distancia, la insistencia que tuve que poner delante de tantos „funcionarios de carrera“, que decían saber mejor que este abogado „patriótico“, funcionarios (algunos “de carrera”), con su gran „experiencia“ lo que era más „conveniente“ para el país. Este tiempo me ha convencido aun mas de que el pueblo no necesita que le „recorten“ la cultura, que decidan por el „lo que el pueblo puede entender“ y lo que no. Por eso vuelvo sobre esto que sucedió en el quinto piso del Mecon por 2006: Cantar la Palinodia. Muchos se rieron en ese momento. Me llamaban pibe „brillante“ pero después me decían „palinodia“ por esa nota. Les daba gracia el titulo, les causaba gracia, acaso, una palabra que desconocían y tal vez aun desconocen. Y uno luchando porque „creía“ (recuerdo el debate en el ascensor con marcos dorados) que había que apostar „por levantar“ el debate cultural argentino, si nadie da ese paso, no se va a dar solo, alguien lo tiene que dar. Pero uno estaba solo. Y era un joven „pasante“ estrella. Nada más que eso. Un pasante. (valoro enormemente a Lavagna y a Nielsen, dos personas de las que aprendí mucho, dos personas que defendieron con pasión al país, que lo defendieron mucho más que lo que se lo defiende ahora, con Nielsen aprendí a leer mejor los diarios, sobretodo la sección económica, las editoriales sin firma, etc. con Nielsen aprendí el sentido de “lo financiero” en los países como Argentina)

Necesitamos un poder judicial que deje de tirar las culpas afuera. Necesitamos una nueva justicia. Nueva en su lenguaje, en su forma, en sus objetivos. En sus intereses. En su „imparcialidad“. En su real –no declamada, sino efectiva, hoy inexistente- independencia. Ser independiente no es hacer lo que quiere siempre el poder economico, que en tanto uno haga lo que quiere, te acarcia como una mascota y te felicita „por portarte bien“ y decir „lo que tenias que decir“. Decir, lo que se dice „palabra“, como diría Celan, es decir lo que NO se puede decir. Ahi se juega todo. No en lo que se „dice“. Sino en lo otro, que se quiere callar.

Artaud… sino el poeta-abogado, como dijimos en Frankfurt, con Roland Spiller, para qué sirve. Y para qué nació. Necesitamos una nueva generación de abogados. Hizo bien Alterini en incorporar después del colapso de 2002 la asignatura „finanzas públicas“ como obligatoria en la carrera de Derecho. Antes no lo era. Ahora sí. Pero los resultados tardan. La conciencia no se forma de la noche a la manana.

Y hasta ahora esta es la pobre visión de la „independencia“ que rige a la justicia. pensar que el único poder frente al cual hay que ser independiente es el poder politico, cuando no es asi. Porque el verdadero poder, como decia Saramago, es el otro. El que verdaderamente –continuamente- (de alli que sea dificil verlo) condiciona a fondo –cada dia- nuestra „independencia“, nuestra cultura, nuestra palabra. Porque de tanto que oradan nuestra conciencia, se confunden con ella. Son ella. Son nuestro lenguaje, nuestro espejo. Por eso es tan importante la critica. La palabra nueva. Un lenguaje nuevo. Esta es la tarea de los juristas populares. (parece „popular“ un término incompatible con „jurista“, uno parece un término „grasa“, „sobrante“, negro“, el otro, un término elegante, académico y „blanco“) Que ponen el Derecho al servicio de quienes más lo necesitan. Senalar con el dedo al verdadero poder, como dijimos. Es la única forma de cambiar algo de verdad, cambiar algo de raíz. Dejar de negar lo que somos, para pretender ser siempre otra cosa, que no nos es dada. Porque no es nuestra cultura, ni nuestra historia. Parar de desplazarnos como hormigas en fila entre las nervaduras de las hojas. Para ver de dónde sale la planta sobre la que caminamos. De dónde crece y para qué. El neoconstitucionalismo comete, aunque Ercolini no lo perciba, una petición de principio y está en su realismo mismo: porque „habla“ el lenguaje (que se cristaliza en su conciencia) que debe juzgar. Habla el lenguaje/cultura que (como la prensa que lo „habla“ y lo „divulga“) debe ser juzgado. Ese es el „cambio“. La palabra. Por eso con Axat apelamos a la poesía. No hay ningún accidente. Servir al pueblo es darle al pueblo otra voz. Cortazar, sacar las alambradas de nuestra cultura, no la voz que le asignan los medios. O la voz que le asignan los jueces. Sino otra voz. la voz de la poesía. Otra palabra. la palabra no mercantil, no la palabra del burócrata, del columnista, del abogado, sino del poeta. la voz de Seamus Heaney, de Paul Celan, de Gelman, de Kavafis. Esa voz hacerla justicia, hacerla cultura, hacerla conciencia, hacerla la carne de nuestra „independencia“. De nosotros mismos. La voz de Juan L. de Gianuzzi, la voz que no se compra y no se puede vender. El poeta no miente. El abogado, sí. El juez necesita ser más poeta, como afirma Martha Nussbaum, valiosa profesora de Chicago. La voz del poeta. De los Neruda. Solo en el poeta –no en la prensa, no en la justicia- está escondida –negada, y perseguida- la voz del pueblo. Esa es la única voz que nos interesa. Nuestro modelo son esos jóvenes: Die Weise Rose. Dos hermanos que dijeron lo que pensaban. Dos hermanos católicos. Capaces de no rendirse. Las seis hojas de la „rosa blanca“ fueron suficientes para incomodar a todo un aparato de difamación y propaganda, y mentira, de prensa complice y jueces serviles. Seis páginas. Dos hermanos cristianos. Coraje y determinación. Confianza y honestidad. Poesía. Eso es la „independencia“. No lo que la prensa „independiente“ y la justicia (complice como la primera de todos los crímenes y silencios del Proceso) declama como tal. Como su „independencia“. Para muchos sectores la palabra „independencia“ tiene otra connotación política: asocian „independencia“ no a „independencia“ sino a estar siempre „en contra“ de los sectores populares. Eso ser „independiente“, ser antipopular. No ser „populista“ (estar en contra de lo „negro“, de la „grasa“ que „sobra“) es ser „independiente“. Esa retórica republicanista, que también adoptó el Proceso (juraron por la constitución) es la que emplean los neoconstitucionalistas (que hablan siempre en nombre de la moral) que conculcan. Nosotros creemos que la „independencia“ es otra cosa. Hay que superar la visión liberal decimonónica que nos hace creer que un juez es „independiente“ si procesa a un peronista y es „cooptado“ si no lo hace. Hay que dejar de creer que los periodistas de los medios autoproclamados „independientes“ son independientes (pienso en tantos ejemplos que no hace falta puntualizar) y que todos aquellos que escribimos desde otro lugar, sin hacer recibido jamas un solo peso de medio de prensa alguno, no lo somos. Estamos „comprados“. Es al revés: comprado es el que recibe en todo caso un sueldo por lo que escribe. No nosotros, que lo hacemos por pura convicción y entrega. Nada mas.Para nosotros la independencia está en el punto exacto donde está la libertad verdadera: escribir gratis. Por el valor de las ideas que uno expresa. A cambio de nada. Ni de dinero ni de cargo alguno. Por la sola convicción de servirle de algún modo a ese único referente: el pueblo argentino. La única „independencia“ que nos guía es la no dependencia material de gobierno alguno. Es no vivir de la política. Para dedicarnos, con entereza, a ella. A diferencia de todos los periodistas „independientes“, que cobran enormes sueldos por escribir lo que escriben (en consecuencia, tienen una „linea“ que respetar, „independientemente“ de lo que piensen o no), nosotros no recibimos nada, tampoco directivas. Y a la vez recibimos todo. Permitimos que nuestra palabra (orientada al otro) se escuche y pueda hacerse valer libremente. Y que la ex presidenta la haga propia, la haga suya. Sin sueldo, mandato, cargo, promesa, interés de ningún tipo. Con transparencia y convicción. Los dos baluartes de la nueva política. Hoy la inmensa mayoría de los políticos y de los jueces carecen de esos dos valores: no tienen transparencia y no tienen grandes convicciones. Las han resignado. Son un focus group. Se creyeron las mentiras del marketing, creyendo que podían hacer política desde allí. Borrando aspectos de una foto. No es así. Hay otra manera de hacer las cosas. Hay otro camino. Otra palabra. Hay que dar un paso por construir una nueva independencia judicial y periodística, basada en la ética. Es un paso difícil, pero es un paso necesario, que hay que dar. Que podemos dar entre todos.

Los Scholl y Probst fueron los primeros en comparecer ante el tribunal, el 22 de febrero de 1943. Se les encontró culpables de traición. Roland Freisler (el Juez Supremo del Tribunal del Pueblo de Alemania) los condenó a morir en la guillotina ese mismo día. Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“.

Los corruptos tienen que estar presos, sean del gobierno que sean, de la tendencia ideológica que fueran (aunque los corruptos, en general, como muchos empresarios, no tienen „ideología“, porque su único afán es el dinero, de allí que la corrupción privada deba ser investigada, como el lavado de dinero, no centrando ni asimilando la corrupción solamente en la actividad del Estado) Con esto no toleramos, ni por un segundo, la corrupción pública, a través de empresas del Estado. (lo que no queremos es asociar „corrupción“ a „política“, como si la „política“ fuera algo „corrupto“ o malo en si, sinónimo de corrupción y no de principios, activismo, ideales, como si lo malo fuera siempre la participación del pueblo, su movilización y su idealismo, sus ganas de cambiar). No queremos tener nada que ver con quienes ponen sus sucias manos en los bolsillos del pueblo, de esos chicos con hambre, de las fotos de Pablo Ernesto Piovano (piel negra, no máscaras blancas, esas imágenes, no otras „recortadas“, donde desaparece la parte que incomoda, la piel) ni con quienes, ayer nomás ministros del oficialismo, hoy no tienen nada que ver con el gobierno que ayer integraban, como Lousteau. Creemos en la renovación política, no en el remake de los mismos de siempre. Desconfiamos, sencillamente, de la imparcialidad y la independencia de una justicia (esta justicia) que calla y ha callado sistemáticamente crímenes muy graves, que hace la vista gorda de delitos gravísimos (noche del apagón, etc), que no dice nada –convalida- deudas usurarias e ilegítimas (Atilio Alterini, nada menos, lo expresó), a la vez que procesa por tipos del Proceso, del fascismo, a la ex presidenta Fernandez, sobre cuyo entorno (funcionariado, no personal) no sabemos ni juzgamos ni decimos nada. Pero sí conocemos el valor de su persona y de su trabajo arduo e incansable, muchas veces novedoso, para defender la soberanía del país. Procesar a quien impugnó en la ONU la especulación criminal de los fondos buitre, a la vez que se les paga a esos fondos de modo genuflexo en la city financiera, parece una inversión de prioridades y una falta de patriotismo, en todo caso, eso es „tradición“ a la patria. Una injusticia. Los procesados deberían ser otros. Los crímenes verdaderamente atroces para el pueblo, que tanto dano le han hecho a la sociedad argentina, aunque no son crímenes visibles (los crímenes financieros, como dice Wolfang Naucke en Alemania, difícilmente se perciban como „crímenes políticos, no hay herramientas para hacerlos visibles) pero sin embargo son los crímenes „más peligrosos“ para la sociedad, para su tejido. Nuestra justicia persigue a los que no tienen poder real. El poder real nunca es puesto en cuestión por nuestros tribunales. Nunca. Por eso admiramos a hombres y mujeres excepcionales, como Juan Guzmán Tapia, Harald Edeltsam. Mariano Moreno. Porque ellos se tuvieron que salir de su rol de „jueces“ (diplomáticos) „independientes“ (Guzman Tapia en Chile es un ejemplo claro) para hacer justicia. Se la tuvieron que jugar. No hicieron circo, hicieron hechos reales de justicia. Tuvieron que dejar de lado las „formas“ (de la „independencia“ y de la „diplomacia“) para ser verdaderamente „independientes“ y „diplomáticos“, verdaderos jueces. No es un paso fácil. Guzman Tapia nos lo explicó en persona en su casa en Providencia, en Santiago de Chile: una vez que uno, como Siddhartha, sale del palacio, abre sus ojos, cuando uno „da ese paso“, ya no hay forma de volver atrás. Hay que dar ese paso. Ese único paso. Yo lo di cuando en el quinto piso del MECON, siendo un joven pasante „estrella“, armé un texto para Lavagna titulado „Palinodia“, Cantar la Palinodia”, del cual seguramente se acuerde, promoviendo una asunción de responsabilidades globales (en la Argentina) tras la severa crisis de que venia el país (2002) y me topé con la sorna y las risas de esos funcionarios de „carrera“ que decían, frente a este joven abogado „idealista“ con sus veleidades „patrióticas“ (aun recuerdo las frases de Armando Torres y otros) saber mejor lo que le convenia al país en ese momento. Ese día este joven pasante „estrella“ paso de llamarse „Guido“ a llamarse „Palinodia“ en los pasillos del MECON. (Nielsen me defendió, de eso me acuerdo muy bien) Pero desde la distancia, me siento muy orgulloso de eso. Porque veo a la distancia que tenia razón. Que al pueblo no hay que negarle ni recortarle ni retazearle „palabras“, poniéndose por encima, no hay que subestimar al pueblo ni presumir que los otros –que la van de „cultos“- lo son realmente. El pueblo, con sus narices sucias, con sus chicos con hambre, dimensiona mucho más y mucho mejor el sentido de esto que llamamos „cultura“. Por eso era un deber entonces y es un deber ahora „cantar la palinodia“. Llamarse asi. Y a mucha honra. Aunque muchos se rian, yo sigo pensando con claridad eso, estaba solo, era joven, pero creia en lo que escribí. Y desde Alemania, lo sigo pensando. El problema argentino es la tremenda falta de autocrítica de casi todos los sectores mediáticos, productivos, académicos, empresariales: medios de prensa, empresarios, académicos de „número“, etc. falta autocrítica, (todos se pasan la responsabilidad, nadie la asume como tal, por eso no avanzamos, no crecemos, no hay “unidad” posible en la irresponsabilidad generalizada de todos, en diferentes niveles) como paso para „recomenzar“ un debate, para refundar nuestra dirigencia política, cuyo nivel académico y conceptual es penoso. Nos merecemos otros dirigentes. Otro nivel de política, (no marketing), otra cultura. Para eso, antes del “consenso”, necesitamos que cada sector asuma una responsabilidad. Argentina tenía y tiene otra historia. Mucho más grande que el marketing vacía que propone Durán Barba. Otros jueces. Otros valores. Otros hombres y mujeres.

Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“. Nosotros creemos que la „asociación ilícita“ es la asociación entre bancos mediadores y fondos buitre que estafando tenedores minoritarios recompraron (en Europa) deuda externa de un país emergente en crisis a precio vil, con información imperfecta, a pocos días de un default anunciado, afectando su normal funcionamiento de agentes mediadores, dejando que los profesionales de clase media absorvieran la perdida, recomprando esos bonos a precio vil, centrando toda la culpa en el Estado argentino, pidiéndole luego que pague „todo“, toda su „deuda“. Hay una cadena de responsabilidades serias que aun no fueron investigadas. Porque hacerlo no es fácil, y encima, no da rating. No „suma“. Pero eso es ser justo. Estafaron a un país. Dos veces. Luego reclamando el pago total de lo que denominan, impunemente, ante la complicidad (ceguera) de la prensa y la justicia (independientes, locales) „nuestra deuda“. Singer comanda una asociación ilícita usuraria cuya acción espurea („legal“, legalismo-formalismo es enemigo de los derechos humanos, el nazismo también era „legal“, también era „derecho“), como dijo el relator de deuda externa de la ONU, ha puesto en peligro planes alimentarios en paises emergentes de Africa. Esa asociación ilícita nunca se juzga. Porque nuestros jueces, sencillamente, no están preparados para hacerlo. No la ven. No se ha inventado aun un lenguaje acabado para verla. Dependemos de los poetas como Saramago para „ver“. Heidegger lo vio esto, muy bien. Hölderlin, son ellos los guardianes de esa morada. No tienen las herramientas ni el valor suficiente. La „independencia“ se juega en otro lugar. No donde hoy la estamos poniendo. Sala está prensa. Paul Singer no. Cristina está procesada, Cavallo no. Blaquier es y será siempre inocente. Nuestros jueces no saben leer. No se animan a ser realmente „independientes“. Porque la verdadera independencia da miedo. No es fácil ser „independiente“. Esto que vemos no tiene nada que ver con la „independencia“. Independiente es la „chica bien“ de San Isidro que defiende a Sala. Independiente es el director de HRW cuando advierte al presidente que la justicia (aunque los medios son participes de esta tendencia) no se plebiscita. No va a referendum. Hay que renovar el Derecho Argentino. Hay que dar un paso. Un estriberón. Es un paso difícil. Hay que repensar los pilares del Estado y la sociedad argentina. Hay que cantar la Palinodia. Palinodia, estimado Armando Torres, y a mucha honra. Ahora vemos que pasar de ser „el pasante estrella“, a ser „palinodia“ no era, en los pasillos del Ministerio de Economía de la Nación, en 2005-2006, una crítica. Era un honor. Era un orgullo que me llamen asi. „Palinodia“. Ahi viene… „palinodia“. Palinodia, Armando. Y a mucha honra. Con mucho orgullo. Seguimos pensando que eso, fundamentalmente eso, es lo que nos hace falta a los argentinos. El consenso (medios-cultura-academia-empresariado-comercio) se logra después de la asunción de responsabilidades. Y no antes, negando ese paso. La página “en blanco” de la historia no se puede pasar, como dice Regine Robine, así de fácil. Al cabo, esa “nueva página”, como dice Robine, no estará limpia. y la necesitamos limpia. La necesitamos.

Hay muchas cosas que todavía deben salir a la luz. Kirchner que pedía (a Lavagna y su equipo) que se rehicieran en ese MECON informes (el célebre Análisis II) porque el tono de los “funcionarios” de “carrera”, respecto de las responsabilidades de las IFI´s en la crisis argentina, como el IMF, (que se le presentó a Kirchner) era con todo demasiado “débil”, “insuficiente”, y el ex presidente pidió, con razón, que lo redactaran de nuevo, pero esta vez “diciendo la verdad”, diciendo “todo”, diciendo “cada cosa”, cada “cuota” de responsabilidad, en un diagnóstico que no era simple, no era fácil, y no siempre se informaba. Y muchos de esos informes, pese al enorme esfuerzo dedicado a ellos, no fueron publicados. Quedaron “ahí”. Porque en algún lugar de la cadena un funcionario decide que el “tono” empleado para escribirlo (el tono, y no los rostros de los chicos chiquitos abriendo bolsas negras de consorcio sobre la avenida corrientes, buscando comida, en la basura, imagen que seguramente habían inspirado ese “tono”) era “demasiado fuerte”, demasiado “crítico”, y eso “no se puede decir”; porque necesitamos “que lleguen inversiones”. Otra vez. Porque, otra vez, el pueblo “no está preparado” para “escuchar”. para saber la verdad, como en la época del cabildo: el pueblo quiere saber!. Rivera tenía razón! no nos ensenan en el colegio a pensar la revolución de mayo como una “revolución”, sino como un hecho “pasado”, de la “historia”, no como algo vivo, que nos puede y debe inspirar, seguir inspirando! Pero quién decide qué se informa y qué no. El pueblo quiere saber!. El pueblo tiene el derecho de saber toda la verdad de lo que algunos funcionarios (y sobretodo, organismos internacionales de crédito corresponsables de la peor crisis de nuestra historia reciente) llaman aun, con descaro, “su deuda”. Aún hay mucho por decir. Mucho. Mucho por esclarecer a los argentinos. Mucha verdad que no sale nunca en los medios. Que no sale a la luz, que se esconde, y mucho lo esconden los propios políticos. Ese es su negocio: esa es su “profesión”, eso es vivir de la política, convertirla en una “carrera”, más que en una vocación y un servicio. Callan. Confundiendo o manteniendo a nuestro pueblo en una ignorancia dolosa, en una desinformación constante (se piensa muy bien qué se informa, y cuándo, en qué momento, el ejemplo de cuándo informar los Panama Papers no es casual, tampoco) que no es inocente. Tiene consecuencia. Es el espejo y el hambre de nuestros hijos. Son las fotos de Pablo Ernesto Piovano. Esa imagen. No la del sushi fantasma, no la foto del bus falso al costado de un camino. Sino una imagen real. Una imagen no blanca, sino “negra”, dura (piel negra, máscaras blancas), una imagen que duele. Pero que es la verdad. Y tiene ese infaltable peso. El peso de lo que es. De lo que no necesita “retoque”. De lo que no necesita “asesores” de “imagen”. Photoshop. Nada. Pablo Ernesto Piovano. La contracara de Eliot y nuestra “deuda” externa en los centros financieros. Atilio Alterini. Hay una cadena de “intermediarios” cuya responsabilidad (conflicto de intereses, de los que sacaron ingente provecho, especulando, a pocas horas del default, con sus propios clientes, tenedores minoritarios, persuandiendolos de “comprar” esa deuda, diciendo luego que la culpa del robo -“no previsto”- fue del Estado argentino, cuyos ahorristas en el país padecieron en rigor el mismo saqueo) no fue analizada aun por ningún juez. Por ninguno. La forma en que se derogó la ley de subversión económica, en medio de una crisis profunda, tampoco. La forma en que ciertos organismos pedían esa derogación tampoco. La forma en que se llegó -la cadena de responsabilidades a través de las cuales se llegó- a esa crisis debe ser aún materia de análisis.

Gerhart Hauptmann decía con razón,en su obra de teatro Las Tejedoras, que ni el jabón que usamos para lavarnos es del todo “inocente”. Hasta una simple pastilla de jabón, dice Hauptmann en las tejedoras. Hasta “eso” está “manchado”, tiene “que ver”, está en el fondo comprometido. Fue el primero en ganar el Nobel. Un escritor realista, admirable. Valiente. Serio. Imagénese el diario que usamos para informarnos … cada manana, qué grado de “inocencia” puede tener. Su lenguaje también tiene un pasado, además de un presente, viene de algún lugar. Y esto trasciende y por mucho a la causa de papel prensa. Perverso no es investigar el pasado. Perverso es callar y brindar con Videla. Eso es perverso. Lynn Hunt afirma en La invención de los derechos humanos que la retórica negacionista apela a exigir “pruebas” que primero, no por accidente, en toda dictadura, se desaparecen. (recuerdo la sonrisa de Duhalde en el ascensor, rumbo al 8vo piso, cuando le pregunté como podía ser que cierto medio argentino “serio”, en lugar de poner en la tapa la imagen de Ban Ki Moon en la Ex Esma tomando un panuelo blanco de manos de la Presidenta de Abuelas, Estela Carlotto, en ese lugar simbólico, hubieran puesto en su lugar una pobre foto del Secretario General de la ONU comiendo un alfajor de chocolate en una Am Pm en Cordoba, sentado en una mesa, como ser humano más, para mostrar que no podía viajar debido a un piquete… meta-mensaje: nos avergüenza mucho mas un “piquete” frente al Secretario General de la ONU que nuestro pasado más oscuro, más siniestro, que no se presenta en tapa, nada menos, cuando dijo “en la Argentina la era la impunidad ha terminado, la era de la rendición de cuentas ha llegado”)  Luego nada se puede “probar”. Hayden White invita a ir más allá, a repensar el lenguaje que usamos. Stanley Cohen propone lo mismo. Son propuestas valiosas. Intentos valientes. Novedosos. Pensar. Los argentinos tenemos el triste mérito de haber inventado el término “desaparecido”. Lo inventó Videla en una conferencia de prensa. Ese término es un “pacto” tácito con la prensa cómplice, porque otros no creían ni toleraban que se dijera eso. Perverso es un lenguaje destinado a descalificar más que a repensar y asumir la propia responsabilidad. La pregunta que se tienen que hacer los jueces. Y los medios. Pero también los jóvenes. What do we stand for? Realmente, para qué causa estamos. A cual juego nos vamos a prestar. Qué tipo de debate queremos los argentinos. Qué tipo de cultura. Qué tipo de políticos y de política. Qué dirigencia. Qué tipo de país. Qué tipo de pasado. Qué tipo de presente. Y qué tipo de futuro. Qué tipo de democracia.

«En la justicia vivo como en el exilio.» Fritz Bauer.

Im Labyrinth des Schweigens, una película alemana que cuenta también para el Derecho argentino. Un Derecho que a veces calla mucho más que lo que dice o se atreve a decir y “juzgar”. A poner sobre la mesa.

(todos podemos ser un poco -aunque nadie nos prepara para esto, menos en la facultad, la que te prepara para eso es la vida- como el joven y valiente abogado Johann Radmann, aunque él realmente no existió. Es apenas un personaje de “ficción” que fusiona tres fiscales juniors -reales, valientes de verdad- del equipo de investigación de Bauer: Joachim Kügler, Georg Friedrich Vogel y Gerhard Wiese, que vive en Frankfurt) Los fiscales y los periodistas lucharon, aunque parezca mentira decirlo hoy, por desentranar la verdad de lo que realmente había sucedido en Alemania. Porque también allí -pese a la inmensidad atroz- se intentó tapar. También allí. También en Alemania. También el derecho (la justicia y la prensa) alemanes apostaron, en determinado momento, por el silencio. Por callar Auschwitz. Auschwitz! No por la palabra. Más hombres como Joachim Kügler. Eso necesitamos los argentinos. Más hombres así. Más hombres dispuestos a luchar por la verdad, la memoria y la justicia. Más Gerhard Wiese. Más Johann Radmann. Menos Colonia Dignidad. Menos de esos alemanes. Menos Paul Schäfer Schneider. Más de lo otro. Menos abogados y periodistas y medios y empresas (en Alemania y en Argentina) cómplices de ese laberinto de silencio. Más poetas. Más poesía. Más valor. Más Derecho.

Alan Faena y Aimé Césaire

Máscaras blancas.

Muy bien por Alan Faena. (cuya frase no parece ser, en este contexto de debate cultural  “las ideas no se matan”, anti marketing y denuncia del programa “piel negra, máscaras blancas”, ninguna casualidad, porque nada en la cultura de un país -que se precia de “blanco”- proviene de meras “casualidades”, ninguna frase, ningún concepto, ningún mensaje, ninguna idea, por desarticulado que parezca con otras cosas que se dicen y debaten, nace en el aire, nada ni nadie nace solo) Nosotros también somos anti-marketing. Estamos a favor de las ideas. Está bien la asociación que hace Faena entre marketing y demagogia. Perfecto. Es decir lo que el otro quiere escuchar. Y no lo que uno piensa. Es la misma diferencia que hace Platón entre demagogia (adulación) y Justicia. Nosotros estamos por las ideas. (por eso estamos, como él, “acostumbrados a nadar contra-corriente”, porque la “corriente” suele ser marketing, “moda”, no pensamiento, Gustave Le Bon) Es decir, estamos por la Justicia. La memoria. y la verdad. Bien por Faena. Trasímaco hoy sería un personaje gris como Durán Barba: que apela al marketing para vender su “ley del más fuerte”. La República es -y fue siempre- otra cosa. La República es la poesía. (el estilo nos hará libres, dijo Cioran, el “estilo” es muy importante, también lo dijo Octavio Paz, en esta batalla cultural -aun no ganada, estimado Faena- por las libertades) Son las ideas/los ideales. La reminiscencia. Borges tiene un libro con ese nombre. Lo interesante es que nosotros venimos cuestionando este programa político de “piel negra, máscaras blancas” (Peau noire, masques blancs, programa político al que apela el actual gobierno, con su cultura “blanca”, Colón, Al Pacino, en contra de toda la “grasa” que “sobra”, -Prat Gay- encerrando indígenas mujeres -negras, “incultas”- que “protestan”, etc). Y Faena no parece ser un exponente, como querría Césaire, de la “negritud”. Sino, justamente, o injustamente, de la “blancura”. De todo lo “blanco”. de la cultura “blanca”. (todo lo contrario, en principio, todo lo “blanco”, la piel “blanca”, la cultura “blanca”, los hoteles para “blancos”, los negocios “blancos”, las fiestas “blancas”, porque tampoco se trata de prejuzgar a Faena) No “negra”. Esto lo tenemos que debatir con él mismo. El color.  El “color” del progreso. El “color” de nuestras ideas, estimado Alan. El color de nuestra piel. El color de nuestra ropa. El color de nuestra cultura. (y de nuestras fantasías, a veces tenemos fantasías demasiado “blancas”, que esconden nuestra historia “negra”, a nuestros “negros”; como diría Neruda) Las fantasías que esconden el verdadero color de nuestra historia. Por supuesto que hace falta lo que Faena muy bien llama una “refundación”. Y por supuesto que como él dice muy bien, la refundación (del país, de la cultura política, dos palabras que deben ir de la mano, superando la visión peyorativa de “lo político” y de la “política” que nos propone siempre el marketing, que no por casualidad denuesta todo lo que huela a “político”, a “politización”, a ideas, a ideología, a participación política, a deliberación, a juventud “idealista”, a conflicto, como dijo Ranciére, negar el conflicto no nos hace vivir mejor, Faena, negar la desigualdad -y negar la injusticia- tampoco, la política puede elegir “hacer visible” esto -lo que algunos llaman superficialmente, como en la posguerra alemana, “desunión”- o negarlo, taparlo, vendiendo la ficción de que -con estos niveles de pobreza y desigualdad- estamos, sin embargo, mientras uno tenga para pagar su habitación de hotel y acceda a sus fiestas, “bien unidos”) no va a venir del marketing. Va a venir de nuestra cultura. Tiene razón Faena. (“nada es más fuerte que una idea cuyo momento llegó”, decía Victor Hugo) Hoy la política está presa (viciada) del marketing. No de la cultura. No del pensamiento. No de las ideas. On ne tue point les idees. W. B. Yeats decía que la educación no consiste en llenar un cántaro, sino en saber encender el fuego. El marketing es, estimado Faena, siempre un programa de muy corto plazo. Muy “corto”. Las máscaras se caen. No perduran. La verdad siempre aflora. Porque es un programa basado en máscaras blancas. Ocultando el verdadero color -legítimo- de nuestra piel, de nuestra historia. Pero también pensemos, estimado Faena, que los “negros” no entran en esos hoteles, en sus edificios, (de “lujo” blanco) construidos sobre lo que fue su tierra, en esas fiestas “blancas”. El verdadero color de nuestro progreso. El marketing es un programa de corto plazo que le quita toda legitimidad (“blanca”) a la palabra política. Y se hace en nombre de las “inversiones”. El marketing vicia la representación, porque vicia (no deja que haya consentimiento informado) de parte de los representados. Nos deja sin representantes con estatura. Estadistas. El marketing lo empleó De la Rua. Entonces tampoco haga marketing “anti marketing”, que es una forma sutil, pero muy inteligente, de lo mismo. Se puede hacer marketing “blanco” hablando “mal” del marketing. También. Es otra forma más precisa de viciar -no dar- el debate político. Entonces, debata. El marketing mata el debate. A los que no (nos) les gusta el marketing, les gusta (nos gusta) debatir. Mata las ideas. Por eso nos oponemos. Pensamos que el país merece otra cosa. La diferencia está en adivinar quién será el que tire la primera piedra. Quien va a encender el fuego. Quien va a abrir este debate cultural que invariablemente como se ve -con las reacciones valiosas de Horacio Gonzalez, de Gargarella, de la ex Presidenta, de Faena mismo, con su proclama en este contexto “anti marketing”- se avecina. El debate y el lenguaje (argentino, nuestro idioma, como dijo Borges) cuya lenta llanura, como dijo brillantemente González, “a veces tarda en clarear”. En volverse “claro”. “Acostumbrado a nadar contra la corriente”. Muy bien. Pero la política no es un “negocio” de “lujo”, estimado Alan. La cultura (no “blanca”) tampoco. Es un derecho. Un derecho de todos. Puertas abiertas. No puertas cerradas. (como en el cuento de Kafka, Ante la ley, hay que estar del lado del pobre campesino que no se atreve a dar ese paso -a la cultura “blanca”-, no ser un “guardián”, uno de esos “guardianes” -blancos- del palacio (“blanco”, tan “culto”), y a veces los abogados somos así: como esos “guardianes”)

https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-219945-2013-05-14.html

Hoy en el Diario La Nación:

http://www.lanacion.com.ar/1968979-alan-faena-el-marketing-es-la-peste-de-todo-es-lo-que-destruye-las-ideas

“Hoy por hoy no se encuentra mucha gente que hable desde el corazón.

-¿Qué lugar le da al marketing?

-Para mí el marketing es la peste de todo. Es como el bullshit, es lo que destruye las ideas. Vivimos en el mundo del marketing, que es el mundo de las mentiras. Soy anti-marketing.

-¿Qué entiende por marketing?

-El marketing es decir algo que vos pensás porque los demás lo quieren escuchar. Entonces no sale de tu corazón. Acá no diseñamos. Porque el diseño es sólo marketing, y al momento que lo terminaste va a venir otro que va a hacer algo mejor y va a hacer otra cosa. Nosotros tenemos que encontrar la semilla del corazón y desde allí crear. El marketing es uno de los peores males de estos 40 años.

-¿Con qué definición se ve reflejado?

-Acá se agradece al hacedor. Acá se nota la importancia de esa palabra, que comulga con la palabra creador. No hay una palabra como hacedor, the maker… Yo les cuento la importancia de la palabra hacedor, porque podés crear, pero después llevarlo a la práctica, con potencia, transmitirlo, eso es tarea del hacedor.

El barro en el Derecho

El barro en el Derecho

„Jesús me puso lodo en los ojos, y ahora puedo ver“

el Derecho debe estar con las manos embarradas. No limpias. Como Jesus. Con las manos llena de barro. En el lodo. No en la limpieza elegante de la academia formal. Sino donde está el barro. El Derecho no es una “ciencia” pura. El Derecho es ante todo Barro: Rosa Parks, Harald Edelstam: barro. Gente que se embarró mucho, el derecho no nace en la Academia, no nace en las Facultades nunca, el derecho nace en otro lado. (Edelstam no descuidaba por eso ni su elegancia, ni siquiera descuidaba las cortinas de la embajada sueca en Santiago, mientras se embarraba con todo y solo contra la complacencia y el servilismo de los otros “diplomáticos” suecos y de tantos países, que eligieron y casi siempre eligen callar; véase la película Colonia Dignidad, no casualmente Paul Schärfer, emigrado en Santiago, cómplice de Pinochet, fue detenido en Argentina, luego de que se impulsara una política clara de derechos humanos: nada es casual, no hay accidente, fue la justicia argentina, en un periodo valiente, la que se atrevió a dar ese paso, hoy colonia dignidad se llama “Villa Baviera”, muchos nombres en Chile son ambiguos, Villa Grimaldi es un “parque de la paz”, Guzman Tapia en Santiago, en su casa en Providencia, donde muchas veces cenamos, nos decía que ese nombre le daba “vergüenza”, porque no puede ser un parque “de la paz”, sino un espacio de la memoria, que no es lo mismo. Olivia, su perra, siempre estaba debajo de la mesa, en largas conversaciones que tuvimos con ese gran hombre, abogado y poeta, admirador de Kipling, que nos recitaba de memoria, mientras nos daba Kuchen de Manzana, el poema If, esa “épica” que le daba valor, en su casa en Santiago, Providencia, el mismo se dedica a pintar paisajes, paisajismo, a prologar un trabajo sobre derechos que le enviamos, es tanta su humildad que se avergonzaba también de servirnos el café “en una jarra común, perdona”. Lo cortés no quita lo valiente, la elegancia de Edeltsam, de Guzmán Tapia, de tantos profesores en Viena, no quitan su valentía, su valor) Duhalde siempre me decía „te tenes que embarrar Guido, tenes que bajar al barro“. Hoy que es Navidad me acuerdo de Eduardo: „Jesús me puso lodo en los ojos, y ahora puedo ver“. Cuánta falta nos hace. El barro en el Derecho. Ese lodo. Eduardo, a quien le enviaba mensajes mientras estaba internado, porque uno no pensaba que Duhalde, que nos formaba, podía morir. No podía. No tenía que morir. No. Vinas, Duhalde, Gelman.

Qué haríamos sin el lodo. Qué haríamos sin el barro. Que haríamos pensando aun que el Derecho es una cosa „limpia“, un sistema positivo que „no se ensucia“, que es pura y sola „razón“, (lógica…) nada de sentimientos (Martha Nussbaum), que haríamos sin las emociones? Sin los sentidos? Sin la empatia (sin las mascaras blancas, legales, “cultas”) por el dolor ajeno? (sin la corporalidad, porque no es solo una cuestión de “estilo”, negando el “barro”, negando lo “negro”, negando las emociones, y los sentidos, negamos también a las personas de carne y hueso, los cuerpos, Seamus Heaney, buscar en la tierra nuestra “cultura”, el antropólogo es también un poeta) Que haríamos sin eso. Cómo se hace un derecho sin lodo. Cómo se ensena. Cómo se aprende. y sobretodo, para qué! Qué tipo de „Derecho“ estamos ensenando. Qué tipo de justicia queremos. Qué tipo de democracia. Una democracia que vea el barro (fotos de Pablo Piovano, piel negra) o una democracia que lo niegue? (Marketing, el marketing vacío es enemigo de nuestra cultura, es enemigo de todo lo que venga del „Barro“ de la historia, del „lodo“ en los ojos, el marketing el sushi fantasma es apenas eso que decía Fanon: máscaras blancas para países que no se reconocen, que no valoran, como dijo Lula, lo que son; una cultura que se cree “blanca”, que niega, primer requisito para doblegar un país y una cultura: que no valore su pasado, su dignidad, su identidad, su lengua, su “negritud”, que se aniquila -su historia- en nombre del “progreso”, la conquista de un “desierto”). Mientras tanto la „piel negra“ (Milagro) está presa. En nombre de nuestra “cultura”. Y de nuestro “progreso” blanco. Sin barro. Un progreso “culto” que va al Teatro Colón. Blancura. Nada de “negritud”.

En Agosto dimos en la Universidad de Lanus, en el centro de DDHH, una conferencia junto a la rectora y dos profesores (del CELS y la maestría) cuyo tema fue “militancia en DDHH”. El tema fue Eduardo y el barro en el Derecho. Recordar(nos) que tenemos que tener (si defendemos y queremos “asincerar” el “costo humano” negado de Pablo Piovano) las manos bien embarradas. Que no alcanza con estar en Oslo, en Berlín. Ese fue el tema de discusión final en ese aula. Cuando salimos de la conferencia en que había muchos jóvenes, una mujer no tan grande, que se había sentado en primera fila, Nelly Bartucci, de Florencio Varela, hermana de un desaparecido, me agarró de las manos bien fuerte y me dijo “aunque te vas a Oslo y Berlin, no bajes los brazos, tenes que…” El tenés que (…), con el que nos comprometimos ese día en Lanus con Nelly, (y solo con ella, aunque ella se encargó de repetirlo después a la rectora y a los asistentes e incluso a mi novia) es el barro en el Derecho. Nosotros sabemos bien de qué lado estamos. (La frase que a uno le hace sentir vergüenza “por lo poco” que uno “da” es o fue -y que te lo diga una hermana de un desaparecido- “este pibe -“este chico”- va a ser presidente de la nación”, (a Ana Jaramillo y Gustavo Palmieri) y uno queriendo pedirle a Nelly “no lo digas”, por favor, “no digas eso”, pensando en lo “mal” que nos hacen esas cosas Nelly, fue el poder, fue el poder el que siempre nos calla, nos compra, entonces ante Nelly, Eduardo, uno asume “compromisos”, obligaciones morales, a tanta distancia, no importa lo que uno vaya a “ser”, lo que importa es, paradójicamente, Nelly, eso que somos “ya”, esa batalla por la dignidad que damos hoy, que intentamos dar, cada día) Para quienes están en esas fotos Nelly, en las fotos de Pablo Ernesto Piovano, no hay un mañana. No hay un hoy. Y la pregunta es qué hacemos ahora. Por ellos. Por su hambre. Por su “cultura”. Por su democracia. Porque el país es de ellos. No que hacemos manana. sino ya. Ahora. Por combatir la violencia de género, la violencia contra los indígenas, contra las mujeres “negras”, contra sus hijos pobres. Más que nuestro, es de los que fueron y serán marginados de nuestra “cultura” (identidad) blanca que los encierra, aleja, desoye, y no ve. Que los persigue. Que en chile los llegó a juzgar, a esos indígenas pobres, originarios, por reclamar su tierra, bajo la ley antiterrorista. Todo por quemar un árbol. El oro vale más que el Derecho? Guzman Tapia defiende a los indígenas. La OIT cambió la definición de Territorio. Un nuevo concepto. un nuevo camino. Marginados de nuestro “progreso”. Entonces Nelly, no lo digas. Porque es tan extremadamente “pesado” eso que decís, más allá de la forma que asuma, el nivel de compromiso que uno termina sintiendo con Eduardo, con vos, con tu hermano. Tan alto. Tan pero tan tan alto. Que uno ya no se lo puede sacar. Eso una forma de “poner algo”. No una “ficha”. Sino un deseo. Una palabra. Un valor moral. Es una marca que uno lleva consigo. Un compromiso demasiado grande. No nos vamos a vender. No nos vamos a entregar. Y como lo saben, nos acusan, como te dije ese día Nelly en Lanús, por nuestra “soberbia”. Soberbia es otra cosa. Soberbia es vender el suelo argentino, es Floreal (“el Negrito”) Avellaneda. Soberbia es la línea de la pobreza. Soberbia es no hablar. Soberbia es recortar en ciencia y derechos humanos. Soberbia es el Colón. Vender eso como “cultura”. Soberbia es la máscara blanca. No la cultura/piel “negra”. Soberbia es confundir el diálogo político. Soberbio es mentir. Soberbio es no ver (no querer) el barro. No asumir que este país es eso que no estamos viendo. No la Reina Máxima en Holanda. Eso no es la Argentina. Es sobretodo eso que estamos negando. Eso que no queremos ver. Sobretodo eso es nuestra “cultura”. Nuestro país. Nuestra palabra. Aimé Césaire. Su poesía “negra”. Su ideario de “negro”. Milagro Sala. Su forma de ser “culto”. (“indio”) Pero por favor Nelly, eso, sobretodo eso, no lo digas. Cualquier cosa, menos esa. Porque pisamos ese día que se cortó la luz, y cambiamos de auditorio, el barro que rodeaba el campus de Remedios de Escalada. Y pensamos que ahí estaba el barro que decía Eduardo. Por fin lo encontramos Nelly!. Era eso. Nelly. Lanús. El Barro.

Nuestro apoyo a Michele Obama, el futuro político en la línea de los mejores liberales demócratas (“dos ingratos progresistas elitistas”, como Ted Sorensen, como Frank Raleigh Lautenberg, como John Lewis, Luis V. Gutierrez, Robert Cover, entre tantos norteamericanos valientes, valiosos). Ponerse del lado de los pobres no es hacer “elitismo progresismo”, es ser “liberal” en el sentido (más) genuino del término, de la palabra, tan desvirtuado. Es defender un modelo de sociedad que no preserva ni celebra las injusticias que vemos.  Ellos también, como Michele Obama, comprenden qué es esto (que vivimos también en nuestro país) de la “Piel negra, (y las) máscaras blancas”. Sartre. También de ese lado del césped. El anti-esclavismo aún no está terminado. (“”Michelle Obama. Me gustaría que volviera a ser un hombre y la soltaran en Zimbabwe, donde viviría cómodamente en una cueva con Maxie, el gorila”, afirmó un colaborador del presidente electo, Donald Trump). El racismo no está terminado, es aún parte de la democracia. Aun es parte (Morales) de nuestra cultura “blanca”. De nuestra “blancura”. De nuestras ideas sobre el “progreso” “civilizado”.Jujuy. El racismo no está terminado. Aún hay que combatirlo. Hay que combatirlo para que no sea, como en Jujuy o en el desprecio sistemático/cultural (“blanco”, americano) a Michele Obama, parte subrepticia (pero ejercida como una condición real) de nuestro “progreso”. De nuestra blancura/cultura blanca, de eso que llamamos “civilización”. Nos indigna el corazón duro de los hombres “cultos”. El congresista John Lewis fue arrestado 45 veces. Milagro. 45! John Lewis, como dijo Hillary Clinton antes de la elección, es “un verdadero líder”. Un luchador por los derechos civiles. Acaso John Lewis era el verdadero -mejor- candidato demócrata. Pero Lewis está embarcado en otras luchas, menos “electorales”, más concretas. John Lewis, Milagro Sala, Michele Obama, ponen al desnudo, Hillary, nuestras “máscaras blancas”. Nuestra “cultura” blanca. Nuestras negaciones. Nuestro mirar lejos. Nuestro evadir. Ellos dicen, Lewis, Sala, Michele misma, lo que nosotros (los “blancos”) no decimos. Wall Street, Paul Singer, no quieren hombres y mujeres como ellos. Como Lewis, como Michele Obama. Como Milagro Sala. Son demasiado “oscuros”, su piel es demasiado “negra”. Demasiado real. Ellos no “compran” lo que nosotros vendemos. Llevan sus marcas en la piel. Sala es como los indios. Bartolina Sisa. Bartolina Sisa también está en la piel de Milagro Sala. También Bartolina está presa. Lo que muchos no se atreven a decir, lo dicen (aún) ellos. Los John Lewis. Ellos conocen -su sangre conoce- mejor que nosotros (incluida Michele, incluida Milagro) el peso sórdido de las cadenas del llamado “progreso” civil. De la llamada “industria”. Ellos conocen el peso de la Historia. Mejor que ninguno. Por eso hay que defenderlos. Estar de su lado. Levantar su mirada, su palabra. Ser su voz. No -en todo sentido- la voz de los blancos. De la cultura. De los lobbys poderosos, de las industrias que lucran con el hambre, las armas y el dolor. NO! Hay que ser la voz de lo otro. De lo que fuera negado. De lo que no puede ser dicho. La voz de los “simios” y “monos”, la voz de los indios coyas y “negros”. Esa voz. No otra. De eso se trata la política. De tomar bien unos modelos. Donde el modelo de “verdadero líder” es, como dijo -reconoció bien- Hillary, John Lewis. Ahí. A nosotros no nos pasó algo tan distinto. Hay que recordar cuál era la “causa”. Sin una “causa” (sagrada) que defender, no hay política. No hay discurso. No hay camino. No hay ideal. No hay épica. No hay principio. No hay nada. (Hay marketing) Preferimos las sentadas del congresista “negro” (John Lewis), a quien llevaron 45 veces preso Milagro. 45! El verdadero líder (negro). El que pone sobre la mesa todos los “pactos” (de silencio) sobre los que descansa nuestra “cultura”. Nuestro mercado. Nuestra prensa. Nuestra democracia. John Lewis. Ted Sorensen, Frank Raleigh Lautenberg. Ellos. Ser como ellos. Ser valiente (y ser claro).

Piel negra, máscaras blancas

Piel negra, máscaras blancas 

(Respuesta a Horacio González)

http://www.veintitres.com.ar/article/details/126218/autorias
Quiero responder al estimado Horacio González su valioso texto. Empezando por la cuestión ética. Quiénes somos.

Está bien que Cristina no cite, o mejor dicho, no detalle el nombre de un „autor“. Porque un un proyecto colectivo las ideas son de todos. No son patrimonio de nadie. Son de la sociedad.  Y por eso mismo se comparten. Que es lo que sucedió. Se “compartió” una idea, una visión. Un análisis. Más honor al autor es que la ex presidenta las tome como propias. Que las haga propias. Y resalte. Que tome las palabras como suyas. Y repita con nosotros que las ideas, Horacio, no se matan. Ese era el título del texto que compartió Cristina Fernandez: Las ideas no se matan. Momento oportuno. Hoy las están matando, desdibujando, negociando, acallando. Acallan todo pensamiento crítico. (Pienso en el CONICET, Horacio, pienso mucho en esa valiosa resistencia de investigadores y becarios, pienso que el CONICET debiera ser un modelo de nuestra cultura, y no un blanco de nuestros ataques, recortar en ciencia es promover el  subdesarrollo, es celebrar el atraso, los investigadores deben ser apoyados, no perseguidos ni estigmatizados, como sucede en cualquier país civilizado). Lo presentan (el mero hecho de pensar) como algo “malo”. Como algo “negativo”. (Cara y cruz de una misma moneda: Durán Barba con su marketing no se entiende sin Rotzichner y su crítica del “pensamiento” crítico como algo malo, son dos procesos que van de la mano y apuntan a lo mismo: que volvamos a la caverna, que dejemos de pensar, que no pensemos) Pero vayamos a lo importante. Lo importante no es la autoría. Es la idea. Es el futuro político. Es la acción. Es vencer el marketing vacío y fantasmagórico (como bien decis, carnavalesco, siniestro, y autoreferencial) que hoy se propone y pretende como „ideología“. Es desnudar las máscaras blancas que ocultan nuestra piel negra, nuestro país profundo, grande. El programa político del pro es un programa „Piel negra, máscaras blancas“. (este es el concepto que quiero proponer para analizar la realidad política argentina, nuestro presente pero también nuestro pasado) Todo en ellos es blanco. Mentiras blancas. Cultura Blanca. Educación Blanca. (Blanqueo de capitales oscuros, decir que el pensamiento crítico es „malo“) Ilusiones de „progreso“. El Colón. Al Paccino. Depardieu. Cultura. Se oponen, como dice Prat Gay, a la grasa que „sobra“. A todo lo que sea “negro”. „Inculto“. Pamela David. Una familia “rubia”. Etc. Mientras tanto, Milagro Sala está presa “preventivamente”. Porque es negra, es pobre y porque es mujer. Porque es una india.

Hace muchos años Sebreli me había pedido un artículo en el diario Perfil cuyo tema debía ser criticar tu gestión en la Biblioteca Nacional. Tenía que enviarlo a un tal Maximiliano. Empece a borronearlo sin conocerte. Pero no lo hice porque vi que habías puesto los versos de Oliverio Girondo en la pared de la biblioteca. Lo que me pareció interesante y profundo. Tiré lo que había escrito. Eso para ver qué clases de gauchos somos. Qué clase de hombres y de personas. Qué clase de tipos. A mi no me causa gracia que por el gabinete anterior, donde hubo tanta gente valiosa, hayan pasado tipos como Bossio. Massa. Boudou.  A vos si? Esa pata inculta y libertariana de la Ucede, cómo llegó a nuestro gobierno? Cómo? Mientras nosotros vacilamos Horacio ellos (que a la hora de la hora están y estarán siempre más cerca de Cavallo y de Singer, de la harley davidson, el CEMA, Rand Paul y los centros financieros internacionales, los barrios privados y nordelta, son libertarianos, nosotros, en todo caso, somos más „liberales“) avanzan. Necesitamos una intelectualidad no vacilante. Que no vacile más! Horacio.  Que actúe con determinación. Que Ponga su saber del lado de los que más lo necesitan.  Necesitamos una nueva dirigencia política. Con menos vacilación. y más ideas. Mayor debate. Mas impostura. Y mayor compromiso. (con menos fotos de luna de miel en Venecia, mientras la gente en Salta pasa hambre, eso no es la renovación del peronismo.) No hay que confundir la impostura y la crítica, con la deslealtad. Horacio. Yo aprendí a ser corrosivo. A no ser obsecuente ni tampoco un pensador “moderado”. A defender categóricamente, respetuosa y firmemente, como decía Duhalde, lo que creo. Mi lealtad está en mis principios. No en una sola persona. Lo cual no quiere decir que uno no sepa bien de qué lado está. Del lado de los desfavorecidos, desposeídos: de los que no tienen palabra ni voz. De los que esperan un derecho. Algo. De ese lado. (“inculto”, “negro”)
Finalmente, Cristina no “cita” (en rigor sí). Hace algo mucho más importante: comparte y resalta un texto. (http://www.lanacion.com.ar/1968222-cristina-kirchner-compartio-una-nota-sobre-el-gobierno-todo-es-show-un-engano-a-la-sociedad) Que es algo mucho más importante y ligeramente distinto. Se lo apropia. Y está muy bien. (Hay mucha gente que pensó o creyó que era de ella, es cierto, y qué problema hay? mejor aún, y más valioso) No importa la cita. Porque se supone que somos un colectivo. Un bus en serio. Un colectivo de verdad, no un bus falso rodeado y actuado, sino un “bus” verdadero. En un colectivo la autoría de un texto no es lo esencial. Las ideas son de todos. No son de nadie. Más valioso es que Cristina se lo apropie. Que se piense que es de ella. Que lo tome y subraye y lo suba a las redes sociales como propio. (que repita, que subraye con negrita “las ideas no se matan”, como escribió Sarmiento, otro “gaucho”, porque nada en tu texto, Horacio, es casual, nada en tu respuesta a mi respuesta es un accidente: yo creo en la “civilización”, no en la barbarie blanca, claro que llamamos civilización y barbarie a cosas distintas: pero yo creo en la educación Horacio, soy un convencido de eso, de la escuela pública de calidad, como pilar de la sociedad y la democracia y los valores, Rotzichner pide chicos “capaces” y “productivos”, nosotros preferimos, primero, que sean virtuosos: no dice el filosofo oficialista ni una sola palabra sobre la virtud, pero muchas, demasiadas, sobre la “eficiencia”, chicos “eficientes”, “capaces”, “productivos”, y no felices? pero la felicidad tiene que ver con la virtud, para ser “feliz” Rotzichner primero hay que poder ser libre, hay que educar para la libertad, para la virtud, Paideia, para el compromiso. Para el pensamiento) Qué más alto honor puede tener un intelectual (palabra que no me gusta) o un abogado o un poeta? Que una presidenta responda usando un texto mio (como dijo Borges con humor, „bueno, mi literatura… no es mía“) como intermedio. (El lenguaje “culto” tampoco es patrimonio de nadie, el gesto de Cristina, es un gesto inteligente, es un gesto “voraz por lo concreto”, donde no hay tiempo para mezquindades, para autorias, para detenernos en discutir “quién es” el -verdadero- autor de nada) También en su propio nombre. Que haga el texto suyo. Eso tiene un valor adicional para una cultura como la argentina que quiere ser democratizada. Que buscó la ley de medios y aspira a una comunicación más horizontal. Mas verdadera. Menos publicitaria. Menos marketing, más cultura. Más política. Mayor compromiso. Menos mascaras blancas, más piel negra.Menos egos. menos “autores”. Más realidad. Lo que importa es la idea. Por una vez: no la persona, sino sus ideas. Sus ideales. Su programa. Su discurso. Su visión del Estado.

La claridad no nace nunca de los libros. Ni en la teoria. Nace en la acción. Nace en la práctica. Creemos que la educación pública puede ser el pilar de una verdadera democracia. Pero también creemos que frente a las máscaras blancas, la cultura blanca y el blanqueo de capitales (oscuros) tenemos que oponer una palabra y una imagen “negra” no recortada, sino real. Como las de Pablo Piovano. Una imagen nuestra. Real. No trucada. No marketinera. (ese es el costo humano que no estamos “asincerando”, no estamos siendo, con esa realidad, con esos “costos” humanos del todo “sinceros…”, el costo de sincerar nuestras vidas… es dejar de lado, de una buena vez, las máscaras blancas, como diría Vallejo) Donde se vea bien nuestra piel negra. No nuestras mascaras blancas, cultas, falsas, (nuestra cultura blanca, pretendida, pretensiosa, ilusoria, vacía) del Pro con su marketing político. Una foto completa. Donde se ven las marcas. Donde no todo se “photoshopea”. La cuestión ética no es escindible de la cuestión política y González lo sabe. Quiero decir una cosa más. Coincido en una cosa plenamente con Horacio Gonzalez. Hamlet es el gran personaje de esta vasta historia. Porque todo se reduce a eso. En la política y en la ética (y también en la vida): a ser o no ser. El marketing no es. La política sí. Pero en esa decisión Horacio, la vacilación no es posible. Ya hemos vacilado mucho. No podemos vacilar más. La política no especula. Cristina en la mesa de Mirta dijo una gran verdad „por hablar así –máscaras blancas- murió mucha gente en la Argentina“. Tenemos que dejar atrás esa máscara. Ese lenguaje. Esa división (blancos-negros). No podemos –ni debemos- seguir especulando. La especulación es dañina. Pero para eso primero hay que reconocer bien dónde está (oculta) la máscara (blanca), esto es: „qué clase de gauchos somos“. Por qué nos avergüenza el color de nuestra piel. El color de nuestra cultura. De nuestra palabra. Por qué queremos ser (y elegimos ser, votando al Pro) lo que no somos. Otro país. Otra Nación. Otra cultura „blanca“. Negar el color de nuestra piel. Por qué? Por qué nos han “mal” educado. Nos han educado, como decía Lula, para no valorar lo que somos. Nos doblegan la moral “inculta”; para luego saquear nuestras riquezas. Nos dicen que no valemos nada, que somos un país “pobre”, “atrasado”, lleno de “indios” (de “negros”). Así nos saquean. Fugan recursos. Nos meten en la dependencia. (Cardoso, ex presidente de Brasil, no en vano hizo su tesis sobre temas de esclavismo, y no por casualidad con él, uno de los autores de la Teoría de la Dependencia, del subdesarrollo, Brasil comienza otro camino, que Lula profundiza, agranda, y consolida) No otra es la historia de las venas abiertas. No digo nada que una persona tan valiosa como González no sepa.

Está bien la pregunta. Borges piensa en la rosa de Coleridge. Nosotros no. Nosotros pensamos en Gianuzzi. En Juan L. En Paco Urondo. Pensamos y buscamos la palabra justa. No entidades abstractas. Sino aquella palabra que da de comer. Qué discute frontalmente con quienes juegan con el hambre del pueblo. Con Singer. Con el fondo Eliot. Con la Nahrungsspekulation de los grandes bancos alemanes, que recompraron lo que (ellos, que especulan con el hambre del pueblo) llaman “nuestra deuda”. Creemos que el país no estuvo bien defendido ante los tribunales del juez Griesa y se lo dijimos también explícitamente a esa valiosa presidenta que tuvo el país. No nos callamos. Creemos que la Argentina merecía y merece aún otra defensa. Lavagna lo hizo bien en su momento. Discutimos también con quienes viniendo de la Ucede o habiendo llegado al gobierno de la mano de Massa -fue jefe de gabinete, nada menos- impugnan nuestra ética y nuestra forma de entender la política. La obsecuencia y la lealtad no van de la mano, Horacio. Ya viste a dónde nos llevó la obsecuencia de Bossio. Su „lealtad“. Por eso existe este debate. Esta discusión “culta”. Lo primero que hay que hacer es desnudar las máscaras blancas que aparecen por todos lados y se reproducen, al son del marketing, como una moda colonial (en nuestra cultura): eso es lo primero Horacio, vencer la impostura (las ideas fuera de lugar, como dijo Roberto Schwarz en Brasil) en el renacer de una cultura. Y de una discusión política. Dejar -dejemos- las máscaras blancas, los decorados blancos, la mentira blanca, (el lenguaje “blanco”, aceptemos, como quería Aime Césaire, nuestra “negritud”, nuestra vida, nuestro país, nuestro suelo: todos somos Milagro Sala, en muchos sentidos, somos “negros” como ella, somos indios pobres como ella, somos argentinos, somos “sudacas”, no somos “blancos” y tenemos que aceptarlo: el muro también se construye contra nosotros, no solo contra México, somos “latinos”) la pretendida “cultura”, las sombras de nuestra cultura. Vayamos a repensar a fondo la idea de nuestro “progreso”. (muchos que votaron ingenuamente o genuinamente convencidos de su “blancura”, -frente a los “negros” del “pancho y la coca- a Macri descubren, con el triunfo de Trump, aquello que Macri en el fondo negaba: que son también ellos, “latinos”, hay que parar de negar lo que somos, ese es el primer paso del desarrollo) Asumir nuestra piel negra. Frente a las fotos del marketing vacío, donde todo es „retocado“, las imágenes reales, sin recorte, donde no se borra nada: Pablo Ernesto Piovano. Frente a las máscaras blancas, (las imágenes trucadas, donde algo siempre se pierde, y se borra, no solo el sushi) nuestra piel negra. Inculta. Frente al bus falso, frente al sushi fantasma, Pablo Ernesto Piovano: esa imagen real. Esa Argentina (dura). Esa piel negra. Sin máscaras blancas. (“cultas”)

Et j´entends l´eau qui monte
la nouvelle l´intouchée l´éternelle
vers l´air renouvelé
(A. Cesaire)

En resumen: Yo estoy diciendo que somos negros y que tenemos q recuperar nuestra “negritud”. (Una vez una persona que admiro mucho me dijo en una oficina: vos sos lo suficientemente “blanco” como para decir cosas de “negro”, a vos te lo van a permitir, decilo, te toca a vos, gran frase, enorme frase, enorme idea) Por eso lo citó a Aimé Césaire, abogado por la descolonización, que defendía a los negros de la marginación, el abuso y el maltrato. De la privación de sus derechos y de su libertad. Los que votaron a Macri piensan q somos “blancos”. Una cultura “blanca”. No negros. Desean la (suenan con esa) “blancura”. (“no seas negro… o cuando aclaran, no digo “negro de piel”, sino de “mente”, esto es: un negro “cabeza”, cabeza de “negro”) No asumir su “negritud”. Milagro Sala está presa por eso. Porque no queremos ser lo que ella es/representa: negra. Lo que se apresa y se encierra no es solo (nunca) una persona, como dijo Durkheim. También se apresa y encierra un concepto, un modelo (“de negro, -mujer negra- piquetera, indio”, etc.) Por los que se piensan q son más “cultos”. Mas “blancos”. Con más derechos. Q los indios. Q los negros cabezas. Se apropian de la cultura/de la (su) tierra. (de allí la importancia de las imágenes de Piovano) Pero después niegan una parte. La borran “de la foto”. (la parte oscura) De la imagen que se forjan de su propio país. De su propia “cultura”. En ese modelo una mujer negra como Sala “no cierra”. Una mujer india, que cuestiona al poder, debe estar presa. (Pamela David quería una familia “rubia” en la casa rosada) Debe ser encerrada. No es casual lo de Sala. No lo es. Es mucho más profundo y simbólico que lo que parece. Es un resumen. Un eje “cultural”. Blanco sobre negro.  Encerramos y castigamos la negritud. También la encerramos (contra todas las recomendaciones de los organismos de derechos humanos) por ser negra. Y lo hacemos en nombre de nuestro “progreso”. De volver a estar en el “mundo”. De ser “civilizados”. De “prosperar”. De atraer más “inversiones”. Encerrando/controlando/ a los “negros”.

Celebramos también la valiente y muy certera carta de Human Rights Watch, valiente ONG, a través de su titular, José Miguel Vivanco, al Gobierno Argentino, siguiendo los pasos de lo ya marcado por Amnistía Internacional, la ONU, la OEA y el CELS. El país incumple el debido proceso.

Escribe el titular de HRW: “Los argumentos planteados por su gobierno en respuesta a la decisión del Grupo de Trabajo sobre el caso de Sala no resultan convincentes. El 3 de diciembre de 2016, su excelencia manifestó que ‘a la mayoría de los argentinos nos ha parecido que había una cantidad de delitos importantes que se habían cometido por parte de Sala’. Este comentario resulta verdaderamente desafortunado. En una sociedad democrática, los derechos —sobre todo aquellos fundamentales como el derecho a un juicio justo y a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial—son una garantía frente a la voluntad de las mayorías, y no pueden quedar sujetos a la opinión circunstancial de la población.”

 

Por una renovación del diálogo político

Por una renovación del diálogo político

Vivimos en un país donde a una amiga de mi tía la hicieron bajar de un ascensor en el Patio Bullrich por preguntarle a Graciela Alfano si se había acostado con Massera. Los guardias del shopping la hicieron bajar a ella. No a Alfano. (Y por orden de Alfano, sencillamente) Massera recibió un doctorado honoris causa. Una historiadora que pertenece a la Academia Nacional de la Historia (eso son muchos historiadores, los que luego nos impugnan desde su ser „imparciales“, y „objetivos“, no cómplices oscuros del horror „histórico“, sino participes de un relato „neutral“, palaciego, puro, que sucedió muy cerca de ellos) en plena dictadura le dice a una joven investigadora, (como Laura Carlotto, nieta de Estela, madre de Guido, que era estudiante de Historia, además) que compungida le cuenta „ayer vinieron a buscar dos personas a la noche, se las llevaron“, a lo que obtuvo como respuesta de parte de una Historiadora, que daba clases en la universidad que condecoró a Massera y hoy forma aun parte de la Academia Nacional de la Historia Argentina (del saber del “método” objetivo, del “rigor” académico), „usted, Marta, siempre condoliéndose por todos“. (Y necesitamos, si, una historia capaz de „condolerse“ por todos, una Historia que se „conduela“ no por una parte, sino por todos, no una historia con recortes, con agujeros vacíos, con desaparecidos. Abelardo Levaggi, amigo personal de aquella historiadora, que aun vive, (“eran amigos”, hacen una “historia” muy parecida, dictan clases con valores semejantes, con recortes que se parecen) diciendo en el doctorado de la UBA-Derecho, delante mío, mientras daba clases de derecho indiano, que David Vinas, a quien yo defendia y era amigo de Duhalde, naturalmente, „era un rojo“. Lo que esa palabra quiere o puede significar. Sobretodo durante el Proceso. „Vinas era un rojo“ porque denunciaba el genocidio del indio. Nada más. Eso lo hacía „rojo“. Como bien dijo el Papa, „me dicen comunista“. Acaso el Papa sea hoy el mayor líder de izquierda que tenga el país, la región y el mundo. Solo el. Que desayuna con mendigos. Que sabe que en ellos, y solo en ellos, está escondida la palabra (“sincera”, el “sinceramiento” real) secretamente el rostro de Dios. Sus manos. Su mirada. Hay un genio del cristianismo, como dijo Chateaubriand, enorme poeta. Hay una ética cristiana. Bastante depende de ese gran hombre que es el Papa Francisco. Otro, como diría el macartismo,(para el cual todo lo que huela a progresismo, a poder de crítica, es) „comunista“. (Preferimos modelos como Ted Sorensen, abogados como él, no hace falta proclamar ninguna ideología extrema, no hace falta ser Marat en un púlpito, alcanza con defender modestamente, como dijo Juan Guzmán en Chile, ciertos derechos “en serio”, de modo firme, lo que dice la Constitución: eso ya es un enorme programa humano, un enorme paso, un excepcional y exigente camino político, todos tienen derechos a una educación de calidad, a una vida digna, a salud pública, a una casa: algo básico, derechos económicos, sociales y culturales, directamente “operativos”, sin peros, sin decir que son derechos pero “no se pueden ejercer” por el momento: un derecho que no puede ser ejercido -“por el momento, dada la falta de “recursos”- no es aún entonces, aunque la Justicia no lo entienda, un derecho, es -hasta que pueda ser ejercido, hasta que llegue ese “momento”, donde los derechos se imponen a los costos “fiscales”- una vaga promesa) También Obama decía „ya no soy el musulmán musculoso y socialista que solía ser“. Obama no es Fanon. Pero con todo ha hecho bastante. Ha enfrentado muchos lobbys poderosos. La gente pobre no sabe lo que es el sushi. Por eso hay que „retocar“ esa foto. Show político. Lo del sushi es otro episodio más de una política que avergüenza. (que borra la parte de la foto que molesta, da igual: un plato de comida caro, un nombre, una idea, se “borra” lo que “molesta”, lo que “incomoda”) Uno de los objetivos esenciales de toda democracia es generar un debate político. En la medida en que los debates desaparecen, se desdibuja también el sentido civil de la vida (política). El sentido democrático. Sin diálogo político, sin ejercicio práctico de nuestros derechos civiles, la democracia se desvanece. Es una cáscara. No una práctica: apenas un nombre. Una apariencia de vida civil. Pero no es más que eso: una apariencia. El marketing es enemigo de la democracia, porque inhibe el centro de los debates y la participación, poniendo en el lugar de un programa una foto (una imagen) trucada. Algo falaz. Que no se sostiene. Que no puede sostener a la democracia. Buscamos generar un nuevo debate político, buscando nuevas categorías. Nuevas palabras. Nuevos valores. Queremos generar un nuevo lenguaje. Un nuevo diálogo intergeneracional, basado en ideas y programas, en principios y valores, no en imágenes falsas (no queremos „retocar“ nada, la política no puede ser „retocar una foto“, una imagen), basado en el reconocimiento crítico de nuestra historia reciente y no tan reciente. Hay que meter las patas en la fuente. Los fusilamientos de los basurales de José León Suarez. Los que allí murieron por defender trabajadores. El „aluvión zoológico“. Así nos denominaba el civilizado radicalismo. La grieta empezó allí. No antes. Cuando se empieza a llamar “animales”, “cabezas”, “grasas” (sobrante), “negros” al pueblo. La noche de las corbatas. La noche de los lápices. Estamos llenos de noches. De oscuridad. No podemos repetir los errores. El dogmatismo fue sin duda uno de ellos. Pero la ignorancia solapada de libertad de expresión no puede ser otro. El marketing no propicia verdades. No propicia programas. No propicia argumentos, no propicia nada constructivo. Solo vagas promesas. Futilidad. Es una forma de „conducir“ (detrás del ambivalente edificio de la „opinión“ pública, acaso debamos retornar, Horacio, a Platón, a separar la doxa de la episteme política) voluntades con artificios y artimañas. No con ideas. Con imágenes estudiadas para viciar (doblegar, y conducir a través de mentiras) la voluntad que se piensa „libre“, como diría Spinoza de la pobre piedra arrojada al vacío. Pero no con razonamientos claros, concretos, precisos. Con discursos articulados. Y esto porque el marketing es más fácil que la política, que requiere argumentos, formación, pensamiento. Es más fácil votar una imagen, repetir un slogan, que pensar por uno mismo. Es más fácil hacer empatía con una imagen (inverosímil, en una gigantografía con actores pagados), que pensar detenidamente, históricamente, conceptualmente, críticamente, en proyectos. Cuestionamos el personalismo y está bien, pero el marketing lo alimenta. Lo promueve. La política no personalista, que se aleja del culto a la personalidad, basa en programas, se aleja del marketing, necesita del debate. Tenemos que volver a leer. El núcleo duro de la nueva política es el mejoramiento continuo de la educación (pública); genuino sostén de la democracia: la educación. Sarmiento no se equivocaba en esto. Tenía razón: hay que educar. Hay que educar al soberano. Hay que educarlo para que aprenda a ser libre. Para que aprenda a ejercer sus derechos. Para que los reconozca como tales. Sepa cuáles son. Qué historia tienen.

Finalmente, quiero agradecer a la ex presidenta que comparta y haga propio un texto de mi autoria (Las ideas no se matan, algo que también escribió Sarmiento desde su exilio en Chile) para responderle al ex director de la Biblioteca Nacional, el sociólogo Horacio Gonzalez, su escrito (Por fin llegó el conductismo, en alusión al lugar creciente que ocupa el marketing político en la sociedad argentina y latinoamericana y acaso mundial, en obvio desmedro del debate político de ideas, en obvio desmedro de la cultura). En segundo lugar, reconocer al Diario La Nación, único medio masivo que con valentía no se limitó a la „noticia“, sino que subió la carta completa que compartió y resaltó la ex presidenta, única forma de promover un debate cultural genuino y profundo de ideas entre todos los argentinos. No hubo recorte. El debate no tiene nada que ver con la obsecuencia, otro de los males de la política. No seamos obsecuentes. La obsecuencia y el maniqueísmo, (de un lado y del otro, propio y ajeno, en el peronismo y el oficialismo) aunados a la superficialidad y la banalidad del mal político, causan estragos. Inhiben el diálogo. Nos dejan sin dirigentes de peso. Sin ideal. Es importante debatir, generando un diálogo político concreto y prolífico. Hoy ese debate está ausente. Las consecuencias las paga nuestra cultura. Nuestra sociedad (llena de alambradas „culturales“ por todos lados nos topamos con un alambre, con un recorte, con un vacío, con algo que se omite, que no se informa, que no se “termina” de decir, como decía Cortázar). Nos falta siempre algo para poder comprender. Ver la imagen completa. Por eso estamos siempre “pendientes”, ese es el truco: el día que se vea la imagen completa, (que el pueblo abra los ojos), no “compra más” los espejitos de colores. Las supuestas “noticias”. No solo una parte, que es lo que nos vende el mercado: recortes de noticias, fotos „trucadas“. No ideas. No ideales. Mario y el Mago: Thomas Mann. Asistimos a eso. Estamos hundidos en múltiples juegos de prestidigitación. Son tantos y tan permanentes que ya no los vemos. Están metidos tan adentro de nuestra cultura, tan adentro de nuestra palabra. No podemos advertirlos. Están por todos lados: radio, prensa, televisión, lenguaje, publicidad, comida. Separar la paja del trigo. Ver el fondo de la cuestión. Tiene mucha razón Gonzalez en una cosa que me dice en su primera respuesta: el macrismo senala a su propia máscara, para que veamos que lo que hacen ellos no es „magia trucha“, como las otras, es „la verdadera magia“. No esconden el marketing. Lo hacen, (y lo celebran) como el mago Cipolla, sin reparos. Sin tapujos. Sin ningún tipo de pudor: todo pintado de amarillo en seudo-obras que no conducen a nada y a la vista de todos: mueven todo de lugar. No hay „obra“. No hay trabajo de nada. Hay movimiento. Encantamiento. Prestidigitación. Mover las manos. Mover y volver a hacer una y otra vez lo que no necesitaba obra. Plaza Francia. El Teatro Colón. Nada más. Es todo una simulación de trabajo. Una apariencia (de “cultura” “blanca”). Carteles. Y más carteles. Doce meses para cambiar dos adoquines. Pero lo importante no es eso: es el enorme cartel. „Va a estar bueno“. La promesa. El encantamiento. Mientras llueven actores al Colón, Al Paccino, Depardieu: Lopérfido. El grupo sushi otra vez, borrado urgentemente de la mesa. Prestidigitación El juego de prestidigitación decadente en que se ha convertido, por ausencia de debates e ideas, nuestra cultura y nuestra política. Nuestra televisión y nuestro periodismo. Hasta nuestro deporte. Esto necesita un corte. No una continuidad, sino una ruptura con lo „actoral“. Lo primero es salir de la apariencia. Dejar de aplaudir las sombras vanas y vagas del fuego. Romper con eso. Salir. Y usar nuestros propios ojos. Dejar las máscaras blancas. Usar nuestra piel negra. Nuestro propio lenguaje “negro”. Embarrado. Sucio. Oscuro. No blanco. Basta de máscaras blancas: basta de ardides de “cultura”. Basta de promesas. Basta de simular (querer ser) lo que no somos: Estados Unidos o Europa. El Teatro Colón, dirigido por Lopérfido, no nos representa. Pero tampoco Manguel. Al Paccino, Depardieu, son todos pequenos Cipolla. Haciendo encantamientos en el teatro para la clase ilustrada. O que presume de serlo. La clase “pensante”. Para la clase „culta“. Los que consumen el “arte”. Nosotros somos parte del „aluvión zoológico“. Inculto. Esa es nuestra bandera. Nuestra piel. Nuestro lenguaje. Nuestra poesía. Gianuzzi. Juan L. Nuestro ideario es una cosa „de negros“. No de „blancos“ cultos. No. Es una cosa de „grasa“ „sobrante“. No un corazón duro.

El Diario La Nación, por otro lado, sube un texto que lo interpela, que hace preguntas, que no es cómodo, que se vincula incluso a Papel Prensa, al Obelisco de Pan Dulce, al Proceso. Y eso habla bien, muy bien, del Diario y de la prensa que por fin se interroga críticamente, (da un paso) que asume su responsabilidad en la historia política de los argentinos. Hay grandes pasos que a veces no se ven como tales. Que no se logran terminar de ver. Hay que decirlo. Bien por La Nación, naturalmente subiendo ese texto crítico porque antes lo hizo la ex presidenta (Texto Las ideas no se matan) Es un enorme paso y como todo paso, merece destacarse. Porque es la única forma de construir mayor pluralismo. Un pluralismo real que no se observa hoy –con el cierre de medios críticos disidentes, el recorte en ciencia y derechos humanos, con un ministro de cultura que reivindica los fusilamientos de la revolución libertadora- en la vida política argentina. La cultura no nace nunca de los Fusiles. Nace de la palabra de la tierra. que cultivamos. Heaney. las manos en el suelo. los huesos aun están vivos. Para La Nación no es fácil subir un texto que concluye haciendo alusiones al Proceso, al incumplimiento (en ese momento crítico) del deber de informar; el medio se debate en un lugar difícil, como la red O Globo en Brasil. Pero al subir esa nota asume, en parte, una responsabilidad política histórica de primer orden (que no ha sido reconocida por ningún medio). Y se suma al debate. No es menor. Es único el camino. Porque también nos permite dialogar con sus lectores y con quienes no piensan como nosotros. Nos permite realmente (solo así) construir una democracia anclada en la deliberación. El Diario La Nación de ese modo parcial se suma al debate. Ni tienen por qué hacerlo y de eso se trata el diálogo político, que es menester reconstruir entre todos los argentinos. Dijo Franz Fanon, en Los Condenados de la Tierra, (otro “comunista”) que el objetivo esencial de la política es señalar lo que no quiere ser señalado. Lo que prefiere permanecer oculto. De lo contrario, la política cae en el servilismo distractivo. (Tenemos demasiados políticos serviles, empleados, como muchos sindicalistas, del poder que dicen que cuestionan, genuinos „delegados“ en doble comando, „mediadores“ más que „representantes“, „gestores“ más que líderes políticos, usurpadores de un espacio y una bandera que ya no representan, poniendo impunemente en sus despachos la cara de una mujer como Evita, que dio todo lo que podía dar) Y no hay nada peor que un político servil, cómplice (o un vocero moderado) del poder en todas sus formas. Un político que no incomoda, que no alza su voz, que no abre y despierta las conciencias adormecidas de los ciudadanos, que no “forma”, que no “educa”, no es un buen político. Es un cómplice. Un eslabón más. Goethe decía que la tarea de todo buen gobierno es educar. Puede ser. La tarea de la política es una: incrementar el (interpelar al) pensamiento. Generar conciencia. (Consciousness raising) Generar derechos. El servilismo mata a la política. La priva de todo sentido. Muchos creemos que el camino cultural recién empieza. Es un camino que transitamos y necesitamos transitar juntos como un colectivo, sin egos. (y sin etiquetas) Porque nosotros sí somos del otro bus, del “colectivo” en serio. El colectivo de verdad, en todos los sentidos de la palabra “colectivo”. Por eso es correcto que la ex presidenta, como dijo el Diario La Nación, „no detalló“ el nombre del autor de la columna. Que no me nombre. Está perfecto. Pero es normal que no lo entiendan. Cristina no tiene por qué. De eso se trata. De ser un colectivo verdadero, genuino, entre todos. No una carrera de egos. No un bus falso al costado de un camino. Lo que importa es el colectivo. No uno. No ser actor. Sino el pensamiento colectivo. (da pena, antes y ahora, como muchos se matan por un cargo, es lastimoso y sucede en todos los partidos, incluso en quienes fueron ministros y ahora parecen salidos de un no-lugar, embajadores sin pasado) El proyecto colectivo. El ego es una ficción. La política necesita mayor compromiso. No vanidad. La vanidad conduce al espectáculo. A la auto-celebración. A la endogamia. A la falta de ideas. A la falta de pluralidad. El marketing alimenta los peores rasgos de la vida política: porque depende de ellos. El marketing promueve la estigmatización política, porque depende de una estructura maniquea, donde el otro (aquel a quien nosotros llamamos la Patria) no tiene derechos.
Felicitaciones pues al Diario La Nación por reconocer un interlocutor nuevo. Por no recortar la carta. Por subirla completa. Felicitaciones por promover un debate. No el silencio. Es la única manera de hacernos grandes, como personas. Y como país. Es la única forma de crecer. Devolverle a los argentinos una vida política basada en principios. Basada en ideas. y en Ideales. Necesitamos un estriberón. Un paso firme. La única manera de ser libre, decía Henry Thoreau, es desobedeciendo. No repitiendo siempre los mismos discursos y esquemas sino pensando. La crisis y la crítica van juntas. „Pensar es fácil, actuar es difícil, actuar según se piensa es aun más dificil“, decía Goethe. Y tenia razón. Esa frase de Goethe puede ser un norte de toda acción política, un ideario romántico: actuar según se piensa. No borrando el sushi de una foto. No hay que recortar. Hay que dejarlo! (Por eso lo borran, por eso „retocan“ la foto, porque el sushi mismo, en esa mesa, los avergüenza, y bien los medios que mostraron una vez más la contradicción latente en la que vuelve a caer –acostumbrada a la imagen retocada, a distorsionar la verdad, a manipular contenidos- la vieja política, que muestra una mesa vacía cuando está llena, una vez más, la mesa vacía es la mesa de los pobres, la del jubilado que mata el hambre con un mate caliente en soledad, la del chico sin derechos que camina quince kilómetros para ir a la escuela en Salta mientras Urtubey se saca fotos en la revista Gente, en Venecia, como si fuera gobernador de Basel, no de Salta); le piden a los jóvenes que sean transgresores, aquellos que nunca han transgredido nada, lo que se „ve“ puede ser falso, ser verosímil, no real, puede ser simple marketing, photoshop: un engano deliberado a la sociedad argentina) “Negociados” de espaldas a la sociedad. El Papa es un mejor ejemplo. Alza su voz en favor de los no favorecidos, de los migrantes, del medio ambiente. De la integridad. No pretendemos mucho, queremos debates obligatorios y concursos para acceder a los cargos públicos, queremos rendimiento y compromiso, queremos transparencia. Queremos formación e ideas: que el Estado sea un lugar de excelencia y servicio al país, no de uso y abuso, no de „blanqueo“ para familiares (máscaras blancas, no piel negra) queremos que la sociedad abra sus ojos y se haga cargo. Basta de máscaras blancas. De „familias rubias“ como dice ominosamente Pamela David. Piense por sí misma. Tenga un gesto voraz por lo concreto. Sea intransigente e intrínsecamente libre en sus derechos, como dijo Eguren. Queremos seguir la tradición de abogados católicos, humanistas, cristianos, admiradores de Rousseau (un pensador igualitario), y comprometidos con su país como Mariano Moreno. La vida política nace con las ideas y las ideas (desobedientes) nacen con la transgresión y el compromiso. No en la pasividad. Sino en el compromiso. El Derecho es Acción. No teoría. Nuestra tarea es simple: darle voz a los que no la tienen. A los olvidados. A los excluídos. A las mujeres. A los indígenas. A los desplazados. A los negros. A los que migran. A los „cabecitas“. A la „grasa sobrante“. A los que “sobran”. No queremos tener el corazón duro de los hombres cultos. No queremos terminar siendo un Prat Gay. No. (no brindamos, como Sabato, cuando muere nadie, ni cuando murió Videla, no necesitamos ver llorar a las mucamas mientras descorchamos una botella, Sabato, no necesitamos eso para “ver”, para “entender” lo que pasa, por qué lloran, o pensó que la verdad del dolor humano y tan “negro” estaba en sus libros?) A los que van por el „pancho y la coca“. A todos ellos representamos. A los que no pueden pagar un abogado. No retocar una foto. No „retocar“ nada. Ser lo que somos. No terminar en la mesa de Mirta. Prat Gay se rie de la grasa que „sobra“, de los que van „por un vaso de coca“ a un acto, pero son mucho mejores que los que votan para hacer negocios privados fabulosos, „blanqueos“. No es distinto. Eso también es un „pancho y la coca“. Y tiene menos necesidad. No son vulnerables. Por eso su responsabilidad es mucho mayor. También la responsabilidad de lo que se dice. Que un ex empleado de J P Morgan tilde al pueblo de „grasa sobrante“, de gente que “sobra”, es un gesto (y un lenguaje) autoritario y despreciativo que no toleramos ni vamos a permitir en democracia. No se lo vamos a permitir a Prat Gay, sencillamente, faltarle el respeto al pueblo, tildarlo de “grasa” que “sobra” (como bien dijo la ex presidenta en la misma mesa de Mirta, cuando muy pocos se hubieran animado a hacerlo, en plena campana: “por haber así murió mucha gente en la Argentina”, acaso la más grande frase de la ex presidenta, la más lúcida y oportuna: Prat Gay, cuide más sus palabras, cuide más sus lenguajes, respete al pueblo, escuche también mucho más a Lavagna, Roberto Lavagna es acaso de una de las grandes figuras políticas que aún tiene -desaprovechadas, porque en todo caso Lavagna debió haber sido el candidato, no Massa, no Urtubey, sino Lavagna mismo- el país) siendo un empleado financiado de Loma Negra. Lo convocamos a un debate de ideas, firme y genuino, sin golpes bajos ni estigmas, sin etiquetas (“K o anti K”) sin otro fin que no sea la clara exposición de argumentos, si se atreve. Sacar lo mejor de la Universidad. El lenguaje importa y mucho. Defender los derechos de los que ni siquiera saben qué es un derecho. Una casa. Un hospital. De eso se trata la política. No de ir a lo de Mirta Legrand. No de saber si Scioli tuvo o no una amante hace treinta años. No de sacarse fotos con modelos. No de jugar en todos los partidos, como Lousteau. (A Louestau, a Prat Gay, a Urtubey, los convocamos, sí, a un debate de ideas) De eso se trata la democracia. De defender los derechos que algunos quieren conculcar. De no resignarlos. „El misterio del Sushi borrado“, es como el bus falso de Mauricio Macri o las fotos de Urtubey en Venecia, mientras la gente padece el hambre en su propia provincia: marketing político (lo que algunos tienen la caradurez de llamar „sinceridad“, el costo del „sinceramiento“, cuando nada es menos „sincero“ que el marketing político, nada). No palabra. La política no es un espectáculo. No. Dos caras de lo mismo. Tenemos que conferir a las masas, frente al phososhop y las fotos retocadas, frente al „truco“, (nadie imagina al papa „trucando“ la foto de su desayuno con mendigos en su cumpleanos) frente a la inconciencia que generan en las masas los asesores de imagen extranjeros, (una máscara blanca, una prestidigitación) con poco amor por la Argentina, „el gesto voraz por lo concreto“, como decía Fanon (en Los condenados de la Tierra). Ese gesto no está en las revistas de corazones, está en los escritos de Moreno. (La Intransigencia nos da poder, decia Eguren) Hay que leer a San Martín, a Mariano Moreno, a Sarmiento. A Scalabrini Ortiz. Hay que animarse a gestos como el de la ex presidenta en la mesa de Mirta: gestos morales. Gestos que a veces no dan votos, pero nos dan valor. Nos dan principios. Gestos que no son “Marketing”. Son realidad. Hay que volver a ese país. A las ideas. A la libertad. Hay que leer el hombre mediocre, de José Ingenieros. Hay que leerlo. Al compromiso. No por el photoshop. No hay que borrar el sushi. No hay que contratar un bus. Sino por lo concreto. Concreto es el pan en tu mano. Concreta es la silla de ruedas en el hospital. Concreta es la camilla. La pared. Concreta es el aula. Por el compromiso. Los argentinos tenemos una historia. Ese „gesto voraz por lo concreto“ que menciona Fanon, en ese libro prologado por Sartre, supone en el pueblo la anulación dolorosa pero firme de toda fantasía política, de toda veleidad, el vencimiento de toda imagen. De todo sueno. De toda máscara. Es lo que somos. Lavagna advierte con mucha precisión lo errático de la actual gestión económica. Nos conduce al precipicio. Al desempleo y el hambre. A la entrega. Otra vez. Lavagna fue un gran ministro. Un error tal vez haya sido no saber unificar en las diferencias los matices que tiene un movimiento valioso como el peronismo, con su base humanista y social, de justicia social sobre los más desposeídos. Lavagna es un exponente valioso. Como Gines Gonzalez García, otro valioso. Como Taiana. Tenemos que liberar al pueblo de toda promesa. De todo engaño. (el truco es simple: primero decir que „el país es rico pero se roban todo“, luego llegar y decir „se han robado todo, no queda nada, nos tenemos que ajustar“) Un silogismo básico que esconde lo esencial. Propaganda. Publicidad. Entrega. No desarrollo. Debemos privarnos de todo sueño (de dejar de ser lo que se es: un pueblo negro, con máscaras blancas, una Colonia, como dijo Pino En la hora de los Hornos, una colonia que se solaza –pobremente- con volver a serlo). De toda promesa. Necesitamos una política en la que ya no haya que prometer más nada. La legitimidad debe emerger de un diálogo transparente, sincero. De ideas. De consensos no imaginarios, sino políticos, de metas y trabajo colectivo. En la que se acabe el oportunismo constante que representan todos o casi todos los actuales „dirigentes“, que pasaron por casi todo el arco político, en busca siempre de un cargo. Ministros, luego embajadores, gobernadores que pretenden ser presidentes sacandose fotos de su luna de miel en Venecia. No. Eso no es la política. Eso no es el peronismo. Venecia o el sushi: no son el pueblo. no lo representan esos gestos desamorados y superficiales. Tan poco elegantes. Tan “blancos”. Tampoco trucar una foto. Eso no es la democracia. Eso no es la cultura. Eso no! Hace bien Tinelli en reirse del “bleff” de la foto del sushi fantasma. Tiene razón él. Necesitamos una cultura  sin alambradas, (donde el chiste sea reconocido como tal, como hace bien Tinelli, que no pretende ser un “líder serio”, sino un conductor televisivo, y el humor, como mostró Dario Fo, puede ser esencial en una democracia, puede desenmascarar también, como decía Franca Rame, su mujer, a los poderosos, dejarlos sin su máscara blanca, y sus etiqeutas contra los “enemigos del pueblo”, que no son sino los que instrumentan el saqueo, y no los que lo denuncian! como hace creer el marketing, que es funcional a todo lo apátrida, haciéndole creer a los argentinos, al pueblo argentino, que quienes se la juegan en su nombre son quienes lo están robando! y no al revés! ) en la que baste con decidir no ser colonia. Ser un país independiente. Que no le miente a su pueblo. Que defiende sus intereses. Que rediscute a fondo sus “deudas”. (Que hasta el fallecido Atilio Alterini tachó de injustas e ilegítimas, usurarias y mezquinas, „promesas de inversiones“ que jamás van a llegar, no llegaron antes, no van a llegar ahora, nunca; privatizando en manos del pueblo negociados espurios, privados, que vienen de lejos, estatizando deudas privadas, mientras se reproducen las sociedades fantasma, off shore, para fuga de capitales, de divisas, financiadas con deuda para el Estado argentino, en una estafa escandalosa al pais, que aun necesita ser nombrada, comprendida, juzgada, informada, analizada, desarmada, para evasión de impuestos, y con qué autoridad moral nos habla un Estado, un partido, un presidente, de un „blanqueo“ de capitales, ese „blanqueo“ ilegítimo de familiares y amigos, muchos investigados en Alemania por movimientos sospechados, hizo muy bien Nelson Castro en señalar esto: la autoridad moral no se gana con los votos, se gana y se construye con actos) Hay muchas cordilleras enormes todavía que tenemos que cruzar. La de San Martín fue la primera. Un país que no se pone de rodillas. Que conoce su pasado y está orgulloso de él. Necesitamos un nuevo periodismo. Una nueva ética periodística que acompañe el mejoramiento argentino. El renacer de una cultura, que el país si supo tener. Pero esta vez sin desprecio al pueblo. Por el pueblo. No sin el. Una cultura inclusiva, no de elite. Sino por el pueblo y para el pueblo. Sin excluidos. una cultura para todos. No para el teatro colón. No una cultura  blanca (mascaras, como el carnaval de Venecia, un carnaval “culto”, de elite) para el que pueda “pagarla”. Una cultura como en los versos de Cesar Vallejo, heraldos negros, anti coloniales. Una cultura con sus poetas. Los poetas dicen la voz popular. No la hora de la espada. No la poesía de Borges, Lugones. No. La de Joaquín Giannuzzi, la de Jacobo Fijmann, la de Juan L. Ortiz. Esos son (nuestros) poetas. No Borges. No una cultura „anti negros“, anti „grasa sobrante“. No una cultura del Teatro Colón, de Depardieu y Al paccino. No. No una cultura ciega. (blanca) Llena de bastones. De sueños que sueñan y vuelven a soñar con la rosa de Coleridge. NO! Eso no es „culto“. Eso no es la „cultura“. es un espectáculo menor. Burdo. Para solaz de la clase pudiente (mascaras blancas). Privilegios. No derechos. Desigualdad. Una forma de injusticia disfrazada. Elegante. („estar en una verdad… diría Victoria Ocampo, pero qué dice Victoria Ocampo de los fusilados en los basurales, de los negros „cabezas“, ella, que era amiga de Bioy, de Borges, qué dice de eso?, esas vidas no valen? No cuentan?, no valen lo que valía la pluma ciega de Borges? Amamos a Borges. Pero sabemos perfectamente quién fue. Una nueva cultura para una nueva democracia. Nuevos debates. Partidos con idearios. No dirigentes con photoshop. No más sushi. Más ideas. Más palabra. Más transgresión. Menos espectáculo. Más principios. Más compromiso. (Algunos nos preguntamos si a ciertos dirigentes, que dirigen provincias con enormes indices de pobreza y desigualdad, con Cortes que legitiman la violencia de género y la opresión „cultural“ „culta“ de las mujeres indígenas, la máscara blanca, la cultura blanca, la “cultural defense”, la plata blanca, no se les cae la cara de vergüenza de sacarse fotos en estancias lujosas, jugando el juego de la élite, para la cual, con la panza llena, la política es eso: un mero espectáculo, fotos en revistas del corazón, un pasa tiempo de domingo, una revolución de la „alegría“. Pero hay otros, mudos, „negros“, muy poco „alegres“, para quienes es casi una falta de respeto mencionar las palabras „costo“ del „sinceramiento“, con el rostro endurecido por la pobreza, la panza con hambre, los ojos con cicatrices, a los cuales en esto que estamos diciendo se les va la vida. Y a ellos, solo a ellos, nos congregamos. A los pobres. A los humildes. (no queremos ser „buenos“ escritores, queremos ser „sus“ escritores, la voz de ellos que no saben que carajo es una „palabra“ „culta“) A los que no tienen nada. Porque la política está para servirlos sobretodo a ellos. A los que les han sacado todo. No para blanquear capitales o fundar sociedades off shore (mascaras blancas, Fanon, piel negra) en las Islas Bahamas, escudándose luego de ese acto tan poco transparente (tan poco „blanco“) y tan poco moral, en que todo está „perfecto, es todo legal“. Eso no es la política. No queremos más marketing, no queremos más máscaras blancas, y cultas, mas colonialismo, más entrega, más silencio, y más hambre. La ley „omnibus“ también tiene problemas éticos. La política va más allá de lo „legal“ del Derecho, Presidente, la política debiera ser siempre más. No menos. La política debiera ser un ejemplo. No un escudo “legal”. No „legalismo“. „está todo perfecto“? Sociedades off shore en paraisos fiscales para lavar dinero, y está todo perfecto? Es es el ejemplo que nos da a los argentinos? Cómo se explica esa perfección? Eso es lo que se esconde detrás del marketing: la hipocresía. La política no se escuda en el legalismo (Singer, otra cara de la misma moneda “legalista”, pero que esconde una injusticia y un actuar no ético, aunque “legal”, como el título de deuda soberana, para tenedores no minoritarios, que absorvieron toda la pérdida, en una responsabilidad de mediadores financieros, bancos, que aun no fue juzgada, porque el FMI le pidió a Duhalde que derogara urgentemente, en medio de la peor crisis social y economica que vivio el pais, la ley de subversion economica, una ley que el organismo jamás había cuestionado! y de repente le importó mucho! a cambio de “inversiones” que nunca habrían de llegar, y es bueno recordar que el expresidente se opuso a derogar esa norma, que era un “requisito” sine qua non del FMI, un requisito infame, en medio de una  crisis profunda, para luego soltarnos la mano, hay que tener memoria, mucha memoria: corralito, fuga de capitales, y el FMI luego creando una Oficina de Evaluación Independiente, OEI, para “informar” lo que “pasó”, pero no encontró “nada grave”, solo no haber recomendado más firmemente a la Argentina ir más “a fondo con las reformas estructurales”) cuando un acto (como una sociedad familiar armada para evadir impuestos en un paraíso fiscal) vale más que mil imágenes retocadas. Que mil discursos complacientes y serviles. No hay asesor de imagen capaz de tapar el sol con la mano. Capaz de borrar o salvar esto. Durán Barba no tiene peso en Alemania. Por suerte. La justicia en Alemania es un poder independiente. y Seguro. El silencio abroquelado en algún momento se rompe. Alconada Moon nos dijo una vez que el Diario La Nación no eran todos dinosaurios verdes. Y estamos viendo que también allí hay gente muy valiosa. Lista para el debate. Y la cultura. Pero muchos periodistas parecen incapaces de decir lo que estamos viendo: el papelón de que nuestro mismo presidente (el de Islandia, por lo mismo, renunció) figura como presidente de sociedades off shore abiertamente organizadas en paraísos fiscales (como las bahamas o Panama) para evadir impuestos. Para hacer un fraude al Estado. Para no pagar. Para lavar capitales. Eso es un delito. Además de una severa falta ética contra el principio de probidad y transparencia que debe regir todo acto de la Administración Pública. Probidad y Transparencia parecen palabras de otra galaxia. No debería ser así. Luego su padre se hace cargo, pero rápidamente otro papelón: un decreto para exceptuar familiares (padres, y hermanos) de la prohibición de „blanquear“ (máscaras blancas, Fanon) capitales. Pienso en los negros del Chorrillo en Panamá. Que sabrán ellos, con su piel negra, de esto. de estas sociedades “fantasma”. De esta plata. De estas „máscaras blancas“. La evasión es un delito y un problema moral. En Alemania yo en persona le pregunté en un acto hace un mes al Presidente de Panamá qué pensaban hacer para generar mayor transparencia. Se quejó de las “ocurrencias del periodismo” (por el nombre de la investigación, “Panama” Papers. Aun así respondió enumerando medidas de “transparencia”, una materia que es una deuda pendiente en la Argentina, que insiste con sus “blanqueos”, con sus “capitales”, con sus “promesas”, con sus “máscaras blancas”, de blancura, de capitales blancos, de teatro colón con actores blancos, como Al Paccino y Depardiu, que además nos da clases, el, otro que eligió Rusia para no pagar impuestos en Francia, de moral política, de formación, de “lectura”) Es no aportar al Estado. Máscaras blancas, no cultura. Es no creer en él. (Borges: el argentino no se identifica con el Estado, ese es nuestro pobre individualismo, no otro, sino ese) Para „blanquear“ luego a los familiares de funcionarios: máscaras blancas. El marketing es una máscara „blanca“. Piel negra o máscaras blancas. Política o marketing político. No podemos elegir ser colonia. Tenemos que elegir ser un país soberano. No podemos elegir ser blancos: tenemos que elegir ser negros. No se le puede pedir a los argentinos que repatrien su dinero, si las máximas autoridades del país se han dedicado -durante décadas- a hacer lo contrario. En la política hay una sola manera de predicar, como dijo muy bien el ex presidente de la Amia en un acto en el Museo Judio de Berlín en 2010, donde estuve: con el ejemplo. Hay que dejar de lado las máscaras blancas. Hay que animarse a ser „negro“. A asumir lo que somos. Lo que representamos. No somos „blancos“. No tenemos que aspirar a ser lo que no somos. (nos han dicho que el actual embajador en Panamá se jacta en los actos de “no saber inglés”, es realmente gracioso eso para el personal valiosísimo, de carrera, del servicio exterior de la Nación Argentina? en el ISEN la gente se prepara para defender al país, no para solazarse en su ignorancia ramplona, Del Sel: esto también es faltarle el respeto, en este caso, al personal diplomático, de carrera, que se forma y estudia, con esfuerzo y dedicación encomiables) Tenemos que aspirar a ser un país conciente (y libre) de sus derechos, de sus recursos, de su presente. hay que formarse. No relegarlos a cambio de falsas promesas de „civilización“ e „inversiones“. Nunca llega el progreso prometido. No podemos vender el país por monedas. No podemos regalar nuestro espacio, nuestro suelo: nuestra cultura. Nuestra historia. Nuestra palabra. No necesitamos que vengan “actores” al Colón, a reproducir la “cultura” de elite. La cultura es otra. Entregar nuestros recursos, sobre-endeudando al Estado, es una (muy) mala manera de (volver a) estar „en el mundo“. Y mientras eso sucede distraer al pueblo “culto” con actores “blancos”. En el Colón, el mismo lugar donde se hizo el foro de inversiones. Y encima es siempre a través de una falsa promesa. De un globo. De espejitos de colores. Cipolla. Thomas Mann. Ninguna empresa viene a „invertir“. Vienen a hacer dinero. Es muy poco lo que los hombres „invierten“. Casi siempre vienen a sacar, a llevarse algo. Ya lo vio Ezequiel Martinez Estrada, poeta, director de la SADE, (hay que leer su Radiofrafía de la Pampa). Foros en el Teatro Colón, conjunción hoy de superficialidad e incultura. Paul Singer es el único que ganó las elecciones. Ganó. Es el único beneficiado. Singer y Duran Barba. Y quienes fugan divisas en paraísos fiscales. CEOS. Logró volver a poner al país en un lugar humillante y humillado, colonial, del cual debe salir. Nos piden que celebremos la humillación y la entrega: no podemos. No podemos estar „felices“ porque sabemos. (Y porque como dijo Aristóteles la felicidad no tiene nada que ver con el consumo, tiene que ver con la virtud…) Y va a salir con la conciencia y la enorme dignidad del pueblo argentino. No con el marketing político. Hay que dejar de lado las máscaras blancas (photoshop) que nos vende y ha vendido Europa. No recortamos solo el sushi. Hay que senalar. Recortamos un pedazo de nosotros mismos. De nuestra historia. Recortamos nuestra identidad. Eso es lo más grave. Recortamos nuestro lenguaje. Y ponemos en su lugar una máscara. Una máscara blanca, de capitales “blanqueados”, de actores blancos, en un Teatro blanco, un monumento a la blancura. Plaza Francia y Teatro Colón. Más no. Las ideas fuera de lugar, como dice Roberto Schwarz, no casualmente, junto a Cardoso, fundador de la teoría de la dependencia en Brasil, en una conferencia sobre medio ambiente. Cardoso escribió sobre esclavismo. Y Brasil tomó un rumbo distinto con él. Hay que asumir el color de nuestra piel. El marketing político es una máscara blanca y vacía. Otra más. Como el sushi borrado de la mesa de San Martín o Tigre. Máscaras blancas que ocultan (que quieren ocultar) nuestra piel negra. Que nos ocultan, nos enseñan a recortar, a no a ser „orgullosamente argentinos“; sino el país „más europeo“ de America del Sur (como si ser de America del Sur no fuera suficiente mérito) y hacer (querer) ser lo que no somos. Seamos libres, que lo demás no importa nada. Europa. América. Marketing. Convocamos a todos los que proclaman la nueva política a un debate de ideas. A renunciar al slogan y la imagen. A proponer programas, doctrinas e ideas. Nosotros también hemos visto llorar a muchos hombres por la indignidad con que se los entregaba. Y se los entrega también hoy. Se los sigue entregando. Hay que volver a leer a Mariano Moreno. Gracias a la ex presidenta por tomar la carta y gracias al Diario la Nación por reproducirla completa. Sin recorte. Sin photoshop. Sin mentir. De Frente.

(Sigo pensando, estimado Horacio, que el tema de las máscaras „blancas“ parece ser –hoy- el primer tema de nuestra política: qué hacemos con eso, con esas máscaras que nos hemos ido poniendo los argentinos, que nos han ido vendiendo, unas sobre otras: contamos muchas, las llamamos „progreso“, „cultura“, „desarrollo“, (no vemos agrotóxicos en nuestra tierra, vemos apenas “granos”, talleres clandestinos, no vemos lo que hay detrás de esa “ropa” que nos ponemos, con esa vocación –„culta“ „blanca“ y marketinera- por el recorte y el „truco“ en la foto, el show off y la escena escenificación sin sustancia), donde el mentado „progreso“ muestra otro rostro menos amable y menos dócil. Menos lindo. Chicos con malformaciones. Indígenas presos o desplazados. En nombre de la “conquista”. del “desierto”, del “progreso” “industrial”. Que nos arrasa la tierra y nos deja una tierra sin luz. Como mostró el gran fotógrafo Pablo Ernesto Piovano en su serie de fotos El Costo Humano (“era impresionante caminar por esas calles y toparme a cada rato con las víctimas”). Son víctimas mudas. del Desarrollo. Ese “costo” nadie lo ve. No se “sincera”. No estamos haciendo nada por “ser sinceros” con eso. Nada. No lo estamos “sincerando”. La revista Rolling Stone y Página 12 lo subieron. Pero quedó ahí. Como tantas cosas que quedan “ahí”. Nuestra meta es asumir eso. Todo lo queda siempre “ahí”. Para que deje de estar “ahí”. Y se haga discusión política. En serio. Sin diálogo político. Sin principio. Sin debate. Y sin ideal. Así estamos. Parados en la tensión entre el marketing vacío y la política: entre la propaganda “que vende progreso” y los ideales en serio, única manera de progresar, de un modo sustentable, equitativo, igualitario, y justo) Cuidar el medio ambiente, respetar (y reparar) a los pueblos indígenas, es respetar nuestra historia. Nuestra Identidad. Nuestro Suelo. Nuestra vida. Y nuestra cultura. Nuestro presente y nuestro pasado. Hay que ver más las fotos de Pablo Piovano. Ese es el “costo humano” que hay que “sincerar”. Esa es la verdadera reparación. La verdadera imagen. La que no oculta niega ni recorta nada. No hay actores. Hay chicos que sufren de verdad. Su sufrimiento es concreto. En eso tenemos que empezar a “ser más sinceros”. Eo es lo (el verdadero costo) que debería “sincerarse” estimado Prat Gay. El costo humano. Mire esos rostros. Mire -háblele- a esos chicos. Que lo demás no importa nada. Camine esas calles. Tópese con eso. Sincérelo. Dígalo. Hagamos política con la verdad. No tomando aviones, yendo de un cocktail a otro más “elegante” que el anterior, compitiendo en viajes con Louesteau, a ver que “tasa” consigue para endeudarnos. No vaya al Teatro Colón. Abandone las máscaras blancas. el teatro. Los centros financieros. El financierismo, como dice bien Ffrench Davis en Chile. El Teatro Colón y su elegancia. Yo no fui a buscar en 2014 a una mujer que en su momento amaba y valoro mucho a un casamiento porque no quería mancharme. Manchar mis manos. No con ella, que es una mujer muy valiosa. Y está sola. (Como muchas mujeres, independientemente de su estatus social, de su nivel de pertenencia; Catherine Mackinnon tienen razón, muchas mujeres son castigadas no por lo que hacen, sino por lo que “son”, por el mero hecho de serlo, de ser mujeres, de nacer mujeres, de alzar su voz de mujeres independientes: una mujer independiente es una mujer libre, como dijo Storni, y nuestra cultura muchas veces no quiero eso ni lo tolera: mujeres en libertad: esa “libertad” la pagan mucho más caro que los varones, muchas cosas que se tolera al hombre no se tolera, nunca, a la mujer, su libertad también política se recorta, su vida misma enfrenta y padece debajo de otros cánones, y otros códigos) Sino con lo que rodea la superficialidad y la pretendida “cultura” de ese casamiento “elegante” y “blanco”. Elegí que no. Menos Borges, menos Victoria Ocampo. Menos Al Paccino. Y Menos Depardieu. Menos futileria. Menos vestidos elegantes. Menos máscaras blancas. Menos adorno “culto”. Más verdad. Menos Teatro Colón. Menos vestidos largos. Más cultura no blanca. No elitista. Menos máscaras blancas. Más Pablo Piovano. No Depardieu. Menos banalidad. Más realidad, más sufrimiento en la “imagen”. Vamos juntos? Más formación. Y más compromiso. (Venis a buscarme!? No.No puedo, realmente no puedo) No más máscaras blancas. No más fotos con recorte. No más bus al costado del camino. No más. Basta de truco. De ilusión de “progreso”. de recorte, de Mentira. Más desayunos con mendigos. Menos marketing, más ética. Cada uno sabe cuál es su mejor modo de ser ético. De comprometerse con algo. De tender una mano. La política tiene que abandonar el show off, que se la está tragando de a poco. Basta de fotos. Basta de nombres propios. Colectivos de verdad. No de mentira. Un proyecto colectivo. No un bus falso. No una ley “omnibus”. Más Poesía. Más palabra. Más Pablo Ernesto Piovano. En todo caso: la verdad está en esas fotos. En esa imagen. Sin truco. Sin recorte. Descarnadamente real. Una imagen que duele mucho mirar. Esa es la imagen que nos entrega nuestra argentina. esa es la foto. esa es la dolorosa verdad. la dolorosa no trucada ni recortada imagen. Esa. Pablo Ernesto Piovano. No Depardieu. No más máscaras blancas. No más “cultura”. (blanca, sino manos negras, ennegrecidas) Alpargatas sí. Libros (esos “libros” de los hombres “cultos” que extranjerizan todo y no ven el dolor aberrante que tienen delante de su cara y sus ojos) no. Necesitamos otros libros. Otra cultura. Otra imagen. Pablo Piovano. Esa imagen es la cultura argentina. Porque esa imagen nos refleja a fondo, bien, en todo. Nos dice lo que muchos se empecinan en no decir. Una verdad incómoda. Y muchas veces terrible. Que cuesta ver. Hay que mirar las fotos de Pablo Piovano. No las fotos e imágenes trucadas de Durán Barba en la calle. Sino las otras fotos. Las fotos reales. Las que dicen algo. Las imágenes verdaderas. Las que no hacen marketing. Pero dicen algo en serio. Algo muy importante, que nos compromete y nos duele: esos chicos no son actores. Sufren de verdad. Necesitan “política” en serio. Compromiso “político”. Ideales de verdad. Prensa en serio. Democracia en serio. “Cultura” en serio. Valor. Pablo Piovano nos brinda una imagen real. Una imagen que no es una máscara blanca. Sino una forma de la piel negra. De nosotros. Esos chicos no son “cultos”, no van al “teatro colón”, son “grasa” sobrante. Son excluidos. No son blancos. No hablan. No pueden hablar. Nadie los deja. Nada en ellos es “marketing”. Es todo “costo”. Pero las de Pablo Ernesto Piovano son las únicas imágenes que vale la pena ver. Reconocer. Y Asumir.

Frente a las falsas imágenes (del marketing, del bus, del sushi fantasma, de la luna de miel en Venecia, de los focus groups, del coaching, etc): hay que hablar de las verdaderas imágenes (de la política). De las que no admiten recorte. De lo que no se retoca. De las que duele (mucho) mirar. Tanto que a veces hay que correr la vista. Pero las de Piovano no son imágenes fáciles. Son imágenes verdaderas, incómodas. Por eso. Son las imágenes de la democracia que cuesta mirar. Cuesta abrir los ojos. Cuesta saber. (Por eso a veces preferimos el marketing, es más simple no mirar, “no saber”, ser “derechos y humanos”, ser “cultura blanca”, ser “blancos”, no “Negros”) Cuesta actuar según se piensa. Cuesta mucho. Pero el resto no es acción. Es marketing. Es un círculo vacío. Es un truco. Una mentira. Un paso en falso. Un falso diálogo. Una máscara blanca que oculta nuestra piel. Nuestra realidad (negra, nuestro lenguaje “negro”, nuestra voz). Nuestros chicos con malformaciones en el norte argentino. Son nuestros. No son extranjeros. Son argentinos. Ocultamos esto con el marketing, miramos para otro lado: un falso bus, lleno de sonrisas, un falso pasajero. En vez de tocar timbres, hay que ir al norte argentino. Hay que ser más “sinceros”. Hay otros “vecinos” que esperan que alguien toque a su puerta. Una puerta olvidada. Por todos. o Casi todos. Hace falta mucho esfuerzo para “tapar” lo que pasa. El marketing hace eso: ese “esfuerzo” estéril (improductivo, aunque eficaz) por distraer la atención, distraer la mirada. Poner los ojos y las mentes en “otro tema…” Otra cosa. Pero nunca donde hay que mirar. Por eso el bombardeo constante: para que no haya ni un instante de pensamiento. De soledad. de Silencio. de reflexión. de retiro. Por eso no puede haber interrupción. Por eso nos bombardean con “noticias” a diario que no nos dejan ver el hilo de lo que pasa. Mejor las fotos de Pablo Ernesto Piovano. Mejor esa Argentina dolorosa (real) sin más máscaras blancas “cultas” re-trucadas. Imágenes de verdad. Verdaderas. Construir desde abajo. Desde la verdad. No desde el marketing. Sino desde el compromiso sin corte ni recorte, sin excluidos ni platos que se borran de una mesa. Gracias Pablo. Por mostrarnos esto. Este costo “humano”. En esto en que estamos siendo tan poco “sinceros” con nuestro suelo, nuestra cultura y nuestra historia. Nuestros orígenes. Nuestros indígenas. Nuestro campo. Nuestro país. El marketing es una trampa ciega para la democracia. Por eso habla mal -reniega- de la “política”. Porque nos quiere no pensantes. No “políticos”. Mientras se roban el país. No es complejo. No es la primera vez. El poder no quiere una juventud pensante, crítica, haciendo “bardo”. (Hasta eso han hecho, la “política” es mala, el “bardo”, es malo) No siendo poetas. Porque hacer “bardo” es, significa hasta etimológicamente, hacer poesía! Hacer Palabra. Ser poetas. Eso es hacer “lío”. El poder no quiere poetas. Ya lo dijo Apollinaire: no habrá más poetas. No habrá más poesía. Habría marketing! pero no habrá más pensamiento. Estamos a tiempo. La política está a tiempo de parar esto. Puede no enmudecer. Puede aún decir algo. No creativos publicitarios, sino hombres con ideas e ideales. Hombres de letras. Hacer no marketing, sino cultura, empoderar en lugar de vender candidatos como envases de supermercado, voto-consumo no, voto ideal, el consumo es privado, la política no, no se pueden comparar ambas cosas, como hace Fidanza, consumo para mi, pero el voto no es para mi, es también para los otros, para lo colectivo, lo público: la política no es el consumo privado. es algo mejor. Por eso los candidatos del marketing (blanco)hablan mal de la política (negra, “corrupta”, y “baja”, polis, res pública, República): porque la polis-política (paideia, virtud) nos remite a otra cosa: a la Palabra, y al honor político que el marketing niega con sus falsas imágenes y trucos y envases “privados”. (Piense en la ambivalencia de la palabra “privado”, “privar” a los otros, la política es exactamente lo inverso Fidanza, es exactamente lo contrario de lo que usted dice, la analogía que propone no funciona, es inmoral) Al compromiso que se construye con las ideas de verdad. A una juventud que no se vende (“grasa que sobra”). Que se compromete. Que se “politiza”.(que hace “bardo”, o como dijo el Papa, que hace “lío”, que prioriza a los pobres, no a los ricos, que visibiliza la desigualdad y las injusticias que se cometen, que pide una sociedad más justa, más libre, y más igualitaria, más democrática en serio, que habla donde no se puede “decir”) Que elige la transgresión concreta. No el marketing vacío. Que elige la Palabra. La política nace con la palabra y sobretodo con la palabra que se pretende acallar. No dejar que se oiga. No con la imagen trucada o el sushi fantasma o la luna de miel en Venecia. Esa es nuestra lastimosa dirigencia. tenemos los argentinos que resignarnos a esto? Está esto en linea con lo mejor de nuestra historia? No. Ni Bossio, ni Massa ni Urtubey encarnan la renovación del peronismo. Pero ese es un asunto menor, casi secundario, frente a lo que estamos diciendo. Pablo Piovano. Necesitamos más imágenes reales. No (más) imágenes vacías. Necesitamos imágenes de verdad. No marketing. Necesitamos medios que sean verdaderos agentes de un debate que aún no se ha dado. De ese debate (del nivel de profundidad del mismo) depende el futuro de nuestra política, y también de nuestra cultura. Nuestra Palabra. Los medios pueden elegir: marketing o debate cultural y político. Alambradas culturales y mediáticas, o democracia, isegoría e isonomía: el derecho y también el deber de hablar. Ambas cosas es imposible. O debatimos. O seguimos haciendo propaganda. El marketing nos quiere sordos y mudos: votando como si la democracia fuera una góndola, un supermercado, y los derechos, un mero envase. Por eso nos aturde con imágenes falaces. Con actores que simulan un compromiso y unos ideales que no tienen. No podemos votar la simulación. La política no es un reality. Pero el marketing tiende a eso. Trump no es una casualidad. No es una accidente. Es una tendencia. Un resultado. La ex presidenta ha dado un gran paso. Y le agradecemos mucho por eso. Por elegir debatir, transgredir. Decir las cosas. La República necesita ideas e ideales. Imágenes sin recorte. Una historia “completa”. Sin recortes, Todorov: sin abusos. Sin aspectos borrados. Porque el abuso está en el recorte. En lo que no queda dicho. Eso es abusarse. Eso es soberbia: recortarle la realidad -y la mirada- a los argentinos. Trucarles la foto. Mentir. Más Pablo Piovano. Menos Marketing es más verdad. Hay muchos costos humanos que aún no estamos viendo.  Hay muchas cosas que el marketing nos tapa, que no quiere que veamos. Las fotos de Pablo Ernesto Piovano, por ejemplo.

En lugar de la alta „cultura“ (blanca) y el teatro, el marketing, el marketing vacío con sus imágenes irreales y sobre-actuadas, (mejor) ver las fotos de Pablo Piovano, esa piel „negra“. Esa imagen real. En lugar de seguir alimentando las máscaras blancas, el marketing blanco, la alta cultura blanca, elegante, en lugar de seguir alimentando “el teatro” en todas sus formas, la piel. La piel negra. La cultura. El compromiso. No hay que parecer. No hay que retocar. Hay que bajar del escenario. Alcanza con abrir los ojos.

En lugar del marketing, en definitiva, hay otras imágenes que podemos mirar. Otra palabra. Otra forma de hacer la cultura.

El pensamiento critico no es un valor negativo, aunque así lo presenten ciertos filósofos oficialistas. El pensamiento crítico es la quintaesencia de la vida en democracia. Y el fundamento de toda educación verdaderamente libre y liberal. Universal. (de allí el concepto de “universidad”, para que se escuchen todas las voces, en un espacio “universal”, abierto, no cerrado) No se puede ser feliz de otra manera. Sin pensamiento crítico no puede haber vida en democracia. No puede haber vida política sin libertad. Por qué le molesta al filósofo que a los chicos se les desde ensene temprano a descubrir las trampas que les tiende muchas veces la sociedad, la publicidad, el consumo, el marketing? Como nos vamos a defender de esos ardides sin el espíritu crítico, cómo? Nos llenan de marketing por un lado y por el otro nos proponen abiertamente que abandonemos el pensamiento? que el pensamiento critico es un valor negativo y no la ultima defensa que queda? Los chicos no tienen que ser “eficientes, capaces y productivos”, Rozitchner, tienen que ser libres. Y sin pensamiento crítico, no hay libertad. Para ser creativo, Rozitchner, primero hay que ser libre. Para ser “ingenioso”, primero hay que tener libertad. Piel negra, máscaras blancas. Necesitamos una educación para la libertad. No para el consumo. No para la docilidad sino para el entusiasmo (W. B. Yeats: “la verdadera educación no consiste en llenar el cántaro, sino en saber encender el fuego”) Necesitamos educar para la virtud. No para la “eficiencia”. Entre los asesores de imagen, Prat Gay, y los asesores “filosóficos” como Rozitchner, vemos un resumen del plan de gobierno: ocultar y negar la piel negra, llenando el mercado de máscaras blancas, de “blanqueos” de capitales, de funciones (“blancas”) en el Colón, de una educación “eficiente”, y blanca, con chicos “capaces y productivos”, (blancos, no los chicos de Piovano) sin grasa “sobrante”. Sin lugar, en definitiva, para los negros “vagos” que no quieren “aprender”. Porque primero necesitan ser reconocidos,Rozitchner, como personas, como sujetos con derechos. Ser libres. Ser liberados. Piel negra, máscaras blancas. Las fotos de Piovano. También eso es “educación” virtud “eficiente”, capaz de transmitir “entusiasmo”. También eso es “cultura”. Pero es elocuente que en su modelo educativo, en su idea de la educación, no figure una sola vez una sola palabra sobre la virtud. Ni una sola. Eficiencia, producción, “chicos eficientes y capaces”. No dice nada de si deben ser virtuosos. Pero no dice ni una sola palabra sobre la virtud, sobre el tipo de hombres (virtuosos o no) que serán esos chicos “eficientes”. No necesitamos autómatas. Técnicos. Necesitamos personas. Personas libres. Y conscientes. Abnegación. y Compromiso. No personas ciegas. Sometidas. Porque solo entonces serán personas “capaces”. Sin máscaras. Personas libres. Necesitamos sí un modelo educativo que no califique más a las personas. Necesitamos un modelo que no establezca jerarquías. Sino que transmita valores. Que enseñe a los chicos a ser virtuosos, hombres buenos, libres, generosos, y justos, no sólo a ser engranajes “productivos”. Recursos humanos. La educación tiene más que ver con la virtud que con la eficiencia. Entre Durán Barba y Rozitchner, entre Avelluto y Prat Gay, tenemos un resumen conceptual preciso de las “máscaras blancas” (marketing, modelo educativo para ser chicos “eficientes”, y “buenos”, reivindicando la libertadora con sus crímenes que generan anti-cultura blanca/eficiente y Prat Gay, pidiendo menos “grasa(s)” sobrante en el Estado y la sociedad. Un programa “Piel negra y máscaras blancas”. Así denominamos este “programa” cultural que nos propone el oficialismo: máscaras blancas. Colonización cultural y política. Y financiera. Un programa para condenados. No para sujetos libres. Los chicos necesitan libertad. Necesitan poder decidir. Conocer su pasado. Su historia. (que la historia no cause “sueno”, ganas de dormir…) Que no se decida todo por ellos, en su propio “bien”. Necesitan que no los conviertan tan rápido en “personas” (la etimología de la palabra persona viene justamente de la palabra máscara). Menos máscaras. Eso necesita la educación. Eso necesita la cultura. Eso necesita nuestra política. Puentes sí. Menos máscaras blancas. Menos “relatos”. Menos eufemismos de epopeyas crueles como “conquista” del desierto o “pacificación de la Araucania” en los libros de Historia. Digamos más. Más palabra. Más fotos como las de Piovano. Más realidad. Más historia. Más pensamiento crítico. No menos. No decir que el pensamiento crítico es un “valor negativo” al tiempo que se activa el marketing “blanco” y se vacía de sentido el debate y la cultura y se recortan áreas de ciencia y derechos humanos. Este programa de máscaras blancas/piel negra nunca fue tan visible en el país, tan ostensible: tan siniestro. Tan claro. Tan injusto. Nunca un plan así tuvo lugar en democracia. Nunca.  Tan poco condescendiente. No a los recortes en ciencia y derechos humanos. Una apuesta firme por la educación (y la política). Educar para la libertad, es educar con entusiasmo. Porque nada apasiona más al hombre que el deseo de ser libre. Que dejar de ser esclavo. Platón. No lo recuerda? No nos proponga la caverna (el marketing ciego, sombrío) otra vez. Ahora vemos lo que había detrás del marketing político de Durán Barba: el elogio repetido de la caverna (de Rozitchner). De un lado el marketing (mientras se recorta en áreas de ciencia y derechos humanos). Del otro nos dicen que no sirve (ya) pensar, que el pensamiento (crítico) es un valor „negativo“. Es mejor ya no pensar? Pensar (críticamente) es un valor “negativo”. Cuesta creerlo. Cara y cruz, de las sombras de la política. Los convocamos a un debate sobre la educación pública y sobre la vida política. Un debate abierto. No cerrado. Porque nadie “sobra”. Todos tienen algo para decir. Nadie es „grasa“ sobrante. Nadie. Ningún argentino „sobra“.

Piel negra, máscaras blancas.

Las ideas no se matan

 Las ideas no se matan

Quiero responder con esta columna al estimado sociólogo Horacio Gonzalez: si lo vimos. El „macaneo“ del macrismo se vio venir antes de los timbres: con los globos. Con esos globos vacíos. Con esas falsas promesas. Con ese color amarillo copiado del liberalismo conservador alemán (FDP), partido precipitado en crisis. Con ese color amarillo de pro(segur), empresa que vende seguridad privada, ante la crisis de todo lo que provenga de la esfera „pública“, de la res publica. Porque ni los colores son casuales: el amarillo (amarillismo) de las radios que promueven en los taxis el sensacionalismo-amarillismo (estigmatización/linchamiento) constante. El no dialogo político.

„Seguramente pasarán muchos menos para que una verdadera movilización de las fuerzas culturales, humanísticas, críticas, analíticas, científicas y tecnológicas del país, reaccione con argumentos novedosos y congregantes ante estos macaneos vergonzosos, al gusto de una nueva clase de lúmpenes-empresarios. Hay que decirles que están secas las pilas de esos timbres que van a apretar“, afirma Gonzalez.

El falso „bus“ donde Macri simula estar con „pasajeros“ de verdad, es un resumen de su política comunicacional: demagogia y simulación. Vender mentiras. Puestas en escena. Globos de colores. Mise en Scene: lo único que podemos hacer desde la cultura para contrarrestar esto, estimado Horacio, es apelar a lo único que sabemos hacer: frente al marketing y el vaciamiento de las ideas y los debates (el vaciamiento de la palabra, de la noción de deber civil, frente a la banalización constante del compromiso político, frente a la banalización de la militancia), responder con la cultura, la palabra, la poesía: la política. Volver a situar el discurso político como discurso develador de verdades incómodas y criticas con el verdadero poder, aquel que como dijo Saramago, es invisible, no se muestra, y no va a elecciones. Nadie lo elige y no se hace ver: y no le gusta que lo nombren. Que lo señalen con el dedo. Y eso fue lo que se hizo durante una década: mostrar lo que no podia ser mostrado (el verdadero poder detrás del poder formal), juzgar lo que no podia ser juzgado, decir lo que estaba prohibido mencionar. Volver más democrática la cultura y la sociedad, visibilizando poderes que condicionan nuestra vida, pero no se hacen ver, no se dejan ver, no van a elecciones. Mostrando al pais la verdad. Hacerlo tiene un costo. Nada es gratis. Nada es fácil. La gran victoria de la oposición mediática fue precisamente esa: no haber enhebrado un discurso consistente propio (que no tienen), sino haberle quitado valor, espesura, „peso ético“ y moral a nuestra palabra. Nos han robado la palabra. Y lo han hecho de un modo muy sencillo, ya estudiado por Ibsen y las neurociencias: la estigmatización. Con la estigmatización lograron proscribir e imponer el silencio, renunciando a todo debate politico. (Hay honrosas excepciones en todos los medios, gente digna que aun intenta debatir, dialogar, decir verdades incómodas) Reemplazando la palabra politica (que ponia y puso esos poderes en cuestión, los nombra, los desvela en los dos sentidos de la palabra, en una ambigüedad sugestiva) por el marketing y el „managment“, por el „coaching“ de ocasión de gurues extranjeros. Gonzalez olvida una pata importante de la propaganda pro-amarilla-globos vacios: la estigmatización a priori del que piensa diferente. Una  vez estigmatizando todo lo „K“, el terreno arrasado queda listo para una verdadera puesta en escena, donde se desdibuja –desdibujada la palabra política- la linea tajante entre mentira y verdad. En el marketing nada es mentira y nada es verdad. En la política si. En el marketing la palabra no cuenta. No sirve. Se puede contratar actores para que simulen ser pobres pasajeros al costado de un camino en un bus rodeado de guardaespaldas. Esa escenificación es lo que se „ve“. Lo que tenemos que hacer, Horacio, como en el caso del Bus, es mostrar el „detrás de escena“, donde se esconde lo „falso“ (y a su vez verdadero: el verdadero poder, que usa, incluso al presidente, junto a los otros „actores“, como genuinos „títeres“). Mostrar donde están y quién mueve los hilos, incluyendo los hilos detrás del presidente, que es otro actor. Son todos actores. Por eso Duran Barba dice con razón que el „no trabaja para el gobierno ni el Pro“. Está por encima. La tarea es descubrir quien es el títere y quien lo mueve. Y para qué. De qué se trata el espectáculo que vemos. A donde apunta. Donde termina. A donde nos conduce. El presidente, en ese bus falso, no es el presidente: es un actor más. Son todos actores: pasajeros falsos y ministros „falsos“. Incapaces de decir la verdad. Lo único que nos queda es empezar un nuevo camino político y cultural, donde la palabra (la palabra prohibida, la palabra política, que señala a esos verdaderos poderes, que manejan los hilos) vuelva a contar. Vuelva a nombrar. Vuelva a mostrar. Donde la verdad vuelva a tener un sentido critico. Donde la mentira y la verdad no sean simples puestas en escenas, meros „relatos“.

Durán Barba simplemente Horacio, vio una oportunidad y la aprovechó. Vio que los medios no generaban debate, no generan conciencia: vio que podian ser funcionales a un candidato vacío, light, anti politico. Sin programa. Sin discurso. Donde todo es show. Donde todo es como el bus detenido: algo falso. Una puesta en escena. Un engaño a la sociedad. Una falsa promesa de “cambio” en lo que no se puede cambiar. Para luego hablar de que los pobres son “estructurales”, son “estructura”, y de que todos los planes para sacarlos del pozo y el olvido tienen un enorme “costo” fiscal, que no analizan a la hora de sobreendeudar al país en los centros financieros, que solo especulan, nunca producen nada. Fugan ganancias. Juegan con el hambre. Los medios tienen la capacidad de revertir esto, de advertirle esto a sus lectores. No lo han hecho. Ni antes ni ahora. Ni en dictadura ni en democracia se han atrevido a cruzar esa linea, a dar ese paso, que supone dejar la banalización, dejar el espectáculo, decir las cosas. (porque hacerlo supondría quedarse sin “lectores”, ese es el “precio a pagar”, dijo Rousseau: quedarse solo) Pero ser íntegro, tener unos principios. Ettiene de la Boetie ya lo vio en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria. Llamar a las cosas por su nombre. De eso se trata la política. El pan y circo no quiere que las cosas lleven un nombre. Prefiere que ciertos mecanismos queden invisibles y que la política sea “distracción”, show, mirar para otro lado. No donde hay que mirar, poner los ojos. No ver. Como con el obelisco de pan dulce, 1979: 30 mil muestras de pan. Eso comieron los paseantes. Eso era el “arte”. Hoy volvemos a re-discutir el número. Pero no lo que pasó. Lo tienen que hacer (nombrar) la cultura y la política. La palabra. La reacción es empezar por asumir el discurso prohibido. No desligarse de él, siendo funcional a la apatía política y la escenificación. Mostrar que lo verosímil (el diálogo de un presidente con pasajeros de un bus detenido en Pilar) puede ser falso. Un engaño deliberado y estudiado minuciosamente: organizar y estudiar la capacidad de mentir. Eso es el marketing. Eso no es la política.

 

Poesía y Derecho

Con Julián Axat, María Ester Alonso Morales, Aiub, Karina Theuer, Roland Spiller, Diego Morales, Mariela Belski, y muchos otros, pensamos que es posible construir un Derecho diferente, mucho más poético y mucho más humano. Este es el desafío que nos propusimos abarcar desde la poesía argentina: humanizar el Derecho, evitar que éste se siga deshumanizando, volviendo “técnica”, no Palabra. Juan Guzmán Tapia, hijo de un diplomático chileno y poeta (lo cual no es un accidente), cree que la memoria y la poesía, la justicia y la poesía, están indisolublemente unidos. Guzman nos decía en su casa en Santiago, en Providencia, mientras le mostraba libros de Tin Tin a Constantino, que temía que los abogados y jueces “serios” del país lo tildaran de “pendejo” porque a él le gusta mucho la poesía y han sido los poemas de Kipling (y no los libros de Derecho) los que le han dado valor en momentos oscuros, difíciles. Hombres en tiempos de oscuridad, como diría Arendt. Donde aparecen los hombres verdaderos. Guzman se leía a sí mismo el poema If, de Kipling, que sabe de memoria. Que aun recita. Que todavía sabe. Poesía y Derecho caminan juntos, no separados. Nosotros pensamos lo mismo. Pensamos que no hay Derecho sin Poesía. Pensamos que es en cierto sentido curioso y hasta ridículo que existan hoy programas de Poesía “y” Derecho, que se hable de “Literatura y Derecho” (como dos cosas a “juntar”, que pueden estar juntas), porque en rigor la Poesía “es” Derecho. “Es” la justicia. Su primera forma. Lo curioso no es que Poesía y Derecho se junten. Lo curioso es que durante mucho tiempo hayan estado separados, al punto de que hoy nosotros nos proponemos volver a unirlos no solo (aunque también) en la Academia. Poesía es Derecho. Es Jura Soyfer. Es Paul Celan. Volver al Derecho “humano”. Volverlo más humano. Más poético. Más libre. Más valiente. Más justo. Más imaginativo. Más sensible. Más Palabra. Capaz de ver -como dice Heaney- en los huesos olvidados. Este es nuestro objetivo. Meter las manos en la tierra. Meter las manos en la poesía. Meter las manos en el Derecho. Meter las manos en el barro. El antropólogo forense hace una labor que es poesía. Esos huesos hablan. Tienen voz. Porque la poesía no es “pura”. Es barro. Y el Derecho también. El Derecho es y esta(rá) siempre metido en el barro, tienen las manos sucias, no limpias. El Derecho tiene la necesidad (casi imperiosa, moral) de embarrarse, de estar no limpio, sino bien embarrado. El Barro es la quintaesencia del Derecho. (Por eso crucé el océano desde Alemania para sostener esa bandera en el 191 Aniversario de la UBA, más fácil era no hacerlo, quedarme en casa, cuando tuve el honor de sostener esa bandera, de ser abanderado, crucé porque no era “yo”, éramos todos, era Elisabeth Käsemann, eran los padres y los hijos, era Harald Edelmstam sosteniendo esa bandera conmigo, en mis manos) Descubrí ese dia que todas las banderas -menos la de Derecho, en el salón de actos inmenso- estaban limpias. Dos abanderados y cuatro escoltas por “unidad académica”, por cada facultad de la UBA, para presentar la nueva bandera. La bandera argentina y la bandera de la UBA. La (bandera argentina) de Derecho era la más sucia de todas, estaba gris, rotosa, hecha jirones. Gastada. Golpeada. Yo, muy tonto, recién bajado del avión de Lufthansa, le dije al edecán que nos ensenaba o mostraba cómo caminar por el salón le dije nuestra bandera “está sucia”. A lo que el hombre, Juan creo, que aun trabaja en UBA Derecho, me dio, en un salón contiguo del primer paso, la mayor lección que yo haya recibido en esas aulas de Derecho, una lección más importante y central para el Derecho que la que me haya dado cualquier profesión. Ese edecán, de San Juan, que controla los salones, me dijo, “vos, flaco, serás el abanderado de nuestra Facultad, el abanderado de Derecho, pero se más respetuoso, esta bandera que estás sosteniendo con tus manos es la bandera de Derecho”, esta bandera la tuvo mucha gente en sus manos, no importa si está “sucia”, me dijo. Llevala con mucho orgullo. Callé. Callé a un silencio profundo que todavía en cierto sentido tengo. Sigo guardando “ese silencio”. No otro. Sino ese. Ese dia comprendi que la bandera de Derecho no debe estar “limpia”, no puede estar limpia, no puede limpiarse, sino “sucia”, hecha jirones. Porque asi es el Derecho en la realidad concreta: un derecho “sucio”, no “limpio”, un derecho que debe meter las manos en el barro, no quedarse “limpito” y prolijito en la facultad, sin contactos con el mundo que se ve del otro lado, fuera de la ventana, (con el barro) que dan directo, en un costado, a las villas. La bandera de Exactas, de Arquitectura, de Filosofía, de Sociales, estaban impecables, blancas, relucientes. “Limpias”. La de Derecho no. La nuestra, de Derecho, no. No “relucía”. no estaba “reluciente”, no estaba limpia, sino sucia. muy sucia, muy desgastada. estaba rota. Ese dia entendi, gracias a ese edecan, que el derecho (el abogado comprometido, no formalista, el abogado que lucha contra los eufemismos vacíos de la diplomacia, que olvida a los hombres reales, de carne y hueso) debe ser “sucio” y desgastado, como esa bandera. Debe abrir las puertas que abrió Harald Edelstam, las puertas de la embajada sueca, no debe quedar nadie -nada- del otro lado de los barrotes, hay que saber usar la “bandera” que uno representa, saber llevarla, saber colgarla, saber usarla para defender a las personas, a los desposeídos, a los silenciados, a los sin voz, a los que tienen prohibida la Palabra) El Derecho no es ese sistema “puro” y limpio que se enseña en las Facultades. El Derecho es otra cosa. (mucho mejor y más libre) El Derecho es barro. Es poesía. Es un arte. Es voz. Yo sigo llevando conmigo la humilde pero firme ensenanza de aquel edecán el día que la UBA presentó su bandera oficial, en su 191 Aniversario, en un salón de actos colmado de gente. Me enseno a caminar, cómo caminar con la bandera, cómo sostenerla. Lo más importante lo aprendí de ese hombre, que aun sigue trabajando allí, en esos salones, cuyo nombre real ignoro. El debe ignorar qué ese abanderado en su propia Facultad, ese día tan trascendente, aprendió lo esencial (del propio Derecho) de él mismo.