La independencia Judicial y la política

La independencia Judicial y la política

 

Por Guido L. Croxatto

 

Los crímenes de lesa humanidad representan la escala más grave de delitos. Esto significa que quienes fueron condenados por ellos representan, de manera material pero también simbólica, debido a la gravedad y atrocidad de sus crímenes (cometidos desde el Estado), el mayor peligro para la sociedad. El castigo penal se justifica por ser ejemplificador. Por brindarle un mensaje claro a la sociedad respecto de qué está permitido y qué no: los crímenes de lesa humanidad (torturas, asesinatos, desapariciones, robo de bebes de modo sistemático, como probó la Justicia) configuran la escala más grave de delitos, de allí que la propia Corte Suprema haya declarado, hace más de una década, en un caso renombrado –que contó con la penosa y solitaria disidencia del extinto juez Fayt- la imprescriptibilidad de los mismos.

Existe un retroceso ostensible en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pero el mismo debe ser analizado, porque contiene aristas conceptuales vinculadas a la historia misma de la jurisprudencia del máximo tribunal, exponiendo una tensión entre paradigmas que no es nueva. El mismo comenzó –siguiendo conceptualmente la linea de aquella disidencia de Fayt, retomando, no por accidente, su mismo argumento sobre la soberania de la Nación- con las críticas a la preeminencia interna del sistema interamericano y de la vinculatoriedad u obligatoriedad para el pais de las decisiones tomadas por la Corte Interamericana de DDHH. En un escenario social y económico de recorte gradual de derechos sociales y humanos, no es casual esta avanzada jurisprudencial constante en contra del estandar de derechos del sistema interamericano.

En el caso Simon, de 2003, Fayt, que estaba a favor de conservar las leyes de obediencia debida y de punto final (declaradas entonces inconstitucionales por la mayoria del tribunal supremo) empleó el argumento de la soberania para afirmar que la Corte Inteamericana no tenia potestad para revisar y/o revocar sentencias del maximo tribunal argentino. Sin embargo, el Estado argentino incorporó con jerarquia constitucional –superior a las leyes- los tratados de derechos humanos, civiles, economicos, y politicos, entre los que se cuentan los tratados por cuyo respeto debe velar, precisamente, la Corte Interamericana. Es decir que el Estado argentino –del que el Poder Judicial forma parte, aunque muchas veces sus miembros lo olviden- es responsable ante ese organismo por las violaciones de determinados derechos reconocidos en tales instrumentos. De este modo, una interpretación constitucional (como la disidencia de Fayt) que conduce a lesionar derechos humanos y garantias, otorgando la impunidad a crimenes de lesa humanidad, choca con los parametros de la Corte Interamericana, que puede obligar al Estado argentino a perseguir penalmente a los autores de aquellos delitos atroces, dejando de lado una interpretacion constitucional equivocada o incompatible con aquel estandar de derechos. Entonces el argumento de la soberania de Fayt se resquebraja. En aquel entonces, el argumento no tuvo peso, porque fue minoria. Hoy, con la nueva composicion de la Corte, la situacion (el balance de votos) ha cambiado, cambiando entonces los parámetros de interpretacion constitucional. Este es el núcleo del retroceso jurisprudencial. Y no por accidente, en la nueva composición, en el nuevo escenario económico y politico, (y de incidencia jurisprudencial directa) la Corte ha comenzado por retomar, en el Caso Fontevecchia, hace pocos meses, el argumento de Fayt (cuyo trasfondo, no debe olvidarse, era convalidar constitucionalmente las leyes de impunidad, de obediencia debida y de punto final). De este modo, la Corte concluyó, retomando la linea soberanista, que el sistema interamericano –en las decisiones de la Corte Interamericana- no eran siempre vinculantes para el Estado Argentino, invirtiendo, de este modo, la doctrina que fue mayoría en la composición pasada del maximo tribunal, que a su vez fue el tribunal consistente con una jurisprudencia firme y ejemplar –reconocida en el mundo entero- de DDHH. Lo que se observa con el penoso fallo Muniz –que declara aplicable el 2×1 para caso de condenados por delitos de lesa humanidad- no es sino la mera „continuacion“ de un cambio jurisprudencial (retroceso político y jurídico) profundo, que ya comienza con el caso Fontevecchia, cuando, apartandose del sistema interamericano, , recortando su „vinculatoriedad“, la Corte Suprema retoma el argumento de la soberania nacional empleado por Fayt, cuando se pronunció en contra de reabrir los juicios de derechos humanos. Esto merece a su vez una lectura política más amplia, en un escenario de retroceso en materia de integración regional (en America Latina) y de derechos humanos en términos amplios (económicos, sociales, culturales), derechos que son recortados y afectados continuamente por las actuales politicas macroeconómicas. Estas politicas, precisamente, son incompatibles con un estándar alto de derechos humanos y sociales, como el defendido por el sistema interamericano, del cual nuestro máximo tribunal, discretamente, se aparta.

 

 

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El lenguaje de Eichmann en Jerusalén

„Ninguno de nosotros sabe ya cómo tomar las cosas. Hasta ahora, las noticias sobre el Terror (Ana Frank lo escribe así, con mayusculas) nos llegaban con cuentagotas“. Luego de esconderse junto a su familia en un altillo en Amsterdam, escapando del horror, Ana Frank fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el  2 de septiembre de 1944. Luego fue trasladada, sola, ya separada de su familia, a otro campo de concentración y exterminio, (Bergen-Belsen), donde finalmente murió, en 1945. El horror inenarrable (que ella, con tan pocos años, tuvo el coraje de poner en palabras) vivido por Ana Frank en Holanda y Alemania es un símbolo agónico del horror vivido por millones de seres humanos torturados, hacinados, quemados. El Holocausto. El Ministro de educación argentino resumió en la casa que lleva su nombre en Holanda, el Holocausto, con una vergonzosa frase, que lo niega y banaliza.

La mejor respuesta al vergonzoso gaffe del Ministro Esteban Bullrich en Holanda la puede dar la propia Ana Frank, cuyo diario indudablemente el ministro argentino jamás leyó, ya que si lo hubiera hecho, como pretendió su padre al publicarlo, Otto Frank, único sobreviviente, se hubiera compenetrado con el horror que trasunta aquellas páginas inocentes, de una chica asesinada a los quince años, (no solo cuyos „sueños“ quedaron truncos, toda una generación, un continente y una vida fueron „truncados“) hubiera repensado mejor la frase de ocasión -que sólo puede zaherir- que estaba diciendo:

Hoy no tengo que anunciarte más que noticias tristes y deprimentes. Nuestros muchos amigos judíos son poco a poco embarcados por la Gestapo, que no anda con contemplaciones; son transportados en furgones de ganado a Westerbork, un gran campo para judíos, en Drente. Westerbork debe ser una pesadilla: un solo lavabo cada cien personas, y faltan retretes. La promiscuidad es atroz. Hombres, mujeres y niños duermen juntos. Imposible huir. La mayoría está marcada por el cráneo afeitado, y muchos, además, por su tipo judío. Si eso sucede ya en Holanda, ¿qué será en las regiones lejanas y bárbaras de las que Westerbork no es más que el vestíbulo? Nosotros no ignoramos que esas pobres gentes serán exterminadas. La radio inglesa habla de cámaras de gas. Después de todo, quizá sea la mejor manera de morir rápidamente. Eso me tiene enferma“. Lo que Ana Frank, desde un altillo cerrado no ignoraba, es aquello que, en el siglo XXI, en el museo que lleva su nombre, parece ignorar el Ministro de Educación argentino.

„Sin embargo, no puedo dejar de decirte que cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor. Todo el mundo tiene miedo.“ Prosigue Ana Frank en su diario: „Los niños pasean por aquí vestidos con camisa y zuecos, sin abrigo, ni gorra, ni calcetines, y nadie acude en su ayuda. No tienen nada en el vientre, y, royendo una zanahoria, abandonan sus casas frías para salir al frío, y llegar a una clase más fría aún. Muchos niños detienen a los transeúntes para pedirles un trozo . de pan. Holanda ha llegado a eso. Podría seguir durante horas hablando de la miseria acarreada por la guerra, pero eso me desalienta todavía más. No nos queda sino aguantar y esperar el término de estas desgracias. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera… y muchos esperan la muerte.“

La infamia del Ministro es de tal gravedad que solo le quedaría un camino en un país digno y serio: presentar la renuncia. Banalizar el horror vivido (un ministro de educación que banaliza el genocidio nazi) por Ana Frank no debe engañarnos: es un espejo del negacionismo argentino, de hecho sucede en ese mismo marco, apenas horas después de la marcha del 24 de marzo. Las declaraciones vergonzantes de Bullrich en Holanda, en el museo Ana Frank, no son sino el discurso zahiriente sobre el „pasado“ que el gobierno replica en el país (y desestiman rápidamente las pobres pero rimbombantes intenciones del secretario Avruj, que dijo -en el mismo evento que Argentina hacia un papelón- que el país „vuelve a encabezar la lucha por los derechos humanos“, confesando, de paso, que la abandonó en algún momento; negando ese mismo horror en nombre de la „unidad“ y la „tolerancia“. (Si el „abandono“ fue precisamente la política de memoria, verdad y justicia que nos granjeó reconocimiento internacional, la inversión no podría ser más fuerte: la banalización del horror „nos devuelve al mundo…“) Es la misma retórica. No hay novedad. Lo que sucede es que al sacarlo del foco argentino, esos argumentos de impunidad y malicia de las declaraciones (Loperfido, Avelluto, Bullrich) nos sorprenden todavía mas. Porque nos permiten ver mejor lo que sucede en la cultura argentina, en nuestro propio suelo. Cuando Avelluto reivindica en Twitter los fusilamientos de la revolución libertadora, o Loperfido relativiza, como Bullrich en Holanda, la cifra de desaparecidos, aspiran, en suma, a una sola cosa, a minimizar el horror vivido en el país, triste forma de negarlo. Replicar esta retórica negacionista en Holanda expone los agujeros de la retórica oficial en Argentina, que busca –según dicen- desnudar el „relato“. En nombre de no se sabe cual „verdad“. La única verdad completa la escribió Rodolfo Walsh, el único escritor valiente que lanzo a la dictadura, cuando todos callaban, una carta que los medios no tenían el coraje de escribir. Walsh murió por eso. Pago con su vida su deber de informar a la sociedad. Los cómplices (que entonces callaron cuando tenían el deber de hablar), que continúan vivos, impugnan hoy su pensamiento. Y tienen el descaro de banalizan el horror nazi, como demostrando que la negación del proceso les queda „corto“. Que son capaces de ir por más en su lucha contra los „negocios“ (en un gobierno que reivindica los negocios y firma acuerdos comerciales y de intercambio cultural, precisamente) en derechos humanos. Avelluto reivindica en twitter los fusilamientos de la libertadora y es ministro de cultura. Bullrich minimiza el Holocausto, y es ministro de educación.  Hay una linea. Tal vez esos ministros argentinos deberían aprender de la corona de Holanda que impidió nada menos que al padre de la actual reina Maxima asistir a su casamiento. Avelluto podría dirigir sus argumentos conciliador-negacionistas, junto a los de Bullrich y Loperfido, banalizador y negacionistas respectivamente, a la corona de Holanda.

En un país serio Esteban Bullrich debería renunciar. En la Argentina, es ministro de educación. Nada menos. Insultar la memoria de Ana Frank banalizando, con una frase zahiriente, el horror vivido por ella en un altillo en Holanda (la casa de atrás) es motivo más que suficiente para demandar una renuncia.

La ignorancia es la base del mal. Y la peor cara del mal es, como escribió Hannah Arendt, cuando se lo banaliza. En este sentido, las declaraciones de Bullrich son aun más graves que el negacionismo-minimización del Proceso que hace Loperfido, porque no reniegan (Loperfido y Avelluto), con todo, de la gravedad de lo que sucedió, cosa que si sucede con las declaraciones lisongeras de Bullrich, que van un paso más adelante: ignoran el mal. Avelluto y Loperfido no lo ignoran: lo discuten. Bullrich directamente lo ignora, que es peor. Lo banaliza. Agraviar la memoria -banalizando el dolor, banalizando las circunstancias del horror nazi- de un chico es lo más bajo que puede “caer” un Ministro de educación. Y esa sí que es una “caída” de la educación pública. La más baja. Por algo el propio ministro no quiso divulgar el libro de Ana Frank en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires. Porque en toda la línea se viene gestando un trabajo de negación de la memoria. El lenguaje retórico que emplea Bullrich en Holanda no es casual. Es un producto rigurosamente buscado, un gesto estudiado, que en esa ocasión, por la distancia, se nos vuelve más visible. Más terrible. Más claro. Su lenguaje es el lenguaje de Eichmann en Jerusalén.

(Dijo Hannah Arendt, que „La incapacidad de Eichmann para pensar por sí mismo fue ejemplificada por su uso constante de “frases hechas y clichés autoinventados”, demostrando una falta agobiante de habilidades de comunicación a través de la dependencia de “lenguaje burocrático” (Amtssprache) y eufemístico de la Sprachregelung ) Frases hechas, clichés autoinventados, remarca Arendt durante el juicio. Cualquier coincidencia con el lenguaje político-(el marketing político) argentino contemporáneo (“frases hechas, y clichés autoinventados”), no es un accidente. Es una negación. El lenguaje de Bullrich es el lenguaje de Eichmann en Jerusalén: frases hechas y clichés autoinventados. Un lenguaje que infama la historia de Ana Frank. Su sufrimiento. Su historia. Su vida. Su dolor. Su palabra. Su sola presencia.  

Ana Frank

Ana Frank

Desde Alemania

 „Ninguno de nosotros sabe ya cómo tomar las cosas. Hasta ahora, las noticias sobre el Terror (Ana Frank lo escribe así, con mayusculas) nos llegaban con cuentagotas“. Luego de esconderse junto a su familia en un altillo en Amsterdam, escapando del horror, Ana Frank fue enviada al campo de concentración nazi de Auschwitz el  2 de septiembre de 1944. Luego fue trasladada, sola, ya separada de su familia, a otro campo de concentración y exterminio, (Bergen-Belsen), donde finalmente murió, en 1945. El horror inenarrable (que ella, con tan pocos años, tuvo el coraje de poner en palabras) vivido por Ana Frank en Holanda y Alemania es un símbolo agónico del horror vivido por millones de seres humanos torturados, hacinados, quemados. El Holocausto. El Ministro de educación argentino resumió en la casa que lleva su nombre en Holanda, el Holocausto, con una vergonzosa frase, que lo niega y banaliza.

La mejor respuesta al vergonzoso gaffe del Ministro Esteban Bullrich en Holanda la puede dar la propia Ana Frank, cuyo diario indudablemente el ministro argentino jamás leyó, ya que si lo hubiera hecho, como pretendió su padre al publicarlo, Otto Frank, único sobreviviente, se hubiera compenetrado con el horror que trasunta aquellas páginas inocentes, de una chica asesinada a los quince años, (no solo cuyos „sueños“ quedaron truncos, toda una generación, un continente y una vida fueron „truncados“) hubiera repensado mejor la frase de ocasión -que sólo puede zaherir- que estaba diciendo:

Hoy no tengo que anunciarte más que noticias tristes y deprimentes. Nuestros muchos amigos judíos son poco a poco embarcados por la Gestapo, que no anda con contemplaciones; son transportados en furgones de ganado a Westerbork, un gran campo para judíos, en Drente. Westerbork debe ser una pesadilla: un solo lavabo cada cien personas, y faltan retretes. La promiscuidad es atroz. Hombres, mujeres y niños duermen juntos. Imposible huir. La mayoría está marcada por el cráneo afeitado, y muchos, además, por su tipo judío. Si eso sucede ya en Holanda, ¿qué será en las regiones lejanas y bárbaras de las que Westerbork no es más que el vestíbulo? Nosotros no ignoramos que esas pobres gentes serán exterminadas. La radio inglesa habla de cámaras de gas. Después de todo, quizá sea la mejor manera de morir rápidamente. Eso me tiene enferma“. Lo que Ana Frank, desde un altillo cerrado no ignoraba, es aquello que, en el siglo XXI, en el museo que lleva su nombre, parece ignorar el Ministro de Educación argentino.

„Sin embargo, no puedo dejar de decirte que cada vez me siento más abandonada, que noto que el vacío crece a mí alrededor. Antes, las diversiones y los amigos no me dejaban tiempo para reflexionar a fondo. En la actualidad, tengo la cabeza llena de cosas tristes, tanto a propósito de los acontecimientos como por mí misma“. „Esta mañana me he sentido nuevamente conmovida por todo lo que sucede, de manera que me fue imposible acabar nada en forma conveniente. El terror reina en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esas pobres gentes, provistas tan solo de una bolsa que llevan al hombro y un poco de dinero. Estos últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños. Los niños, al volver de la escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al regresar del mercado, hallan sus puertas selladas; se encuentran con que sus familias han desaparecido. También les toca a los cristianos holandeses: sus hijos son enviados obligatoriamente a Alemania. Todo el mundo tiene miedo.“ Prosigue Ana Frank en otra entrada de su diario: „Los niños pasean por aquí vestidos con camisa y zuecos, sin abrigo, ni gorra, ni calcetines, y nadie acude en su ayuda. No tienen nada en el vientre, y, royendo una zanahoria, abandonan sus casas frías para salir al frío, y llegar a una clase más fría aún. Muchos niños detienen a los transeúntes para pedirles un trozo . de pan. Holanda ha llegado a eso. Podría seguir durante horas hablando de la miseria acarreada por la guerra, pero eso me desalienta todavía más. No nos queda sino aguantar y esperar el término de estas desgracias. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera… y muchos esperan la muerte.“

La infamia del Ministro es de tal gravedad que solo le quedaría un camino en un país digno y serio: presentar la renuncia. Banalizar el horror vivido (un ministro de educación que banaliza el genocidio nazi) por Ana Frank no debe engañarnos: es un espejo del negacionismo argentino, de hecho sucede en ese mismo marco, apenas horas después de la marcha del 24 de marzo. Las declaraciones vergonzantes de Bullrich en Holanda, en el museo Ana Frank, no son sino el discurso zahiriente sobre el „pasado“ que el gobierno replica en el país (y desestiman rápidamente las pobres pero rimbombantes intenciones del secretario Avruj, que dijo -en el mismo evento que Argentina hacia un papelón- que el país „vuelve a encabezar la lucha por los derechos humanos“, confesando, de paso, que la abandonó en algún momento; negando ese mismo horror en nombre de la „unidad“ y la „tolerancia“. (Si el „abandono“ fue precisamente la política de memoria, verdad y justicia que nos granjeó reconocimiento internacional, la inversión no podría ser más fuerte: la banalización del horror „nos devuelve al mundo…“) Es la misma retórica. No hay novedad. Lo que sucede es que al sacarlo del foco argentino, esos argumentos de impunidad y malicia de las declaraciones (Loperfido, Avelluto, Bullrich) nos sorprenden todavía mas. Porque nos permiten ver mejor lo que sucede en la cultura argentina, en nuestro propio suelo. Cuando Avelluto reivindica en Twitter los fusilamientos de la revolución libertadora, o Loperfido relativiza, como Bullrich en Holanda, la cifra de desaparecidos, aspiran, en suma, a una sola cosa, a minimizar el horror vivido en el país, triste forma de negarlo. Replicar esta retórica negacionista en Holanda expone los agujeros de la retórica oficial en Argentina, que busca –según dicen- desnudar el „relato“. En nombre de no se sabe cual „verdad“. La única verdad completa la escribió Rodolfo Walsh, el único escritor valiente que lanzo a la dictadura, cuando todos callaban, una carta que los medios no tenían el coraje de escribir. Walsh murió por eso. Pago con su vida su deber de informar a la sociedad. Los cómplices (que entonces callaron cuando tenían el deber de hablar), que continúan vivos, impugnan hoy su pensamiento. Y tienen el descaro de banalizan el horror nazi, como demostrando que la negación del proceso les queda „corto“. Que son capaces de ir por más en su lucha contra los „negocios“ (en un gobierno que reivindica los negocios y firma acuerdos comerciales y de intercambio cultural, precisamente) en derechos humanos. Avelluto reivindica en twitter los fusilamientos de la libertadora y es ministro de cultura. Bullrich minimiza el Holocausto, y es ministro de educación.  Hay una linea. Tal vez esos ministros argentinos deberían aprender de la corona de Holanda que impidió nada menos que al padre de la actual reina Maxima asistir a su casamiento. Avelluto podría dirigir sus argumentos conciliador-negacionistas, junto a los de Bullrich y Loperfido, banalizador y negacionistas respectivamente, a la corona de Holanda.

En un país serio Esteban Bullrich debería renunciar. En la Argentina, es ministro de educación. Nada menos. Insultar la memoria de Ana Frank banalizando, con una frase zahiriente, el horror vivido por ella en un altillo en Holanda (la casa de atrás) es motivo más que suficiente para demandar una renuncia.

La ignorancia es la base del mal. Y la peor cara del mal es, como escribió Hannah Arendt, cuando se lo banaliza. En este sentido, las declaraciones de Bullrich son aun más graves que el negacionismo-minimización del Proceso que hace Loperfido, porque no reniegan (Loperfido y Avelluto), con todo, de la gravedad de lo que sucedió, cosa que si sucede con las declaraciones lisongeras de Bullrich, que van un paso más adelante: ignoran el mal. Avelluto y Loperfido no lo ignoran: lo discuten. Bullrich directamente lo ignora, que es peor. Lo banaliza. Agraviar la memoria -banalizando el dolor, banalizando las circunstancias del horror nazi- de un chico es lo más bajo que puede “caer” un Ministro de educación. Y esa sí que es una “caída” de la educación pública. La más baja. Por algo el propio ministro no quiso divulgar el libro de Ana Frank en las escuelas de la ciudad de Buenos Aires. Porque en toda la línea se viene gestando un trabajo de negación de la memoria. El lenguaje retórico que emplea Bullrich en Holanda no es casual. Es un producto rigurosamente buscado, un gesto estudiado, que en esa ocasión, por la distancia, se nos vuelve más visible. Más terrible. Más claro. Su lenguaje es el lenguaje de Eichmann en Jerusalén.

(La incapacidad de Eichmann para pensar por sí mismo fue ejemplificada por su uso constante de “frases hechas y clichés autoinventados”, demostrando su visión del mundo irreal y la falta agobiante de habilidades de comunicación a través de la dependencia de “lenguaje burocrático” (Amtssprache) y eufemístico de la Sprachregelung que hizo que la aplicación de las políticas de Hitler fuera “de alguna manera aceptable”) Frases hechas clichés autoinventados, remarca Arendt durante el juicio. Cualquier coincidencia con el lenguaje político-(el marketing político) argentino contemporáneo (“frases hechas, clichés autoinventados”), no es un accidente. Es una negación. Y un resultado. De Hannah Arendt a Durán Barba (que elogió a Hitler hace pocos meses) no hay una distancia tan grave como se cree. No es la distancia lo que los define. Son sencillamente, (como hasta Elisa Carrió ya se dio cuenta) los dos extremos morales. El bien y el mal, la sustancia y la banalización, la ética y el marketing político. La moral de un lado, la propaganda-envase del otro. El lenguaje poético (la poesía de Celan) de un lado, el marketing evanescente y los globos de colores -puede caer más bajo la educación política, la cultura misma- del otro. No es un accidente. Los globos amarillos -la banalización constante del pasado argentino- son la frase de Bullrich en la casa de Ana Frank. Conducen a eso. Son ese lenguaje. Un lenguaje que no muestra, reniega.Un lenguaje que oculta. Miente. Infamia. Infama la historia de Ana Frank. Su sufrimiento. Su lenguaje. Su voz. Su vida. Su historia. Su dolor. Su sola presencia.  

Ser inteligente y kirchnerista

Ser inteligente y kirchnerista

Quiero explorar –y aventurar una justificación para-  un lugar común mencionado de modo insistente y creciente por muchos detractores de la pasada administración, votantes del actual oficialismo: por qué hay tanta gente „inteligente“ que es „kirchnerista“. Tal vez precisamente porque muchas políticas del kirchnerismo fueron „inteligentes“, criticas, novedosas y sustanciales (lo cual no quiere decir que sus resultados sean rápidamente visibles ni fácilmente entendibles, los procesos políticos son largos y no siempre corresponden -por suerte- a los procesos electorales), y no como sus críticos hoy las presentan, meros actos de “populismo”. Denunciar y repudiar en la ONU el accionar espurio de los fondos de especulación financiera -“buitre”- es un acto de justicia histórica y reivindicación de nuestra soberanía, privilegiando los intereses nacionales y la soberanía alimentaria; sin embargo, los cómplices de los bancos de inversión -partícipes necesarios de la crisis en Europa y América Latina- presentan tales actos de reparación histórica, que priorizan lo social, como actos de mero „populismo“, toda reivindicación de derechos de los pobres es atacada de „populista“, por quienes piden, desde la cúspide del poder financiero, ingentes salvatajes a bancos, mas no a personas o pueblos enteros, (los pueblos originarios y desclasados defendidos por una Berta Cáceres, líder indígena lenca -espejo de una Milagro Sala en Jujuy- en toda la América por la industria extractiva, que tanto dano nos hace, no son -para la literatura económica-, “too big to fail”, los pueblos pueden -y deben- “caer”, los que nunca pueden ni deben caer -como también denuncia la Iglesia, con su doctrina social- son los bancos) pueblos cuyos recursos son apropiados y arrasados en nombre del progreso y la industria. (Atilio Alterini, La injusticia de la deuda externa, Milano, 2008)

Ser “inteligente” pasa por tener espíritu critico. Por pensar no lo que los medios repiten (precisamente, repetir lo que repiten los medios, es no ser inteligente, no tener espíritu crítico, no pensar por uno mismo). Los „no inteligentes“ son aquellos que „repiten“ sin pensar lo que los medios plantean como verdad. Sin pensarlo. Precisamente son quienes (dado que les parece “natural” que el kirchnerismo fue un “horror”, porque eso es lo que dicen muchos medios, con intereses puntuales contra normas puntuales de la pasada administración) se sorprenden de que haya tanta „gente inteligente“ (critica, que no repite lo que dicen los medios, precisamente) que haya estado o esté aun a favor del kirchnerismo. Pero en esa advertencia hay ya en muchas personas (no kirchneristas) una importante sombra de „duda“: los detractores del kirchnerismo –muchos acicateados por los medios masivos de comunicación con su estigmatización superficial pero constante- advierten sin embargo que hay „mucha gente inteligente“ que lo apoya,  de este modo están ya advirtiendo, insinuando, sintiendo en su fuero interno, una contradicción importante. Advierten la contradicción: por eso dudan. Por eso la pregunta „hay gente inteligente, que es kirchnerista“: la no inteligencia se vincula por el contrario a la repetición acrítica y constante de los lugares comunes, códigos que no pueden ser pensados, de tan repetidos que son, y pasan a formar parte de presupuestos del dialogo social „culto“, son marcas de clase (y la cultura en la Argentina es patrimonio y prerrogativa de una „clase“ „culta“, en general aristocrática y anti popular, que asemeja „cultura“ a las galas del Teatro Colón, los vestidos de la reina máxima y la primera dama y muy poco más que eso). Se „naturaliza“ esa critica como nuevo lugar común, como sentido común, como „obviedad“. El presupuesto es que si el kirchnerismo es tan malo o corrupto como los medios repiten (por algo), entonces todo militante o adherente de ese proyecto es o bien corrupto o bien un „ignorante“. No puede ser, en esa lectura (reproducida e instalada por los medios cotidianamente) una persona „inteligente“. De allí la sorpresa. La contradicción sin embargo subsiste y muchos detractores del kirchnerismo, llevados por la superficialidad del estigma constante de los medios masivos, son capaces sin embargo de atravesar ese velo, y advertir -tantear al menos- la contradicción. La asumen. La sorpresa lo que indica en rigor es que se repiten cosas como verdades que no son en el fondo ninguna verdad. (Y no es casual que esta „sombra de duda“ empiece a aparecer o hacerse más visible a medida que se revela la otra verdad indisimulable en los medios masivos: el fracaso total o parcial de muchas de las alegres y grandes promesas del actual oficialismo) O lo que es igual, que el kirchnerismo no fue o no es lo que nos dicen –repiten sin parar- los medios. No fue por lo menos tan “malo”. En esa exageración se advierte también, para muchos, una falacia. Porque lo actual no es tampoco “tan bueno” como dijeron. Inteligente es pues no repetirlo. Tener espíritu critico. Salir del lugar común, que por algo se instala y promueve como tal: para que la gente no piense. No dialogue. Para que se recueste en la comodidad de repetir algo que no es pensado (el estigma). Que se repite como gesto. Como sena de un grupo o clase social. Pero sin argumento. Esto degrada el debate político hasta hacerlo desaparecer. No inteligente es el comportamiento en manada que repite códigos que se comparten. Pero que no se piensan. No se someten a critica. Hubo políticas publicas de enorme importancia en la pasada administración (salud mental, memoria, verdad y justicia, ley de medios, futbol para todos, ley de identidad de genero, critica a los fondos buitre y la especulación financiera, nacionalización de recursos estratégicos, desendeudamiento externo, integración regional, reivindicación de la soberanía de Malvinas, AUH, repatriación de científicos, etc). Estigmatizar al que piensa diferente (por ser „kirchnerista“), es, además, borrar con el codo lo que se escribió con la mano como promesa de mayor „dialogo político“. Es no apostar a dialogo alguno. Precisamente en contextos de no dialogo es donde mejor funciona la estigmatización. Ser kirchnerista es (puede ser también) ser „inteligente“. El kirchnerismo debe y puede ser escuchado (en lugar de estigmatizado, censurado y perseguido como nuevo „enemigo“ publico mediático), porque muchas de sus políticas publicas fueron precisamente eficaces para el país, sus intereses y su soberanía, y un avance concreto de derechos para millones de argentinos. Frente al retroceso de derechos y lo errático de muchas políticas actuales, se apuesta por la estigmatización, precisamente, para rehuir al dialogo concreto y no dejar estas tensiones –y perspectivas criticas e ideológicas, con sus respectivos programas alternativos- en evidencia. La estigmatización constante del kirchnerismo es la negación retórica del fracaso público actual, que se oculta desviando la atención y confundiendo constantemente el eje del debate político y económico, acosado por el desempleo, la precariedad, el cierre de fábricas y el pago de deudas externas ilegitimas y usurarias, en contra de los intereses del Estado y el pueblo argentino. Se puede ser kirchnerista y ser inteligente a la vez, porque se denuncia esto, en primer lugar. Porque se piensa lo que se resiste, en la cultura mediática, a ser pensado. Porque se discute lo que los medios masivos instalan como “verdad”. Y eso es precisamente la inteligencia: el juicio crítico, denostado no por accidente por un asesor filosófico del Presidente Macri. Se apuesta al no pensamiento, el no diálogo, la no ciencia, la incultura y la no educación. (de alli el paro docente y las protestas de los investigadores del CONICET, entre otros) El no pensamiento crítico. Se puede, pues, ser kirchnerista y ser inteligente. Lo que aun no está claro es que sea posible lo contrario. Es algo que aún está por verse. Las políticas actuales, con fuerte aumento de la desigualdad y la pobreza, del desempleo y la informalidad, la pérdida de soberanía y de recursos, y la no existencia de un dialogo político real con perspectivas alternativas concretas, no parecen abonar una hipótesis optimista. La evasión del dialogo político –para disimular el fracaso de la gestión económica- necesita de la estigmatización constante de quien, sin ella, seria simplemente un interlocutor “inteligente” y preparado políticamente para remarcar la falsedad de las promesas.

Un millón y medio de nuevos pobres y 600 mil nuevos indigentes hablan por sí solos. Un numero abrumador y categórico que sirve de baza del actual gobierno. El „sinceramiento“ de la política económica. Eso es lo que vemos. Un gobierno que con estos números (que trae el Observatorio de Deuda Social de la UCA) revela toda su „sinceridad“. La deja al desnudo. Sin disimulo. No se „sincera“ la pobreza, porque ésta, como bien dice el periodista de La Nación a la Ministra Stanley, no es estructural. Es nueva. Tiene apenas nueve meses. Es el costo del „sinceramiento“, dicen, quienes quieren volver a naturalizar la pobreza, como si el neoliberalismo que la produce fuera un destino („técnico“, „sincero“ y natural) y no una (siempre muy mala) opción política y de gobierno, que –como toda política- puede cambiar. Hablar de „sincerar“ la „pobreza“ es naturalizar un programa político. El neoliberalismo no es, sin embargo, un destino. Aunque nos digan que seguirlo es la única forma de „estar en el mundo“. No es así. Y no lo es para ese nuevo millón y medio de pobres. En qué mundo mejor están ellos? A qué “mundo” han llegado?

1.500.000 nuevos pobres y 600.000 nuevos indigentes.

 

Piel negra, máscaras blancas

Piel negra, máscaras blancas

 

Existe en el gobierno actualmente un programa cultural que puede denominarse, siguiendo a Fanon y Aimé Césaire, abogado por la descolonización, de „piel negra, máscaras blancas“. Este concepto crítico sirve para resumir la actual política cultural. Nos venden un marketing de „progreso blanco“, de Teatro Colón, de decorado de „blancura“, de „máscaras blancas“, la Reina Máxima, de volver a estar en „el mundo“ (blanco, no negro), dejando atrás todo lo „negro“ (piquetero, plan social, Milagro Sala, todo lo que „ahuyenta las inversiones“, todo lo „bajo“, todo lo „cabeza“, todo lo „inculto“) De este modo, se cae en una inversión retórica (antipopular): terminamos negando el color de nuestra piel. El color de nuestra historia. Adoptamos „mascaras blancas“ (progreso, inversiones, visita de Obama, pretendemos volver a ser colonia „culta“), encerrando a los „indios“ que alteran nuestro „progreso“. Esta es la base del programa cultural Pro: piel negra, mascaras blancas. Marketing „blanco“, contra toda la „negritud“, contra los piqueteros, contra toda la „grasa“ que „sobra“, (Prat Gay) contra todos los negros „incultos“, el modelo cultural propuesto, como símbolo es la „blancura“ („gala“) del Teatro Colon, con sus suntuosas funciones teatrales. Esa es la nueva „cultura“. la Reina Máxima, Al Pacino, el Colon dirigido por Loperfido, pareja de Esmeralda Mitre, cuyo bisabuelo legó al país una de las narraciones mas „blancas“ posibles de la historia argentina. Milagro Sala esta presa por „negra“, porque se aplica desde el poder un programa político de “piel negra, máscaras blancas”, donde todo lo negro inculto y grasa se encierra, se niega, se esconde, y se muestra solo “lo blanco”, lo “culto”, lo marketineramente “lindo”, “rubio” y de ojos celestes de esta sociedad. Se niegan los indios, se niega la historia oscura argentina, se niega todo lo que no encaja en el marketing “blanco” alegra y superficial: todo es “cultura”, inversiones, la visita de Obama, estar en el mundo “blanco” (no „negro“), etc. Podemos apelar a la idea de Fanon “piel negra, mascaras blancas” (recuperar el concepto de negritud de Aimé Césaire) para resumir el programa político y comunicacional del Pro: cultura “blanca”, el Colón, Al Pacino, en contra de toda la “grasa” que “sobra” (Prat Gay), en contra de todo lo “negro” y lo “inculto” (Sala, mujer negra, que protesta, se encierra, se aleja de nuestra mirada, de nuestra cultura culta, “blanca”, Pamela David pidiendo una familia “rubia” en la casa rosada, Amadeo persiguiendo estudiantes extranjeros, reforzando „controles“ migratorios, etc) Tenemos que asumir y recuperar nuestra “negritud“. El „blanqueo“ de capitales es solo una pata –y no la mayor ni la mas importante- de esta necesidad constante de „blanquear“(nos) los argentinos, („controlar las fronteras“, no dejar que „pasen“ mas „negros“ sudacas) de no asumir nuestro pasado, nuestra piel („negra“), nuestra cultura, no demasiado „blanca“. Sino bastante „negra“. No fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, símbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „política“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presentó a sus ministros en un jardín, no es casual, es simbólico. Por algo el banco HSBC, que publicita en esos mismos medios, propone pasar un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardín de Epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardín de atrás de „casa“, lejos de la plaza publica, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante“.) El crepúsculo del deber, como dice Lipovetsky, es el fin de la historia, es el fin de la democracia. La caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“.

Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (dijo Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”.

Dejar -dejemos- las máscaras blancas, los decorados blancos, la mentira blanca, (el lenguaje “blanco”, aceptemos, como quería Césaire, nuestra “negritud”, nuestra vida, nuestro país, nuestro suelo y nuestra historia: todos somos Milagro Sala, en muchos sentidos, somos “negros” como ella, somos indios pobres como ella, somos argentinos, somos “sudacas”, no somos “blancos” y tenemos que aceptarlo: el muro también se construye contra nosotros, no solo contra México, somos “latinos”) la pretendida “cultura”, las sombras de nuestra cultura „blanca“. Es menester repensar a fondo la idea de nuestro “progreso”. (muchos que votaron ingenuamente o genuinamente convencidos de su “blancura”, -frente a los “negros” del “pancho y la coca- a Macri descubren, con el triunfo de Trump, aquello que Macri en el fondo negaba: que son también ellos, “latinos”) Frente a las fotos del marketing vacío, donde todo es „retocado“, las imágenes reales, sin recorte, donde no se borra nada. Frente a las máscaras blancas, (las imágenes trucadas, donde algo siempre se pierde, y se borra, no solo el sushi) nuestra piel negra. Inculta. Frente al bus falso, frente al sushi fantasma, frente a los paraisos fiscales, Pablo Ernesto Piovano: esa imagen real. Esa Argentina (dura). Esa piel negra. Sin máscaras blancas. (“cultas”) Muchos de quienes votaron a Macri piensan que somos “blancos”. Una cultura “blanca”. No negros. Desean la (suenan con esa) “blancura”. (“no seas negro… o cuando aclaran, no digo “negro de piel”, sino de “mente”, esto es: un negro “cabeza”, cabeza de “negro”) No asumir su “negritud”. Milagro Sala está presa por eso. Porque no queremos ser lo que ella es/representa: negra. Lo que se apresa y se encierra no es solo (nunca) una persona, como dijo Durkheim. También se apresa y encierra un concepto, un modelo (“de negro, -mujer negra- piquetera, indio”, etc.) Por los que se piensan que son más “cultos”. Mas “blancos”. Con más derechos que los indios. Que los negros cabezas. Se apropian de la cultura/de la (su) tierra. De la imagen que se forjan de su propio país. De su propia “cultura”. En ese modelo una mujer negra como Sala “no cierra”. Una mujer india, que cuestiona al poder, debe estar presa. (Pamela David quería una familia “rubia” en la casa rosada) Debe ser encerrada. No es casual lo de Sala. No lo es. Es un resumen. Un eje “cultural”. Blanco sobre negro. Encerramos y castigamos la negritud. También la encerramos (contra todas las recomendaciones de los organismos de derechos humanos) por ser negra. Y lo hacemos en nombre de nuestro “progreso”. De volver a estar en el “mundo”. De ser “civilizados”. De “prosperar”. De atraer más “inversiones”. Encerrando/controlando a los „negros“.

 

El „sinceramiento“ se opone siempre a la demagogia. (Platón, La República, la otra cara es la Justicia, la única „sinceridad“ posible es la justicia, no la vuelta de los –a los- „mercados“ „sinceros“) Estamos inmersos en una contradicción severa o como dice el estimado Horacio Gonzalez, en un perverso „juego de lenguaje“, donde se emplean las palabras (por eso debemos cuidar el lenguaje, cuidando nuestra cultura, que a Duran Barba poco y nada le importan ni le significan, pero a nosotros sí, como al joven Dickmann, que murió a los pies de Mariano Moreno, todo un modelo cultural y político) para que digan exactamente lo contrario de lo que aparentan decir. No cualquier cosa, que sería secundario (y más común): sino exactamente lo contrario, lo cual es nuevo: es una apuesta deliberada y conciente por el vaciamiento (de todo lenguaje, de toda idea „crítica“, y de toda identidad: esta es la ambición final de todo „marketing“: anular el pensamiento „crítico“, y „consciente“ y „político“). Esto quiere decir que es más „sincero“ salir a endeudarse con el FMI y /o pagarle sin condiciones a especuladores como Singer que no hacerlo? No. Era más „sincero“ (ya que de „sinceridad“ hablamos) lo otro. Naturalizar la mentira como „sinceridad“, eso vemos, negando la posibilidad de cambio (político) en nombre del… cambio. Vendiendo humo como si fuera „sinceridad“. Ser „más sincero“. Esto es lo que vemos. La negación de la política en manos de la política y de quienes niegan que hacen política (como en el Proceso, que también empleaba un lenguaje „técnico“, no „politizado“, sino „neutral“ en valores…). Abuso cultural y mentira en nombre del supuesto “cambio”. (Adorno, la Escuela de Frankfurt impugnando la “propaganda” en política, la idea misma de „publicidad“ carcome nuestra conciencia, nuestra democracia, mina la idea de ciudadano libre y autónomo, que “piensa” antes de votar, lo reemplaza por un consumidor-seguidor autómata, como quiere Fidanza) Marketing puro. Envases vacíos. No ideas. no „ideología“. Sino „neutralidad“ “apolítica”. Apatía. „Consumo“ Privado. (no compromiso público, no participación: consumo „en la casa“, „tele-voto“, la política como reality show, privacidad, no “politización”, no compromiso, no ideales, no debates públicos, sino consumos privados, voto-consumo, no voto “político”, no “otredad”, se anulan los “otros”, los “negros” que alteran nuestra “paz” quedaron del “otro lado”, no “abajo”, sino “afuera”, como dijo Sábato, en una de sus pocas lineas que valen la pena, ya no es “arriba y abajo”, ahora es “adentro y afuera”, la cultura “blanca” deja todo lo “negro” afuera, afuera de la “cultura”, afuera de la Historia, Viñas, afuera del “country”, del jardín de Epicuro, afuera de la publicidad “blanca”, de la revolución de la “alegría” blanca, no de los negros, los negros no tienen derecho a ser felices, como dijo Gonzalez Fraga, se les “hizo creer que…” podían ser felices, pero no: son “negros”, no “blancos”) Justicia plebiscitada y politizada a más no poder. Los mismos funcionarios que proclamaban su „independencia“ hoy son funcionales y orgánicos con el poder político de turno. No independientes. Nada „sinceros“. Falta debate. Faltan ideas. Sobra el slogan. Nuestra democracia está cambiando y nuestros políticos no lo ven.

El blasón

El blasón

La grandes decisiones que afectan a nuestros países y que afectan a la democracia… no se toman delante de nuestros pueblos. Se esconden. No se hacen visibles. Se toman en reuniones cerradas y aisladas (lejos del „vulgo“, lejos del „pueblo“, como en la Edad Media, no hemos evolucionado tanto como nos gusta creer; incluso el periodismo tiene prohibido entrar a esas reuniones, lo tiene vedado, la democracia „no entra“ a esas reuniones, no „llega“ aún a ese lugar, donde está el poder verdadero) donde lo que se discute no se muestra. No debe salir de esas cuatro paredes, en paraísos, en los alpes, en Suiza. El lobby de armas. Alemania es el tercer exportador de armas del mundo. Luego hablan de „paz“. De poner fin a la „guerra“. De frenar la inmigración, que ellos mismos, con sus guerras e intereses, generan. Desplazamiento y dolor. Y luego la tarea de los medios: el gran borramiento. Una cosa es informar (lo que verdaderamente importa nunca se „informa“, nunca se „dice“, nunca se „señala“, nunca es „noticia“, nunca sale en los medios, no está en los diarios), otra cosa, muy distinta, a la que tienden mayormente los medios actuales (que compiten cada vez más por eso mismo con las redes sociales, que los van a terminar destronando) es „entretener“. Estamos –estemos- „entretenidos“. No informados. Entretenemos a los lectores. (la caza de brujas de mujeres „brujas“ como Sala o Cristina -son “yeguas”, son “brujas”, son parte del “negraje”, de la negritud, “grasas”- es parte del show, que tiene un componente de país machista y violento, de patriarcado, de cultura contra la mujer, de violencia de género, contra una coya negra y pobre, contra una „yegua“, etc.) Muy pocos saben o pueden informarse realmente sobre lo que verdaderamente „pasa“. Los medios no informan. La verdad no sale (nunca) en los diarios. (Chomsky) (lo que sí sale son los estereotipos estéticos que estigmatizan mujeres, que son violencia, que cosifican a la mujer, cosificando sus cuerpos, Catherine Mackinnon, nuestro “espectáculo” es muchas veces mera violencia contra la mujer, descansa sobre ella, sobre esa violencia hecha parte de nuestra “cultura”, de nuestra -y para nuestra- “diversión”, lease Ninguna mujer nace para puta, de Sonia Sanchez Galindo, otra “negra”, otra “yegua”, otra “puta”.) Los medios quieren tener al publico „entretenido“. Nada más. „pendiente“. No informado. Espectáculos. No debate. La dictadura es apenas un ejemplo (presente, no solo „pasado“) sobre la forma en que nos mantienen „informados“ acerca de lo que „pasa“ realmente a nuestro alrededor. Jauretche. Aprender a leer los diarios. Los diarios bombardean constantemente para que no tengamos un solo segundo de „respiro“, precisamente, un „momento para pensar“. Para realmente „informarnos“. Para poder ver. Eso es lo último. Lo que debe ser evitado: el pensamiento. La reflexión. Y la crítica. (como dice el Indio Solari: dejar de ver la “mina en bolas”, el Bailando por un “culo”, el bombardeo constante es violencia también -es violencia dos veces, doblemente- contra la mujer, así presentada, denigrada, subyugada, desnudada y violentada como una “cosa”, como un “circo”, como un “show” de mujeres, se usa esa imagen para distraer, para tapar, para negar la conciencia, tanto del hombre como de la mujer, de ambos) Porque el siguiente paso (del pensamiento, del „segundo“ para uno mismo, sin el bombardeo constante, ininterrumpido) es ese: las ideas. la conciencia. La critica. La militancia. El compromiso: la „politización“. La no „neutralidad“. El no „autismo“. Salir de la pasividad y de la indiferencia (dar el salto al pensamiento), salir de la anomia de „espectadores“ de una realidad virtual, que nos muestran por pedazos, en capítulos, en tandas, para que sigamos „prendidos“ hasta el final. (la persecución a Cristina o el encarcelamiento de Milagro Sala son novelas que se entregan por capítulos, Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“) Para pasar a ser actores de la propia vida (eso es la política, no el marketing, el compromiso, no la publicidad y la imagen), que no sale en la TV ni en los diarios. Actores de una realidad concreta. No virtual. Sino viva. Rousseau. Carta a D ´Alambert. Los diarios que entretienen venden precisamente eso: una imagen. La política ha quedado reducida a eso: una imagen (un fotomontaje) que venden los diarios. Publicidad. No idea. No debate. Por eso decae cada vez más el nivel intelectual de nuestros dirigentes y políticos. Y este es un mal (de epoca) que no aqueja solo a Argentina. Consecuencia de la banalización constante del pensamiento, y de los vinculos sociales. Donde todo se cosifica y se vuelve mercancía. Todo tiene un valor. No humanidad. Se advierte en todo el mundo. Empezando por la mayor democracia del planeta, cuyo presidente es un multimillonario –como Berlusconi en Italia- cuyo gran merito es dirigir –hacer de la politica- un reality show. Tele-realidad. Giovanni Sartori ya lo advirtió. En esto se esta convirtiendo la democracia. En un reality show. La culpa es de la falta de debate político en serio. Del marketing en reemplazo de la política, presentada por el marketing como algo „malo“: la „politización“. (no fue casual que el presidente presentara sus equipos con fotomontajes hechos en jardines, como el jardín de Epicuro, simbolo de la filosofía griega, que en medio de la crisis de la polis, de lo publico, propone la „retirara“ a un jardín „privado“, verde, donde la política y el compromiso, mientras Grecia se cae a pedazos, ya no importa: Macri propone también unos „Jardines“ en medio del derrumbe de la „politica“ y de la democracia deliberativa de ideas, dando paso a la nueva democracia del voto consumo reality show: por eso presento a sus ministros en un jardin, no es casual, es simbólico. Por algo el HSBC que publicita en esos mismos diarios tomo, porque en los bancos hay mucha gente que piensa y entiende, pero no habla, un „verano epicureo“, es repetir la misma idea: el jardin de epicuro, que tanto le gusta a Macri, es el jardin de la anti política, de la „paz“ ficticia, donde nunca hay un „conflicto“ verdadero: el jardin de atrás de „casa“, lejos de la „plaza publica“, de la polis con su debate de ideas, con sus „negros“ que alteran nuestra „paz“ impostada y rodeada de muros: el country) En su lugar, el marketing nos propone el vacío de ideas y de debates, la „unidad“ (piel negra, mascaras blancas) en la anomia. Nos quieren blancos, no negros. (Fanon, Césaire, Prat Gay hablando mal de los „negros“ „incultos“, de la „grasa“ que „sobra“, del Teatro Colón, al Pacino, „blancura“, contra todo lo „negro“, Sala es „negro“, defender a Cristina también es ser „negro“, un „negro“ „inculto“, un tipo que vota „por el pancho y la coca“, etc. no „blanco“, un “ignorante”, etc.) El crepúsculo del deber, como dice Lipotevtsky en Francia, es el fin de la historia, es el fin de la politica. Pero también es el crepusculo –el fin- de la democracia. Porque la contracara de los derechos (dice John Finnis) son los deberes. Por eso la revolución de la alegria vendió los „jardines“ (lo privado, frente a la crisis de todo lo público) de Epicurlo. Nos vendió (y nos venció) el hedonismo. Una falacia publicitaria (Merton). Un regreso al pobre individualismo (Borges, el Argentino no se identifica con el Estado). Al no compromiso. A la negación de los otros. Porque el consumo es privado. La politica –la patria- no. Es el terreno de lo publico. Del „para el otro“. De la otredad. De sus derechos. Asimilar la politica al consumo (tendencia en muchos medios, Fidanza, etc) es vaciar de sentido al compromiso politico y reducir la politica al marketing con su publicidad enganosa y vacia, reduciendo el candidato a un envase, a un slogan. La politica –la democracia del voto consumo Fidanza- termina siendo un envase vacío. Y también la democracia (marketing, really show, donde se vende al espectador la ilusión de que viendo la TV y llamando realmente „vota“, realmente „participa“, cuando no es así: esta es la nueva trampa, para seguir con el lineamiento de Saramago, siempre lúcido). Y todo esto se debe a que en Argentina, leyeron mal al círculo de Viena. O ni lo leyeron. Piensan que Hayek dijo lo que no dijo. Que habia que vaciar de todo sentido a lo publico. A lo politico. Negar los conflictos (Ranciere) no hace que éstos no existan. Simplemente cambian de forma. Los transforma en „violencia“, en „inseguridad“. Cambia el lenguaje para no atacar la causa del problema que después, una vez más, se criminaliza. El CELS ya dijo: es la misma receta que ya fracasó. No podemos „cambiar“ si aplicamos siempre lo mismo. Siempre la misma „receta“ contra la inseguridad. La pobreza, la desigualdad, como dijo Locke, son violencia. Y generan violencia. Y la violencia no se tolera, se resiste. Arrojar a miles de argentinos a la pobreza no es „alegre“ y no es una apuesta por la „paz“ ni por la „unidad“ de los argentinos, mientras del otro lado unos pocos se refugian, como en la foto de presentación, en un „jardín“ (apolítico, epicureo, etc). Es una apuesta marketinera, sonriente, complaciente, labil, frágil, por la barbarie generalizada, como con el recorte de ciencia y educación. Dos caras de una misma moneda. Se busca generar un pueblo autista, anómico, tele-espectador, con cada vez menos „cultura“ y menos „palabra“, menos ciencia y menos derechos, sin capacidad de critica, sin conciencia. Un pueblo incapaz de reaccionar y defender sus derechos. Un pueblo pasivo. Espectador. Que sigue el dictado del marketing. Que hace lo que le indica la publicidad, „llama por teléfóno“, vota, espera el „timbreo“ en su casa, o el llamado de Susana. De la Rua apostó por eso. Tuvo grandes publicitarios a su lado. Bien no le fue. La realidad (la pobreza, el desencanto) termina por imponerse. La política no está, aunque Duran Barba y Rozichtner piensen lo contrario (porque Duran Barba y Rozichnter son dos caras de lo mismo), para promover una „alegria“ zen sin pensamiento („crítico“), sino para hacer al pueblo conciente de sus desafios y de sus derechos. Esos derechos que se niegan como corolario de politicas macroeconómicas equivocadas y parciales, que se naturalizan como „inevitables“ en lugar de discutir, precisamente, su denegado sentido político. La economía es política. No „técnica“. La política no está para prometerle al pueblo que va a ser „alegre“ mientras por atrás se le recortan sus derechos, luego de pagar de modo genuflexo a quienes fueron corresponsables, con sus prácticas predatorias, de la peor crisis vivida por el país. Porque los buitres tienen poder de lobby en organismos internacionales, no están de un lado los bancos y del otro los buitres, son parte de lo mismo. Y privilegiar sus intereses y demandas, es poner de rodillas la soberanía y los intereses nacionales de un pueblo que confió aunque no le informen toda la verdad. Le hagan un fin de año „amable“. Pero engañoso. El marketing es mentir. Es mentirle al electorado. El marketing es el segundo semestre. Una consigna que se instala en el inconciente colectivo: una falsa promesa. La contracara de este fracaso, de esta promesa incumplida, imposible de cumplir, es el blasón de Cristina. Un lenguaje violento que estigmatiza. Que no debate. Que no dialoga. Que no propone. Que no suscita. Que niega todo lo “otro”. Todo otro pensamiento es negro, es “populista”. Su criminalización constante. „mientras exista -esté- Cristina“, titula un periodista, como si la consigna (lo que no queda dicho, como nos enseñó la hermeneutica, que es lo que debemos antes que nada „decir“, poder mostrar, saber leer) fuera que Cristina „deje de existir“. Mientras exista Cristina… la contracara y el metamensaje son el blasón mediático, judicial y político. Mientras exista Cristina…. habrá una „excusa“ constante para mantenernos „unidos“ contra un „enemigo“ común, un chivo expiatorio de nuestros propios fracasos y falsas promesas. La estigmatización es funcional al maniqueismo, que redunda en la negación de todo debate. Hoy en la Argentina no se debate. Esto preanuncia conflicto y decadencia cultural. Menos ciencia. Menos inversiones. Menos educación. Menos desarrollo. Menos cultura. menos política. Dirigentes cada vez mas „dependientes“ del marketing y la imagen que del pensamiento capacitado y conciente, comprometido y critico. Mas importante que „meterla presa“ es perseguirla constantemente. Machacar. Agrandar la herida. Dividir. Los que dicen que no estaban dividiendo. Los que venían a „unir“. Mientras exista Cristina… A veces las palabras dicen mas de lo que en principio parecen estar diciendo. Hay frases que resumen muy bien, por lo que proponen (y por el historial de determinadas tribunas) una linea de pensamiento. No lo podemos dejar pasar. En Argentina es importante que puedan „existir“ todos los idearios. Todas las ideas. Todas las personas. La condición de la democracia, Pagni, no puede ser la desaparición de nadie. Ni de Videla. De ninguna persona. Su „mientras exista“ está mal usado. Y lo que sugiere su lenguaje, es incompatible –porque también el lenguaje puede ser incompatible- con una democracia. en vez de „perseguir“ y encerrar disidentes, hay que animarse a debatir. A abrir las tribunas que hoy permanecen, con las consecuencias evidentes (la decadencia en el nivel de formación de nuestros dirigentes, de nuestra „dirigencia“), cerradas a todo debate. A toda idea nueva. A toda renovación y a toda crítica. Hay que elegir: o marketing o cultura. persecución de disidentes, presos políticos (mientras se hace marketing blanco, piel negra, mascaras blancas, encerrando todo lo „negro“, a todas las Sala, mientras nos convencemos de que somos lo que no somos: un pais „blanco“), o deliberación política en serio. La democracia argentina necesita un cambio político. Una deliberación política profunda. Crítica. Renovada. Que parta de la formación civil. De la educación del pueblo. La misión de todo gobierno, decía Goethe, y no se equivocaba, es educar. Educar. No estigmatizar. Debatir. No negar a los otros. La democracia argentina necesita una nueva dirigencia. Una nueva cultura. Un nuevo debate. Una nueva poesía. Un nuevo periodismo. La inmensa mayoría de los políticos argentinos no representan un cambio. El cambio se puede dar y se va a dar desde la cultura. desde la palabra conciente, diferencia del marketing vacío y sus „imágenes“ poco reales. Photoshopeadas. Sin trasfondo concreto. Sin ideario. Puro slogan sin compromiso y sin pensamiento. Darle contenido real a la palabra, darle “sentido” a la palabra, es darle “sentido” a la cultura, darle espacio al debate verdadero, es más que suficiente para hacer una „revolución“ en Argentina. Es darle sentido a la democracia. Una revolución cultural. Ética. Educativa. Proponer más que posponer (cosa que hace el marketing) un ideario concreto. El marketing es la antítesis de la política. Pero también es la antítesis (en la medida en que oculta y nos niega el verdadero proceso de toma de decisiones, que apela al marketing para distraer nuestra mirada, nuestra atención y nuestro interés) de la democracia. menos marketing es, pues, más democracia. mas politica. Mas cultura. mas ciencia. Mas desarrollo. Mas palabra. mas realidad. Menos photoshop. Vease la película La Zona, mexicana. Así termina el marketing (político): construyendo muros. No palabra. No ideas. No participación. No democracia. el jardín de epicuro. El privilegiado „retiro“ al jardin privado ante la crisis de la „polis“. El repliegue en lo privado, el abandono de todo lo que sea „publico“ y „politico“. El abandono del otro. De toda „otredad“. Nuestro pobre individualismo. El jardín de Epicuro (la foto de Macri con sus ministros en un jardín) no es casual, es el „modelo“ estudiado (Barthes) del „verano“ epicureo (HSBC) y político. Es la negación semántica y semiótica del compromiso, es el placer „hedonista“, y anti político. Pero esta ideología negadora del Estado (enemigo elefante, liberalismo decimonónico, siglo XIX, la amenaza a la libertad no proviene ya de la “presencia” del Estado, es al revés, como muestra Owen Fiss, entre otros, el individualismo que habla del “cepo” y asimila la pasada administración a una “dictadura” frente a la cual se monto una campana del estilo del “no” en Chile, aduciendo que “la alegría ya viene…”) cercada individualista termina consagrando el privilegio. Termina construyendo muros. No palabra. Muros. No democracia. Muros. No derechos. No „otros“ con derechos. Sino negros encarcelados incultos. Grasas que „sobran“. Ese lenguaje despectivo y anti „negro“ es la contracara (real) del marketing (vacío). Es la verdad que se esconde. Que no se quiere decir. Pero se piensa. Grasas y negros que „sobran“. Piel Negra. Mascaras blancas. De supuesta „cultura“. Al Pacino. El colon. Depardieu. No Milagro Sala: ella es demasiado „negra“, demasiado „pobre“, demasiado india, demasiado „inculta“. Por eso –y solo por eso- Milagro Sala está presa. Porque ella representa (con su negrura, Césaire, con su „negritud“ en todo aspecto) lo que este modelo demasiado „blanco“ viene a proponer como „inversiones“, como „desarrollo“. Como „democracia“. El Jardín de Epicuro. No un „country“ para los negros. El teatro colon. „Blancura“. „Democracia“. Marketing blanco. Un país „blanco“. Que se quiere y se suena lo que no es. Estados Unidos. La visita de Obama. Ser lo que no somos. Un país „blanco“, con una cultura „blanca“. No un país con (que arrasó y aun arrasada y encierra a sus) indios „negros“ e „incultos“. La conquista del desierto (con sus eufemismos y negaciones, con su „pacificación“ y „unidad“) todavía sigue. Con su „progreso“ blanco. Con su historia „sin fisuras“. „Completa“. Todorov. Hay que volver a usar bien las palabras. Una cosa es “salir de un default”. Otra es poner a un país de rodillas, llegando a un “acuerdo” genuflexo en una deuda cuestionada por personas como Alterini, lejanas al ideario peronista o progresista, pero juristas civilistas sabedores de los sótanos infames (jamas nombrados por la “justicia”) que actúan en las “finanzas”. No podemos ceder ni entregar todo el lenguaje. Hay que usar bien la palabra. Llamar a las cosas por su nombre. No se “salió del default”, como dice Dujovne. Se concedió y cedió en una política que preservaba, ante todo, la soberanía del país. Que es muy distinto.

Tenemos una sociedad muy dañada por lo que le tocó vivir. Lo menos que podemos hacer como abogados es ser justos con nuestro pasado. Diciendo las cosas. No callando.

El blasón / Cantar la Palinodia

El blasón

Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“.

Que el mismo juez que liberó de toda responsabilidad, sin siquiera citar a indagatoria a los presuntos responsables de una adquisición polémica, en plena dictadura, de una empresa destinada nada menos que a los diarios, que fueron cómplices sistemáticos (no por accidente) del silenciamiento constante (no casual) sobre lo ocurrido en el Proceso, (sin cuyo silencio hubiera sido impensable la dimensión de los crímenes ocurridos, denunciados no por la prensa, que callaba su declamado „deber de informar“, pero sí por personas valientes como Rodolfo Walsh, o hasta el mismo Vargas Llosa) por la infame adquisición de papel prensa (1976) procese sin pruebas a la ex presidenta (que llevó adelante aquella política de derechos humanos, que nunca contó con el aval abroquelado de los jueces, cuyo silenciamiento y falta de predisposición a investigar ciertos crímenes de empresarios durante el Proceso también debería ser investigada, y repensada, como afirma  Juan Pablo Bohoslavsky, en su libro Cuentas Pendientes, editado por Siglo XXI) no configura sino una prueba más del desequilibrio y la doble vara (en desmedro de la política, en favor de los empresarios, es decir, en favor del poder real) que aqueja, en esas latitudes, a la democracia republicana. El poder formal puede ser juzgado: el poder real no. Las cárceles no están hechas, dice Loic Waquant, que visitó el país, para el guante blanco. (Whitecollar crime) No fueron pensadas para eso. La cárcel está pensada para los „negros“, para los pobres, críticos del poder de turno. No para sus servidores. Para todos los Sala. Para todos los „negros“ „grasas“ que „sobran“. „Incultos“. Para ellos. No para „nosotros“. La justicia está llena de huestes de funcionarios sin formación, huestes predispuestas en todo momento a servir –replicando una moda, que en este caso se llama „neoconstitucionalismo“- al poder político de turno. Son los mismos que declaman –como la prensa que fue cómplice del Proceso- la supuesta „independencia“ de su palabra. Dime de que alardeas, y te diré de que careces: independencia e imparcialidad. Dos supremas y valiosas palabras. Muchos se han abusado de ellas. Cortázar decía que las palabras pueden llegar a cansarse. Estas dos („independencia“, e „imparcialidad“) ya se han cansado. Hay que renovar el pensamiento político. Deber de informar a los argentinos. Ese deber necesita(ba) ser asumido, es cierto, pero con otras manos. Con otro nivel moral de compromiso, no con periodistas (muchos, casi todos) manchados por la complicidad criminal durante el Proceso, habiendo escrito muchos en medios de Massera, tribunas cómplices en muchos casos, habiendo ido a reuniones con Videla, etc. („Pero usted le dio la mano a Videla“, preguntó Osvaldo Quiroga, en una frase contundente, hay muchos que le „dieron la mano“ a Videla, no solo Reato) Con otros agentes. Los diarios como La Nación pueden ser –si así lo deciden- genuinos medios de la democracia. Pueden hacerlo. Depende de ellos. Pero para eso primero deben dar un paso –duro, nadie dice que sea fácil-, como el que dio la Red O Globo en Brasil: asumir su responsabilidad histórica durante el Proceso. Pueden hacerlo. Deberían hacerlo. Sería bueno para la democracia y la República y la política y el debate político que lo hagan. Sería una forma de comenzar por fin una nueva etapa, en vez de seguir negando. El negacionismo se expande. La reconciliación, como dijo Jaspers, se puede y se debe dar en la verdad. (Die Schuldfrage. Zur politischen Haftung Deutschlands, Piper, Berlin Verlag, 1998) No en la negación del pasado. La impunidad no puede ser la base de ningún Estado de Derecho que se precie. Los juicios de lesa humanidad son la nueva base, el nuevo sostén ético, de esta democracia, que solo a través de estos juicios se pudo recuperar de la crisis de representación política del 2001. La política recuperó (y la justicia recuperó) a partir de estos juicios, un poco (un poquito) de su antigua credibilidad. Una credibilidad perdida. (Nazareno, etc.) Papel prensa es un caso grave, serio, por su dimensión simbólica, de complicidad con la dictadura de quienes debían informar los crímenes aberrantes de la misma dictadura. Y no lo hicieron. Pero en lugar de informarlos, mientras recibían el „papel“, los callaban. Hay tapas de aquella época que (aunque lo quisiéramos) no mienten. Están en cualquier hemeroteca del país. Solo hace falta desplazarse, ir a verlo. Están las tapas. Están. También está el obelisco de Pan Dulce. Todo esto está. Estuvo. Sucedió. No es un juego cuando los medios implicados en la causa –que como todo, debe probarse- eran a su vez los agentes esenciales de la información pública. (los angostos canales por los cuales transita el debate de nuestra democracia, son canales en cierto sentido implicados, no limpios) Allí está el problema no solo jurídico, sino también ético y moral, que Ercolini no pondera adecuadamente, confunde, o se presta, naturalmente, al verdadero poder (que lo juzga a él mismo en esas páginas, como un juez neoconstitucionalista, realista, que habla en nombre del „espíritu“ de una norma, va a poner en tela de juicio el „mismo lenguaje“ cultural –la misma cultura- que lo nombra a él en esas páginas? Hace falta mucho valor, mucho coraje, para eso. Mucho coraje civil. Este es el dilema irresuelto del realismo jurídico desde tiempos de Holmes, de Hägerström en Suecia. Entendemos a Ercolini, no es difícil de ver el dilema en que está inmerso el juez (como todo hombre de leyes): ser „realista“ es juzgar el lenguaje que nos nombra a nosotros, que nos designa, (editoriales, „doctrina“, etc) que nombra todo, y que, en consecuencia, no puede ser juzgado. Ese lenguaje es nuestra misma “cultura”. Hace falta mucho valor para ponerse “enfrente” (o frente a) todo esto. No es fácil y no es gratis tocar ciertos intereses. Desenmascarar ciertos actores, ciertos intereses, ciertos lobbys, (solicitadas en el FAZ alemán calificando a nuestra presidenta no de “yegua” pero de cosas no muy distintas, en un lenguaje no menos procaz, que podía leerse en los aviones rumbo a Frankfurt) cuyos negocio es el silencio. (Una película alemana para ver, además de Colonia Dignidad, y nada es casual, no es casual que el ex nazi, abusador de menores, Paul Schäfer haya sido detenido en Argentina, no en Chile, no en Alemania, sino en Argentina en 2005, cuando nuestra justicia decidió por fin avanzar en otro camino: los DDHH; no es casual que nuestro país haya apresado a Paul Schäfer, no fue un accidente, aunque a veces no todo haya sido aun debidamente valorado; Im Labyrinth des Schweigens. Lo que calla el Derecho. Lo q calla la justicia. A los abogados y jueces nos enseñan a estar callados. A no hablar. A no incomodar con argumentos.) Tomas Bernhard. Rimbaud, solo grandes valores hacen cosas así. Talentos excepcionales. Políticos genuinos, también. El lenguaje que juzgamos (los medios) nos hace ser lo que somos, porque muchos se guían por ello para „conocernos“. Para juzgarnos. Los medios „nombran“. Construyen realidad. No es un juego. Si lo hiciera, dejaría de ser juez „independiente“, para siempre, seria el también estigmatizado. Y no quiere. Quiere „hacer carrera“. La “carrera” es la gran responsable de la prostitución de la justicia y los jueces, decía Guzmán Tapia en su libro Memorias del fin del mundo, el juez que procesó a Pinochet. Necesitamos menos jueces dispuestos a “hacer carrera” y más jueces dispuestos a “hacer justicia”. (Menos abogados burócratas, dispuestos a todo con tal de cobrar un “honorario” y más abogados-poetas, esto es: más hombres justos, menos “guardianes” de la ley, y más derecho) Pero seria, paradójicamente, si lo hiciera, si tuviera el valor de hacerlo, verdaderamente „independiente“. Su carrera estaría terminada, por supuesto, en un segundo. Y lo sabe. Pero hubiera sido, por un momento al menos, „independiente“. Valiente. Crítico. La vida está hecha de esos pocos momentos, donde se define si uno „es“ o no „es“ (hombre, valiente, comprometido, etc). Como Hamlet. todo se reduce a eso: ser o no ser. Guzmán Tapia dice que es el momento en que Siddhartha sale del palacio y ve con sus propios ojos. Cuando uno se topa con su deber moral. Borges dice que a todo hombre le llega ese momento. Una cosa es parecer „independiente“, hacer lo que los duenos de la palabra y la cultura argentina (Sabato descorchando champagne mientras lloran sus mucamas al final del living… Jauretche remarcando esto con valentía moral) nombran como „independencia“ (Sabato viendo llorar a sus mucamas de repente „descubre“ algo, no?) y la otra es „serlo“ de verdad, estimado Ercolini. Ser de verdad „independiente“ cuesta mucho, cuesta muchísimo: cuesta horrores. Lo comprendo. No lo defiendo. Al contrario. Me apena que esto sea nuestra “justicia” “independiente”. Pienso en la „independencia“ de quienes se atrevieron en serio (no como nuestra justicia „independiente“, no como nuestra prensa „independiente“) a enfrentar las cosas, a riesgo de su propia vida, al Proceso. Al poder. Pienso en Rodolfo Walsh. Pienso en Harald Edeltsam. Pienso en ese gran hombre que es Juan Guzmán Tapia, nuestro amigo y también poeta e hijo de poetas chileno. Pienso que la verdadera „independencia“ a veces está lejos de lo que los medios denominan y celebran como tal, como „independencia“, „independiente“. Las Abuelas eran viejas y locas. No mujeres comprometidas. Muchas veces es lo contrario. Tan complejo es el asunto. Hay que pensar. Son tantos los juegos de prestidigitación que nos ponen, que abroquelan y desdibujan nuestro lenguaje, nuestro camino y nuestra cultura. Hay un mago Cipolla, como el de Thomas Mann, en Mario y el Mago, en cada acto. Necesitamos renovar nuestra cultura. Lo necesitamos de verdad. Nuestra cultura, nuestra prensa, nuestra justicia, nuestra política! (nuestras “ideas”) están AGOTADAS.

Ser independiente es dar un paso difícil, que a veces nos deja muy solos. Es ser crítico, original, valiente. No repetir: pensar. Por eso Guzman Tapia nos dijo en Chile, que él se sintió „muy solo“. Ese fue el precio de ejercer, en un Chile conservador, con medios críticos cómplices, su „independencia“. La independencia es la extrema (valiente) soledad. Ese es el “no pobre” individualismo, para seguir a Borges, aunque los argentinos preferimos el otro, el pobre individualismo. La negación del Estado. Procesar a Pinochet fue ser „independiente“. No cómplice de la prensa „independiente“, amiga del dictador. (aun hoy en día). Tuvo que dar ese paso. Tuvo que arriesgarse. Eso es ser „independiente“.Hay muchos jueces valientes. Pero pocos se atreven a dar el salto a la valentía. porque trae soledad. Guzmán se sintió solo. Edelstam se sintió solo. Probablemente Alfonsín, gran hombre, también se sintió así. Sobretodo al final de su mandato, cuando los cómplices de todo lo dejaron solo. Solo a él. Es así. Así funciona el poder.

Necesitamos una nueva democracia. Nuevos poderes. Nuevos debates. Puede ser que un juez –poco imparcial- sobresee a todos los imputados. Lo que no los va a „sobreseer“ es su propia conciencia. Y sin la conciencia limpia, cómo informar? Cómo se construye esa „información“? (esa justicia) en una democracia. No se puede ser juez y parte. El juez investiga y procesa, pero como todo realista, lo hace desde un determinado lenguaje, que construye una determinada conciencia/cultura, idiosincracia, expectativas y enfoques (“cultura”). Ese „lenguaje“, sin embargo, realista, es el lenguaje que construyen esos mismos medios, cuya „responsabilidad“, naturalmente, el propio juez, no puede ver. A menos que agudice su inteligencia y su mirada. Hayden White. La reconstrucción de los hechos demanda talento, más cuando hablamos de hechos cuyas pruebas (Lynn Hunt) fueron desaparecidos adrede, con complicidad (falta de pruebas) de quienes debían informar y no lo hicieron: esto fue también „entorpecer“ el proceso, pero en ese caso, a diferencia de Sala, nadie dictó jamás prisión preventiva alguna. Al contrario. Ni siquiera fueron llamados a declarar. Doble vara. Doble discurso. Doble moral. No es que „desaparecieron“ porque sí, senor juez. Las pruebas desaparecen y desaparecieron por algo. Porque había una estructura (de la que la entrega de Papel Prensa fue parte necesaria, de tan obvio que parece, lo sorprendente es no verlo, negarlo) destinada a que no se informara, no se supiera, se callara (se ejerciera la libertad de prensa con „responsabilidad“, como dijo Videla en el acto con los directivos de medios hegemónicos) lo que estaba pasando. Esa es la „responsabilidad“ que el juez debería estar analizando. La „responsabilidad“ que nada menos que el día de entrega de Papel Prensa menciona, como una condición, delante de todos los procesados, nada menos que Videla. (cuando Videla dijo „las parturientas usaban a sus hijos como escudos humanos al momento de combatir“, se estaba auto-incriminando desde el lenguaje, ya que una mujer „parturienta“, atada a una cama, no „combate“, no puede „combatir“, salvo que por „combatir“ se entienda estar vivas, resistiendo el vejamen, la tortura, pero con esa frase, como dije en su momento y la cámara lo tomo expresamente, el dictador reconoce semánticamente que esperaban que los hijos –”escudos”- nacieran, para que, terminado el „combate“, poder matarlas: el lenguaje dice, senor juez, dice mucho, autoincrimina, hay que aprender a mirarlo, a leer entre lineas, hay que aprender a ver lo que no queda dicho, Gadamer, hermenéutica, „objetividad“, etc.) Aun hay mucho que aprender. La cámara tomó nuestro razonamiento. Fue un paso. Pero el juez entiende que sin embargo no hace falta, en casi una década, llamar siquiera a declarar a los imputados en este otro. Curioso. Al mismo tiempo procesa a la ex presidenta cuyo esposo mandó descolgar el cuadro de Videla (que seguía colgado) e impulsó los juicios de DDHH y lo hace en medio de un momento sensible para el gobierno, cuando sus políticas que parecían orientadas, comienzan, con la abrupta salida de Prat Gay, a desdibujarse. A resquebrajarse. A caer. El procesamiento de la ex presidenta es un blasón, un golpe de efecto más. Una forma burda de distraer la atención, un „circo“ más, mientras se recortan la ciencia, los derechos humanos, y se cuestiona el valor „negativo“ del „pensamiento“ crítico. Curioso.

La pérdida de espacio de la doctrina de „pesos y contrapesos“ (una doctrina en crisis, por lo cual el Congreso es una escribania y el presidente, ex titular de múltiples sociedades offshore -literalmente “en el mar, alejado de la costa”- en las Islas Bahamas, que hizo campana ponderando el „regreso de la institucionalidad“ a la Argentina (basta leer el valioso informe crítico del Süddeutsche Zeitung , de lo mejor de Alemania en prensa gráfica), se solaza vetando leyes del Congreso o agregando al polémico blanqueamiento de capitales a sus propios amigos y parientes de funcionarios, algo expresamente prohibido por la norma y que no nos posiciona bien ante organismos antilavado) ha permitido, en las últimas décadas, que los jueces avancen sobre decisiones políticas, privativas de la administración, confundiendo el control de las mismas, con la evaluación „política“ e ideológica de los actos que incumben a cada gobierno, a la administración del Estado, con los cuales se puede diferir, pero eso no los hace „ilegítimos“ (como si la evasión fiscal o el lavado de dinero). Este es un debate conocido del Derecho Administrativo. Esta „confusión“ borrosa (avanzar sobre la discrecionalidad de la Administración Pública) no es casual y muchos jueces, acólitos del neoconstitucionalismo, no la ignoran. La aprovechan, entre otras cosas porque el gran publico desconoce, por complejos, estos mecanismos (que la prensa no informa, en propio interés, a veces „informar“ pone a la prensa ante un conflicto serio de interes). Ser un „jurista del pueblo“, como alguna vez nos propusimos con Julián Axat, a pedido de Duhalde, es precisamente esto. Todo tiene su precio. Tratar de poner al alcance del pueblo herramientas de analisis crítico (algo que no se promueve ni celebra desde el gobierno: la capacidad de crítica del pueblo, su capacidad de juicio, su nivel de conciencia y de pensamiento, porque un pueblo „crítico“ es un pueblo conciente y libre, sin venda en sus ojos, que no resigna sus derechos, los defiende) ligeramente más sutiles que las que le provee, interesamente, la prensa. La Gaceta de Buenos Aires, esa prensa escrita por el gran Mariano Moreno, genuino abogado y periodista, nuestro modelo. Hombres como él nos hacen mucha falta. Por algo los bancos y grandes empresas (que muchas veces financian viajes a jueces de Congresos, como Guarinoni y tantos otros) „publicitan“ en esas paginas y no en otras. Porque la prensa sabe muy bien donde esta –dónde le sitúan- el „limite“ a su declamado pero jamás cumplido „deber de informar“ a la sociedad. Poner nuestro saber del lado de quienes más lo necesitan. Ser „chicos bien“ a favor del pueblo. No complices de otro saqueo al patrimonio y a nuestra cultura. De aquellos que ni siquiera imagen qué es un derecho, Que pueden pagar un buen abogado. O el mejor abogado. Que a veces no saben lo que es un Derecho. De ese lado estamos, como la „chica bien“ de San Isiddrio, que defiende a la „negra“ de Milagro Sala. Chicos „bien“. Otra jurista popular. Juristas del lado del pueblo siempre. No servidores genuflexos del poder (interno e internacional), como Ercolini, que rapidamente procesa a la ex presidenta –como des procesa a los complices del Proceso y a quienes se beneficiaron, en claro conflicto de interes, con la causa del dolar futuro, decidiendo, como especuladores en la bolsa, sobre su propio patrimonio, Aranguren es otro ejemplo- por pedido expreso del poder politico, que debe „tapar“ urgentemente el desasosiego economico que revela la salida de Prat Gay, (cuyo mejor comentario hizo Tinelli) para distraer la atención del gran publico. No quieren un pueblo conciente, porque un pueblo conciente y critico es un pueblo libre que defiende con unas y dientes sus derechos, no los resigna. La ciencia no es cara, caro son los globos, dijo muy bien un joven investigador del CONICET durante la protesta. Caros son los globos. Pero la imagen de Cristina no puede funcionar como un blasón constante de los fracasos ajenos ni de la falta de resultados concretos en materia económica, cuyo vacio es elocuente, aunque era previsible. Basta imaginar lo que hubiera sucedido si hubiera sido la ex presidenta o su entorno directo la titular de sociedades off shore en paraisos fiscales, en las Bahamas. (y esto no significa avalar ningun acto de corrupción, muy por el contrario) Basta imaginarlo. Puede imaginarse para entender la doble vara, la doble moral, que inspira no solo a la prensa, sino a todo el ejercicio del poder del Estado, incluyendo a la justicia, que calló durante el Proceso crimenes aberrantes, pero también elige –muy bien- en democracia, sobre quien hace recaer su peso. Y sobre quienes no. Ingenio Ledesma, noche del apagón, noche de los lápices, noches de las corbatas. Nuestra historia está llena de noches oscuras. Llena de oscuridad, que lentamente intentamos „clarear“. Muy de a poco. Arendt. Hombres en tiempos de oscuridad. Eso somos. Porque las cárceles están llenas de pobres, solamente. De reclamos sordos pero justos, que nadie atiende. (Al punto que pareceria casi un „privilegio“, un „honor“ que esta justicia tan selectiva y complice en tantos aspectos, siempre del lado del poder, nos meta, en una sociedad tan injusta y desigualitaria, como a Henry Thoreau, presos: porque estar –ser- „libre“ en esta sociedad selectiva y desigualitaria, puede ser mas grave que estar entre rejas, es al menos estar en una verdad, como diria Victoria Ocampo, la mentira es llamar a esto „libertad“, a esta pobreza, revolviendo los chicos bolsa de basura, mientras quienes mandan a esos nenes a comer de la basura son celebrados como estar en el „mundo“, mientras se le paga a Singer recortar el CONICET, ser „libres“. La libertad pasa por la defensa real de la soberanía del país, por defender en serio, no como ahora, los verdaderos intereses del Estado). No es un demerito –como no lo fue en dictadura- estar „preso“. El demerito es callarse la boca ante una injusticia extrema (celebrar una luna de miel en venecia mientras el pueblo de Salta pasa hambre, poner eso en las paginas como si eso fuera „informar“, informacion, y no vano espectáculo para la clase acomodada, eso no es „información“) o ser funcional a la mentira, el recorte en ciencia y en derechos humanos, el aumento de la pobreza, el desempleo. Y la desigualdad. El entreguismo tapado con espectáculos. Que no se tapan. Hay que hacerlos tapa. Un nueva politica empieza por promover lo que hoy los medios no promueven sino callan, siendo complices de la decadencia cultural del pais: un nuevo lenguaje. Una nueva cultura. una nueva palabra. una nueva voz. un nuevo derecho. Hay que educar al soberano, los medios pueden ser agentes del progreso, pero primero deben hacer, para ser cada día mas creibles, una profunda y honesta autocrítica. Hay que educar para la libertad. Dilma, Lula, han padecido en Brasil, Lugo en Paraguay, ni hablar de Honduras, lo que parte del gobierno anterior padece en el pais. Una persecución ideológica, que emplea herramientas que antes tenian un contrapeso ético, que hoy, vaciados por la cultura mediática, ya no tienen. El Derecho ha caido en un peligroso juego de prestidigitación, donde la culpabilidad la deciden los medios, no ya los jueces, (esto es el linchamiento, esto y no otra cosa es la estigmatización del marketing, el „enemigo del pueblo“, etc) como muy bien le advirtió al presidente (y al gobernador de Jujuy) José Miguel Vivanco, titular de Human Rights Watch (HRW). Hay que tapar. Hay que tapar los desastres economicos, la falta de resultados, la presión por Sala, el caso del CONICET, „tapemos“: y para Tapar parece que los asesores encontraron un solo camino: Cristina procesada. Cristina presa. Cristina chivo expiatorio. De todo. La justicia no se puede plebiscitar, pero muchos jueces realistas, de tendencia neoconstitucionalista, impugnan el „garantismo“, que, como recuerda Luigi Ferrajoli en Italia, es el que más se acerca (al no alejarse del positivismo jurídico) al respeto estricto del principio de legalidad, el Estado de Derecho y la división de poderes. Hoy el debate está planteado entre neoconstitucionalistas (no positivistas, que revisitan en nuevos términos la tensión entre Moral y Derecho, promoviendo el activismo de los jueces, afectando la legalidad y la divisón de poderes, siempre en nombre, como en dictadura, de la „república“ y la constitución., etc, y el gatantismo, metodológicamente positivista, que, como quiere Ferrajoli, se adhiere al principio de legalidad y a la division de poderes de modo estricto, que no „interpreta“ el „esspíritu“ de las normas. Ercolini no es Montesquieu, tampoco Bonadio, ni Oyarbide, nuestros jueces, en la inmensa mayoria de los casos, carecen de formacion crítica, y por eso son funcionales. No es maldad, es directamente ignorancia. Es „creer“, repitiendo la agenda que marcan muchos medios, que son realmente „independientes“, (porque los mandantes les dicen eso, si hace lo que nosotros le pedimos, „es independiente“, en caso contrario, no… y todo porque somos los duenos de la palabra, los duenos de la cultura, que siempre fue antiperonista, como Borges, etc.), cuando no lo son, pero tampoco tienen las herramientas para verlo. Hace falta una nueva independencia en la justicia, una independencia etica, politica, pero también conceptual, economica, financiera, de los lazos del „lobby“ en todas sus formas. Un poder politico independente en serio, no servil de intereses financieros extranjeros que siempre, sin excepción, han vaciado, con complicidades locales (pienso en el Motín de Alzaga) nuestro pais. Necesitamos una nueva justicia, qué duda cabe. Una nueva cultura jurídica y judicial. Necesitamos jovenes abogados formados con compromiso civil, dispuestos no a ceder a intereses, presiones, „honorarios“, jueces y juristas jovenes dispuestos, como dijimos con Axat, a „sacar la venda“ de los ojos. A jugarse por el pueblo argentino. El neoconstitucionalismo –realista- está generando confusiones doctrionarias que están vaciando nuestra justicia, llevando a los jueces a asumir un rol mediático y político (activista) para el cual no fueron ni están preparados. No puede un juez ser una estrella mediática, el juez deberia ser „estrella“ por hacer visible la pobreza, la injusticia, la desigualdd imperante, el estado ominoso de nuestras cárceles, las penurias que alli se suceden a diario, carceles que nos on „ni sanas ni limpias“ como proclama impunemente, sin que estos jueces se inmuten, nuestra Constitución. Por que nadie se inmuta por eso? Porque en la cárceles están solo los pobres. Los que no tienen palabra. los que no llegan con su voz a los medios. Los que no importan. Hay que defender a esas personas, que no tienen dinero para nada. Menos para un abogado. La opcion es Burlando, Stinfale, o ser un jurista que pone el saber del lado del pueblo. La educacion publica del pais, que nos formó en la excelencia, nos comprometió con nuestro pueblo. Todavía me acuerdo incluso de ese hombre sensible que fue Garcia Hamilton, con quien coincidamos en poco, pero con quien pasabamos horas debatiendo en Modena, frente a la facultad de Derecho, cuando el ya estaba enfermo. Hay un punto donde todos, independienemente de su ideologia, coinciden: en la necesidad de ser más sinceros, más transparentes, más formados. El neoconstitucionalismo, no positivista, al no separar de modo tajante moral de derecho, le otorga a cada juez un ardid retórico que conculca la división tajante de poderes políticos. Le hace creer a cada juez que puede ser un intérptete „puro“ de cada norma. Le hace creer a cada juez que puede ser un salvador y no un tercero imparcial. El neoconstitucionalismo no está de moda en Latinoamerica por casualidad. Está de moda por algo. Sus mecanismos son complejos y deben ser explicados. La doctrina debe dejar de callar. Debe poner al servicio del pueblo las herramientas y conceptos que hoy se le niegan, „por su propio bien“. No hay que „tutelar“ a los pobres, hay que brindarle mejores herramientas para que ejerzan por sí mismos su defensa y sus derechos. Para ocultar lo que de verdad pasa „detrás del escenario“: una crisis economica. La crisis economica no se „heredó“. Se produjo. La realidad choca mucho con las „promesas“. Cristina (presa) es el blasón máximo del marketing distractivo. Pero también el último. Después queda un solo camino. Asumir la realidad. El marketing puede tapar un tiempo. Sirve para ganar tiempo. Pero no todo. Creemos en la necesidad de convertirnos en juristas populares. En la necesidad de crear un nuevo lenguaje que reivindique los derechos humanos en toda su extensión „operativa“. No creemos en esta justicia que dice que los derechos económicos y sociales (DESC) no son „justiciables“ porque no hay „recursos“. Que sí hay para pagarle una deuda infame a Singer. La plata está para los derechos, no para los acreedores de una deuda jurídicamente (y moralmente) muy discutible. Una nueva cultura. Una nueva justicia. No en juristas de la Academia, cómplices serviles del poder. Atilio Alterini, que no era de izquierda, escribió con valentía sobre la infamia criminal de la deuda („nuestra“ deuda) externa que este gobierno convalidó de modo genuflexo y perentorio (no se sabe a cambio de qué „lluvia“ de „inversiones“ que jamás llegaron), en desmedro de los intereses de todos los argentinos, con enorme responsabilidad judicial que por el momento ningun juez investiga. Los jueces deben empezar a investigar al poder en serio, ser independientes de verdad. No ser más serviles. Usar ese activismo, cuya puerta les brinda el neoconstitucionalismo, para hacer justicia de verdad. No más juegos de prestidigitación. Necesitamos un estriberón en nuestra cultura. Un estriberón en nuestra palabra. necesitamos una justicia nueva. Nuevos jueces. Valientes en serio. Firmes. Decididos a saber que la verdadera corrupción, que se expande con sobornos por la administración, pero también por la Justicia, es la corrupción privada, que nunca se investiga ni se nombra. Se calla. Estamos ante un paso dificil. Pero necesario y real. Necesitamos una justicia y una prensa capaz de „cantar la palinodia“, como decían los espanoles en la edad media. (y tambien le dijo este modesto servidor al vocero de Lavagna en su momento, creemos en la necesidad de „elevar“ el debate, „elevar“ el lenguaje cultural y político, en ese momento nos topamos con la sonrisa dle vocero de Lavagna, que nos bautizó „palinodia“ por los pasillos, hoy, a la distancia, queremos decirle a ese vocero –justo es decir que Nielsen siempre me defendió ante Torres- que „palinodia“ a mucha honra, Armando Torres, a mucha honra, a una decada, nos vemos como „palinodia“) El pais necesita, si, cantar la palinodia, como le propusimos al minisitro en su momento, y que por falta de „acuerdo“ con el „extremo nivel cultural“ de la nota, no se leyó. Porque el pueblo, segun decian, necesita „cosas simples“. „Entendibles“. Nosotros no subestimamos al pueblo. No tomamos al pueblo por idiota. Lo dije en su momento, al vocero de Lavagna, a quien valoro y mucho, y lo repito: estaba bien que la nota se llamase „palinodia“. Ese era mi sobrenombre, desde ese dia, a este joven pasante „estrella“, lo llamaban asi en esos pasillos: „ahi viene palinodia, hola palinodia, como estas“. Este abogado, desde Alemania, quiere responderles despues de tantos anos: palinodia a mucha honra. El pueblo merece la verdad. Y tambien „entiende“ lo que es la „cultura“. el pueblo quiere saber. Lo que el pueblo no quiere es que le mientan, que le roben, que le dibujen la realidad, que le den un discurso „masticado“, que le entreguen verdades a medias. Eso no quiere el pueblo. Palinodia, a mucha honra. Todavia recuerdo cuando me decian „palinodia“. Yo ya no era Guido. Habia pasado de ser un „pasante estrella“ a ser „palinodia“. Palinodia era –es- mi nombre. Y hoy lo veo a la distancia, la insistencia que tuve que poner delante de tantos „funcionarios de carrera“, que decían saber mejor que este abogado „patriótico“, funcionarios (algunos “de carrera”), con su gran „experiencia“ lo que era más „conveniente“ para el país. Este tiempo me ha convencido aun mas de que el pueblo no necesita que le „recorten“ la cultura, que decidan por el „lo que el pueblo puede entender“ y lo que no. Por eso vuelvo sobre esto que sucedió en el quinto piso del Mecon por 2006: Cantar la Palinodia. Muchos se rieron en ese momento. Me llamaban pibe „brillante“ pero después me decían „palinodia“ por esa nota. Les daba gracia el titulo, les causaba gracia, acaso, una palabra que desconocían y tal vez aun desconocen. Y uno luchando porque „creía“ (recuerdo el debate en el ascensor con marcos dorados) que había que apostar „por levantar“ el debate cultural argentino, si nadie da ese paso, no se va a dar solo, alguien lo tiene que dar. Pero uno estaba solo. Y era un joven „pasante“ estrella. Nada más que eso. Un pasante. (valoro enormemente a Lavagna y a Nielsen, dos personas de las que aprendí mucho, dos personas que defendieron con pasión al país, que lo defendieron mucho más que lo que se lo defiende ahora, con Nielsen aprendí a leer mejor los diarios, sobretodo la sección económica, las editoriales sin firma, etc. con Nielsen aprendí el sentido de “lo financiero” en los países como Argentina)

Necesitamos un poder judicial que deje de tirar las culpas afuera. Necesitamos una nueva justicia. Nueva en su lenguaje, en su forma, en sus objetivos. En sus intereses. En su „imparcialidad“. En su real –no declamada, sino efectiva, hoy inexistente- independencia. Ser independiente no es hacer lo que quiere siempre el poder economico, que en tanto uno haga lo que quiere, te acarcia como una mascota y te felicita „por portarte bien“ y decir „lo que tenias que decir“. Decir, lo que se dice „palabra“, como diría Celan, es decir lo que NO se puede decir. Ahi se juega todo. No en lo que se „dice“. Sino en lo otro, que se quiere callar.

Artaud… sino el poeta-abogado, como dijimos en Frankfurt, con Roland Spiller, para qué sirve. Y para qué nació. Necesitamos una nueva generación de abogados. Hizo bien Alterini en incorporar después del colapso de 2002 la asignatura „finanzas públicas“ como obligatoria en la carrera de Derecho. Antes no lo era. Ahora sí. Pero los resultados tardan. La conciencia no se forma de la noche a la manana.

Y hasta ahora esta es la pobre visión de la „independencia“ que rige a la justicia. pensar que el único poder frente al cual hay que ser independiente es el poder politico, cuando no es asi. Porque el verdadero poder, como decia Saramago, es el otro. El que verdaderamente –continuamente- (de alli que sea dificil verlo) condiciona a fondo –cada dia- nuestra „independencia“, nuestra cultura, nuestra palabra. Porque de tanto que oradan nuestra conciencia, se confunden con ella. Son ella. Son nuestro lenguaje, nuestro espejo. Por eso es tan importante la critica. La palabra nueva. Un lenguaje nuevo. Esta es la tarea de los juristas populares. (parece „popular“ un término incompatible con „jurista“, uno parece un término „grasa“, „sobrante“, negro“, el otro, un término elegante, académico y „blanco“) Que ponen el Derecho al servicio de quienes más lo necesitan. Senalar con el dedo al verdadero poder, como dijimos. Es la única forma de cambiar algo de verdad, cambiar algo de raíz. Dejar de negar lo que somos, para pretender ser siempre otra cosa, que no nos es dada. Porque no es nuestra cultura, ni nuestra historia. Parar de desplazarnos como hormigas en fila entre las nervaduras de las hojas. Para ver de dónde sale la planta sobre la que caminamos. De dónde crece y para qué. El neoconstitucionalismo comete, aunque Ercolini no lo perciba, una petición de principio y está en su realismo mismo: porque „habla“ el lenguaje (que se cristaliza en su conciencia) que debe juzgar. Habla el lenguaje/cultura que (como la prensa que lo „habla“ y lo „divulga“) debe ser juzgado. Ese es el „cambio“. La palabra. Por eso con Axat apelamos a la poesía. No hay ningún accidente. Servir al pueblo es darle al pueblo otra voz. Cortazar, sacar las alambradas de nuestra cultura, no la voz que le asignan los medios. O la voz que le asignan los jueces. Sino otra voz. la voz de la poesía. Otra palabra. la palabra no mercantil, no la palabra del burócrata, del columnista, del abogado, sino del poeta. la voz de Seamus Heaney, de Paul Celan, de Gelman, de Kavafis. Esa voz hacerla justicia, hacerla cultura, hacerla conciencia, hacerla la carne de nuestra „independencia“. De nosotros mismos. La voz de Juan L. de Gianuzzi, la voz que no se compra y no se puede vender. El poeta no miente. El abogado, sí. El juez necesita ser más poeta, como afirma Martha Nussbaum, valiosa profesora de Chicago. La voz del poeta. De los Neruda. Solo en el poeta –no en la prensa, no en la justicia- está escondida –negada, y perseguida- la voz del pueblo. Esa es la única voz que nos interesa. Nuestro modelo son esos jóvenes: Die Weise Rose. Dos hermanos que dijeron lo que pensaban. Dos hermanos católicos. Capaces de no rendirse. Las seis hojas de la „rosa blanca“ fueron suficientes para incomodar a todo un aparato de difamación y propaganda, y mentira, de prensa complice y jueces serviles. Seis páginas. Dos hermanos cristianos. Coraje y determinación. Confianza y honestidad. Poesía. Eso es la „independencia“. No lo que la prensa „independiente“ y la justicia (complice como la primera de todos los crímenes y silencios del Proceso) declama como tal. Como su „independencia“. Para muchos sectores la palabra „independencia“ tiene otra connotación política: asocian „independencia“ no a „independencia“ sino a estar siempre „en contra“ de los sectores populares. Eso ser „independiente“, ser antipopular. No ser „populista“ (estar en contra de lo „negro“, de la „grasa“ que „sobra“) es ser „independiente“. Esa retórica republicanista, que también adoptó el Proceso (juraron por la constitución) es la que emplean los neoconstitucionalistas (que hablan siempre en nombre de la moral) que conculcan. Nosotros creemos que la „independencia“ es otra cosa. Hay que superar la visión liberal decimonónica que nos hace creer que un juez es „independiente“ si procesa a un peronista y es „cooptado“ si no lo hace. Hay que dejar de creer que los periodistas de los medios autoproclamados „independientes“ son independientes (pienso en tantos ejemplos que no hace falta puntualizar) y que todos aquellos que escribimos desde otro lugar, sin hacer recibido jamas un solo peso de medio de prensa alguno, no lo somos. Estamos „comprados“. Es al revés: comprado es el que recibe en todo caso un sueldo por lo que escribe. No nosotros, que lo hacemos por pura convicción y entrega. Nada mas.Para nosotros la independencia está en el punto exacto donde está la libertad verdadera: escribir gratis. Por el valor de las ideas que uno expresa. A cambio de nada. Ni de dinero ni de cargo alguno. Por la sola convicción de servirle de algún modo a ese único referente: el pueblo argentino. La única „independencia“ que nos guía es la no dependencia material de gobierno alguno. Es no vivir de la política. Para dedicarnos, con entereza, a ella. A diferencia de todos los periodistas „independientes“, que cobran enormes sueldos por escribir lo que escriben (en consecuencia, tienen una „linea“ que respetar, „independientemente“ de lo que piensen o no), nosotros no recibimos nada, tampoco directivas. Y a la vez recibimos todo. Permitimos que nuestra palabra (orientada al otro) se escuche y pueda hacerse valer libremente. Y que la ex presidenta la haga propia, la haga suya. Sin sueldo, mandato, cargo, promesa, interés de ningún tipo. Con transparencia y convicción. Los dos baluartes de la nueva política. Hoy la inmensa mayoría de los políticos y de los jueces carecen de esos dos valores: no tienen transparencia y no tienen grandes convicciones. Las han resignado. Son un focus group. Se creyeron las mentiras del marketing, creyendo que podían hacer política desde allí. Borrando aspectos de una foto. No es así. Hay otra manera de hacer las cosas. Hay otro camino. Otra palabra. Hay que dar un paso por construir una nueva independencia judicial y periodística, basada en la ética. Es un paso difícil, pero es un paso necesario, que hay que dar. Que podemos dar entre todos.

Los Scholl y Probst fueron los primeros en comparecer ante el tribunal, el 22 de febrero de 1943. Se les encontró culpables de traición. Roland Freisler (el Juez Supremo del Tribunal del Pueblo de Alemania) los condenó a morir en la guillotina ese mismo día. Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“.

Los corruptos tienen que estar presos, sean del gobierno que sean, de la tendencia ideológica que fueran (aunque los corruptos, en general, como muchos empresarios, no tienen „ideología“, porque su único afán es el dinero, de allí que la corrupción privada deba ser investigada, como el lavado de dinero, no centrando ni asimilando la corrupción solamente en la actividad del Estado) Con esto no toleramos, ni por un segundo, la corrupción pública, a través de empresas del Estado. (lo que no queremos es asociar „corrupción“ a „política“, como si la „política“ fuera algo „corrupto“ o malo en si, sinónimo de corrupción y no de principios, activismo, ideales, como si lo malo fuera siempre la participación del pueblo, su movilización y su idealismo, sus ganas de cambiar). No queremos tener nada que ver con quienes ponen sus sucias manos en los bolsillos del pueblo, de esos chicos con hambre, de las fotos de Pablo Ernesto Piovano (piel negra, no máscaras blancas, esas imágenes, no otras „recortadas“, donde desaparece la parte que incomoda, la piel) ni con quienes, ayer nomás ministros del oficialismo, hoy no tienen nada que ver con el gobierno que ayer integraban, como Lousteau. Creemos en la renovación política, no en el remake de los mismos de siempre. Desconfiamos, sencillamente, de la imparcialidad y la independencia de una justicia (esta justicia) que calla y ha callado sistemáticamente crímenes muy graves, que hace la vista gorda de delitos gravísimos (noche del apagón, etc), que no dice nada –convalida- deudas usurarias e ilegítimas (Atilio Alterini, nada menos, lo expresó), a la vez que procesa por tipos del Proceso, del fascismo, a la ex presidenta Fernandez, sobre cuyo entorno (funcionariado, no personal) no sabemos ni juzgamos ni decimos nada. Pero sí conocemos el valor de su persona y de su trabajo arduo e incansable, muchas veces novedoso, para defender la soberanía del país. Procesar a quien impugnó en la ONU la especulación criminal de los fondos buitre, a la vez que se les paga a esos fondos de modo genuflexo en la city financiera, parece una inversión de prioridades y una falta de patriotismo, en todo caso, eso es „tradición“ a la patria. Una injusticia. Los procesados deberían ser otros. Los crímenes verdaderamente atroces para el pueblo, que tanto dano le han hecho a la sociedad argentina, aunque no son crímenes visibles (los crímenes financieros, como dice Wolfang Naucke en Alemania, difícilmente se perciban como „crímenes políticos, no hay herramientas para hacerlos visibles) pero sin embargo son los crímenes „más peligrosos“ para la sociedad, para su tejido. Nuestra justicia persigue a los que no tienen poder real. El poder real nunca es puesto en cuestión por nuestros tribunales. Nunca. Por eso admiramos a hombres y mujeres excepcionales, como Juan Guzmán Tapia, Harald Edeltsam. Mariano Moreno. Porque ellos se tuvieron que salir de su rol de „jueces“ (diplomáticos) „independientes“ (Guzman Tapia en Chile es un ejemplo claro) para hacer justicia. Se la tuvieron que jugar. No hicieron circo, hicieron hechos reales de justicia. Tuvieron que dejar de lado las „formas“ (de la „independencia“ y de la „diplomacia“) para ser verdaderamente „independientes“ y „diplomáticos“, verdaderos jueces. No es un paso fácil. Guzman Tapia nos lo explicó en persona en su casa en Providencia, en Santiago de Chile: una vez que uno, como Siddhartha, sale del palacio, abre sus ojos, cuando uno „da ese paso“, ya no hay forma de volver atrás. Hay que dar ese paso. Ese único paso. Yo lo di cuando en el quinto piso del MECON, siendo un joven pasante „estrella“, armé un texto para Lavagna titulado „Palinodia“, Cantar la Palinodia”, del cual seguramente se acuerde, promoviendo una asunción de responsabilidades globales (en la Argentina) tras la severa crisis de que venia el país (2002) y me topé con la sorna y las risas de esos funcionarios de „carrera“ que decían, frente a este joven abogado „idealista“ con sus veleidades „patrióticas“ (aun recuerdo las frases de Armando Torres y otros) saber mejor lo que le convenia al país en ese momento. Ese día este joven pasante „estrella“ paso de llamarse „Guido“ a llamarse „Palinodia“ en los pasillos del MECON. (Nielsen me defendió, de eso me acuerdo muy bien) Pero desde la distancia, me siento muy orgulloso de eso. Porque veo a la distancia que tenia razón. Que al pueblo no hay que negarle ni recortarle ni retazearle „palabras“, poniéndose por encima, no hay que subestimar al pueblo ni presumir que los otros –que la van de „cultos“- lo son realmente. El pueblo, con sus narices sucias, con sus chicos con hambre, dimensiona mucho más y mucho mejor el sentido de esto que llamamos „cultura“. Por eso era un deber entonces y es un deber ahora „cantar la palinodia“. Llamarse asi. Y a mucha honra. Aunque muchos se rian, yo sigo pensando con claridad eso, estaba solo, era joven, pero creia en lo que escribí. Y desde Alemania, lo sigo pensando. El problema argentino es la tremenda falta de autocrítica de casi todos los sectores mediáticos, productivos, académicos, empresariales: medios de prensa, empresarios, académicos de „número“, etc. falta autocrítica, (todos se pasan la responsabilidad, nadie la asume como tal, por eso no avanzamos, no crecemos, no hay “unidad” posible en la irresponsabilidad generalizada de todos, en diferentes niveles) como paso para „recomenzar“ un debate, para refundar nuestra dirigencia política, cuyo nivel académico y conceptual es penoso. Nos merecemos otros dirigentes. Otro nivel de política, (no marketing), otra cultura. Para eso, antes del “consenso”, necesitamos que cada sector asuma una responsabilidad. Argentina tenía y tiene otra historia. Mucho más grande que el marketing vacía que propone Durán Barba. Otros jueces. Otros valores. Otros hombres y mujeres.

Lo de los Scholl en Alemania también fue, para Freisler, una asociación claramente „ilícita“. Nosotros creemos que la „asociación ilícita“ es la asociación entre bancos mediadores y fondos buitre que estafando tenedores minoritarios recompraron (en Europa) deuda externa de un país emergente en crisis a precio vil, con información imperfecta, a pocos días de un default anunciado, afectando su normal funcionamiento de agentes mediadores, dejando que los profesionales de clase media absorvieran la perdida, recomprando esos bonos a precio vil, centrando toda la culpa en el Estado argentino, pidiéndole luego que pague „todo“, toda su „deuda“. Hay una cadena de responsabilidades serias que aun no fueron investigadas. Porque hacerlo no es fácil, y encima, no da rating. No „suma“. Pero eso es ser justo. Estafaron a un país. Dos veces. Luego reclamando el pago total de lo que denominan, impunemente, ante la complicidad (ceguera) de la prensa y la justicia (independientes, locales) „nuestra deuda“. Singer comanda una asociación ilícita usuraria cuya acción espurea („legal“, legalismo-formalismo es enemigo de los derechos humanos, el nazismo también era „legal“, también era „derecho“), como dijo el relator de deuda externa de la ONU, ha puesto en peligro planes alimentarios en paises emergentes de Africa. Esa asociación ilícita nunca se juzga. Porque nuestros jueces, sencillamente, no están preparados para hacerlo. No la ven. No se ha inventado aun un lenguaje acabado para verla. Dependemos de los poetas como Saramago para „ver“. Heidegger lo vio esto, muy bien. Hölderlin, son ellos los guardianes de esa morada. No tienen las herramientas ni el valor suficiente. La „independencia“ se juega en otro lugar. No donde hoy la estamos poniendo. Sala está prensa. Paul Singer no. Cristina está procesada, Cavallo no. Blaquier es y será siempre inocente. Nuestros jueces no saben leer. No se animan a ser realmente „independientes“. Porque la verdadera independencia da miedo. No es fácil ser „independiente“. Esto que vemos no tiene nada que ver con la „independencia“. Independiente es la „chica bien“ de San Isidro que defiende a Sala. Independiente es el director de HRW cuando advierte al presidente que la justicia (aunque los medios son participes de esta tendencia) no se plebiscita. No va a referendum. Hay que renovar el Derecho Argentino. Hay que dar un paso. Un estriberón. Es un paso difícil. Hay que repensar los pilares del Estado y la sociedad argentina. Hay que cantar la Palinodia. Palinodia, estimado Armando Torres, y a mucha honra. Ahora vemos que pasar de ser „el pasante estrella“, a ser „palinodia“ no era, en los pasillos del Ministerio de Economía de la Nación, en 2005-2006, una crítica. Era un honor. Era un orgullo que me llamen asi. „Palinodia“. Ahi viene… „palinodia“. Palinodia, Armando. Y a mucha honra. Con mucho orgullo. Seguimos pensando que eso, fundamentalmente eso, es lo que nos hace falta a los argentinos. El consenso (medios-cultura-academia-empresariado-comercio) se logra después de la asunción de responsabilidades. Y no antes, negando ese paso. La página “en blanco” de la historia no se puede pasar, como dice Regine Robine, así de fácil. Al cabo, esa “nueva página”, como dice Robine, no estará limpia. y la necesitamos limpia. La necesitamos.

Hay muchas cosas que todavía deben salir a la luz. Kirchner que pedía (a Lavagna y su equipo) que se rehicieran en ese MECON informes (el célebre Análisis II) porque el tono de los “funcionarios” de “carrera”, respecto de las responsabilidades de las IFI´s en la crisis argentina, como el IMF, (que se le presentó a Kirchner) era con todo demasiado “débil”, “insuficiente”, y el ex presidente pidió, con razón, que lo redactaran de nuevo, pero esta vez “diciendo la verdad”, diciendo “todo”, diciendo “cada cosa”, cada “cuota” de responsabilidad, en un diagnóstico que no era simple, no era fácil, y no siempre se informaba. Y muchos de esos informes, pese al enorme esfuerzo dedicado a ellos, no fueron publicados. Quedaron “ahí”. Porque en algún lugar de la cadena un funcionario decide que el “tono” empleado para escribirlo (el tono, y no los rostros de los chicos chiquitos abriendo bolsas negras de consorcio sobre la avenida corrientes, buscando comida, en la basura, imagen que seguramente habían inspirado ese “tono”) era “demasiado fuerte”, demasiado “crítico”, y eso “no se puede decir”; porque necesitamos “que lleguen inversiones”. Otra vez. Porque, otra vez, el pueblo “no está preparado” para “escuchar”. para saber la verdad, como en la época del cabildo: el pueblo quiere saber!. Rivera tenía razón! no nos ensenan en el colegio a pensar la revolución de mayo como una “revolución”, sino como un hecho “pasado”, de la “historia”, no como algo vivo, que nos puede y debe inspirar, seguir inspirando! Pero quién decide qué se informa y qué no. El pueblo quiere saber!. El pueblo tiene el derecho de saber toda la verdad de lo que algunos funcionarios (y sobretodo, organismos internacionales de crédito corresponsables de la peor crisis de nuestra historia reciente) llaman aun, con descaro, “su deuda”. Aún hay mucho por decir. Mucho. Mucho por esclarecer a los argentinos. Mucha verdad que no sale nunca en los medios. Que no sale a la luz, que se esconde, y mucho lo esconden los propios políticos. Ese es su negocio: esa es su “profesión”, eso es vivir de la política, convertirla en una “carrera”, más que en una vocación y un servicio. Callan. Confundiendo o manteniendo a nuestro pueblo en una ignorancia dolosa, en una desinformación constante (se piensa muy bien qué se informa, y cuándo, en qué momento, el ejemplo de cuándo informar los Panama Papers no es casual, tampoco) que no es inocente. Tiene consecuencia. Es el espejo y el hambre de nuestros hijos. Son las fotos de Pablo Ernesto Piovano. Esa imagen. No la del sushi fantasma, no la foto del bus falso al costado de un camino. Sino una imagen real. Una imagen no blanca, sino “negra”, dura (piel negra, máscaras blancas), una imagen que duele. Pero que es la verdad. Y tiene ese infaltable peso. El peso de lo que es. De lo que no necesita “retoque”. De lo que no necesita “asesores” de “imagen”. Photoshop. Nada. Pablo Ernesto Piovano. La contracara de Eliot y nuestra “deuda” externa en los centros financieros. Atilio Alterini. Hay una cadena de “intermediarios” cuya responsabilidad (conflicto de intereses, de los que sacaron ingente provecho, especulando, a pocas horas del default, con sus propios clientes, tenedores minoritarios, persuandiendolos de “comprar” esa deuda, diciendo luego que la culpa del robo -“no previsto”- fue del Estado argentino, cuyos ahorristas en el país padecieron en rigor el mismo saqueo) no fue analizada aun por ningún juez. Por ninguno. La forma en que se derogó la ley de subversión económica, en medio de una crisis profunda, tampoco. La forma en que ciertos organismos pedían esa derogación tampoco. La forma en que se llegó -la cadena de responsabilidades a través de las cuales se llegó- a esa crisis debe ser aún materia de análisis.

Gerhart Hauptmann decía con razón,en su obra de teatro Las Tejedoras, que ni el jabón que usamos para lavarnos es del todo “inocente”. Hasta una simple pastilla de jabón, dice Hauptmann en las tejedoras. Hasta “eso” está “manchado”, tiene “que ver”, está en el fondo comprometido. Fue el primero en ganar el Nobel. Un escritor realista, admirable. Valiente. Serio. Imagénese el diario que usamos para informarnos … cada manana, qué grado de “inocencia” puede tener. Su lenguaje también tiene un pasado, además de un presente, viene de algún lugar. Y esto trasciende y por mucho a la causa de papel prensa. Perverso no es investigar el pasado. Perverso es callar y brindar con Videla. Eso es perverso. Lynn Hunt afirma en La invención de los derechos humanos que la retórica negacionista apela a exigir “pruebas” que primero, no por accidente, en toda dictadura, se desaparecen. (recuerdo la sonrisa de Duhalde en el ascensor, rumbo al 8vo piso, cuando le pregunté como podía ser que cierto medio argentino “serio”, en lugar de poner en la tapa la imagen de Ban Ki Moon en la Ex Esma tomando un panuelo blanco de manos de la Presidenta de Abuelas, Estela Carlotto, en ese lugar simbólico, hubieran puesto en su lugar una pobre foto del Secretario General de la ONU comiendo un alfajor de chocolate en una Am Pm en Cordoba, sentado en una mesa, como ser humano más, para mostrar que no podía viajar debido a un piquete… meta-mensaje: nos avergüenza mucho mas un “piquete” frente al Secretario General de la ONU que nuestro pasado más oscuro, más siniestro, que no se presenta en tapa, nada menos, cuando dijo “en la Argentina la era la impunidad ha terminado, la era de la rendición de cuentas ha llegado”)  Luego nada se puede “probar”. Hayden White invita a ir más allá, a repensar el lenguaje que usamos. Stanley Cohen propone lo mismo. Son propuestas valiosas. Intentos valientes. Novedosos. Pensar. Los argentinos tenemos el triste mérito de haber inventado el término “desaparecido”. Lo inventó Videla en una conferencia de prensa. Ese término es un “pacto” tácito con la prensa cómplice, porque otros no creían ni toleraban que se dijera eso. Perverso es un lenguaje destinado a descalificar más que a repensar y asumir la propia responsabilidad. La pregunta que se tienen que hacer los jueces. Y los medios. Pero también los jóvenes. What do we stand for? Realmente, para qué causa estamos. A cual juego nos vamos a prestar. Qué tipo de debate queremos los argentinos. Qué tipo de cultura. Qué tipo de políticos y de política. Qué dirigencia. Qué tipo de país. Qué tipo de pasado. Qué tipo de presente. Y qué tipo de futuro. Qué tipo de democracia.

«En la justicia vivo como en el exilio.» Fritz Bauer.

Im Labyrinth des Schweigens, una película alemana que cuenta también para el Derecho argentino. Un Derecho que a veces calla mucho más que lo que dice o se atreve a decir y “juzgar”. A poner sobre la mesa.

(todos podemos ser un poco -aunque nadie nos prepara para esto, menos en la facultad, la que te prepara para eso es la vida- como el joven y valiente abogado Johann Radmann, aunque él realmente no existió. Es apenas un personaje de “ficción” que fusiona tres fiscales juniors -reales, valientes de verdad- del equipo de investigación de Bauer: Joachim Kügler, Georg Friedrich Vogel y Gerhard Wiese, que vive en Frankfurt) Los fiscales y los periodistas lucharon, aunque parezca mentira decirlo hoy, por desentranar la verdad de lo que realmente había sucedido en Alemania. Porque también allí -pese a la inmensidad atroz- se intentó tapar. También allí. También en Alemania. También el derecho (la justicia y la prensa) alemanes apostaron, en determinado momento, por el silencio. Por callar Auschwitz. Auschwitz! No por la palabra. Más hombres como Joachim Kügler. Eso necesitamos los argentinos. Más hombres así. Más hombres dispuestos a luchar por la verdad, la memoria y la justicia. Más Gerhard Wiese. Más Johann Radmann. Menos Colonia Dignidad. Menos de esos alemanes. Menos Paul Schäfer Schneider. Más de lo otro. Menos abogados y periodistas y medios y empresas (en Alemania y en Argentina) cómplices de ese laberinto de silencio. Más poetas. Más poesía. Más valor. Más Derecho.

Alan Faena y Aimé Césaire

Máscaras blancas.

Muy bien por Alan Faena. (cuya frase no parece ser, en este contexto de debate cultural  “las ideas no se matan”, anti marketing y denuncia del programa “piel negra, máscaras blancas”, ninguna casualidad, porque nada en la cultura de un país -que se precia de “blanco”- proviene de meras “casualidades”, ninguna frase, ningún concepto, ningún mensaje, ninguna idea, por desarticulado que parezca con otras cosas que se dicen y debaten, nace en el aire, nada ni nadie nace solo) Nosotros también somos anti-marketing. Estamos a favor de las ideas. Está bien la asociación que hace Faena entre marketing y demagogia. Perfecto. Es decir lo que el otro quiere escuchar. Y no lo que uno piensa. Es la misma diferencia que hace Platón entre demagogia (adulación) y Justicia. Nosotros estamos por las ideas. (por eso estamos, como él, “acostumbrados a nadar contra-corriente”, porque la “corriente” suele ser marketing, “moda”, no pensamiento, Gustave Le Bon) Es decir, estamos por la Justicia. La memoria. y la verdad. Bien por Faena. Trasímaco hoy sería un personaje gris como Durán Barba: que apela al marketing para vender su “ley del más fuerte”. La República es -y fue siempre- otra cosa. La República es la poesía. (el estilo nos hará libres, dijo Cioran, el “estilo” es muy importante, también lo dijo Octavio Paz, en esta batalla cultural -aun no ganada, estimado Faena- por las libertades) Son las ideas/los ideales. La reminiscencia. Borges tiene un libro con ese nombre. Lo interesante es que nosotros venimos cuestionando este programa político de “piel negra, máscaras blancas” (Peau noire, masques blancs, programa político al que apela el actual gobierno, con su cultura “blanca”, Colón, Al Pacino, en contra de toda la “grasa” que “sobra”, -Prat Gay- encerrando indígenas mujeres -negras, “incultas”- que “protestan”, etc). Y Faena no parece ser un exponente, como querría Césaire, de la “negritud”. Sino, justamente, o injustamente, de la “blancura”. De todo lo “blanco”. de la cultura “blanca”. (todo lo contrario, en principio, todo lo “blanco”, la piel “blanca”, la cultura “blanca”, los hoteles para “blancos”, los negocios “blancos”, las fiestas “blancas”, porque tampoco se trata de prejuzgar a Faena) No “negra”. Esto lo tenemos que debatir con él mismo. El color.  El “color” del progreso. El “color” de nuestras ideas, estimado Alan. El color de nuestra piel. El color de nuestra ropa. El color de nuestra cultura. (y de nuestras fantasías, a veces tenemos fantasías demasiado “blancas”, que esconden nuestra historia “negra”, a nuestros “negros”; como diría Neruda) Las fantasías que esconden el verdadero color de nuestra historia. Por supuesto que hace falta lo que Faena muy bien llama una “refundación”. Y por supuesto que como él dice muy bien, la refundación (del país, de la cultura política, dos palabras que deben ir de la mano, superando la visión peyorativa de “lo político” y de la “política” que nos propone siempre el marketing, que no por casualidad denuesta todo lo que huela a “político”, a “politización”, a ideas, a ideología, a participación política, a deliberación, a juventud “idealista”, a conflicto, como dijo Ranciére, negar el conflicto no nos hace vivir mejor, Faena, negar la desigualdad -y negar la injusticia- tampoco, la política puede elegir “hacer visible” esto -lo que algunos llaman superficialmente, como en la posguerra alemana, “desunión”- o negarlo, taparlo, vendiendo la ficción de que -con estos niveles de pobreza y desigualdad- estamos, sin embargo, mientras uno tenga para pagar su habitación de hotel y acceda a sus fiestas, “bien unidos”) no va a venir del marketing. Va a venir de nuestra cultura. Tiene razón Faena. (“nada es más fuerte que una idea cuyo momento llegó”, decía Victor Hugo) Hoy la política está presa (viciada) del marketing. No de la cultura. No del pensamiento. No de las ideas. On ne tue point les idees. W. B. Yeats decía que la educación no consiste en llenar un cántaro, sino en saber encender el fuego. El marketing es, estimado Faena, siempre un programa de muy corto plazo. Muy “corto”. Las máscaras se caen. No perduran. La verdad siempre aflora. Porque es un programa basado en máscaras blancas. Ocultando el verdadero color -legítimo- de nuestra piel, de nuestra historia. Pero también pensemos, estimado Faena, que los “negros” no entran en esos hoteles, en sus edificios, (de “lujo” blanco) construidos sobre lo que fue su tierra, en esas fiestas “blancas”. El verdadero color de nuestro progreso. El marketing es un programa de corto plazo que le quita toda legitimidad (“blanca”) a la palabra política. Y se hace en nombre de las “inversiones”. El marketing vicia la representación, porque vicia (no deja que haya consentimiento informado) de parte de los representados. Nos deja sin representantes con estatura. Estadistas. El marketing lo empleó De la Rua. Entonces tampoco haga marketing “anti marketing”, que es una forma sutil, pero muy inteligente, de lo mismo. Se puede hacer marketing “blanco” hablando “mal” del marketing. También. Es otra forma más precisa de viciar -no dar- el debate político. Entonces, debata. El marketing mata el debate. A los que no (nos) les gusta el marketing, les gusta (nos gusta) debatir. Mata las ideas. Por eso nos oponemos. Pensamos que el país merece otra cosa. La diferencia está en adivinar quién será el que tire la primera piedra. Quien va a encender el fuego. Quien va a abrir este debate cultural que invariablemente como se ve -con las reacciones valiosas de Horacio Gonzalez, de Gargarella, de la ex Presidenta, de Faena mismo, con su proclama en este contexto “anti marketing”- se avecina. El debate y el lenguaje (argentino, nuestro idioma, como dijo Borges) cuya lenta llanura, como dijo brillantemente González, “a veces tarda en clarear”. En volverse “claro”. “Acostumbrado a nadar contra la corriente”. Muy bien. Pero la política no es un “negocio” de “lujo”, estimado Alan. La cultura (no “blanca”) tampoco. Es un derecho. Un derecho de todos. Puertas abiertas. No puertas cerradas. (como en el cuento de Kafka, Ante la ley, hay que estar del lado del pobre campesino que no se atreve a dar ese paso -a la cultura “blanca”-, no ser un “guardián”, uno de esos “guardianes” -blancos- del palacio (“blanco”, tan “culto”), y a veces los abogados somos así: como esos “guardianes”)

https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-219945-2013-05-14.html

Hoy en el Diario La Nación:

http://www.lanacion.com.ar/1968979-alan-faena-el-marketing-es-la-peste-de-todo-es-lo-que-destruye-las-ideas

“Hoy por hoy no se encuentra mucha gente que hable desde el corazón.

-¿Qué lugar le da al marketing?

-Para mí el marketing es la peste de todo. Es como el bullshit, es lo que destruye las ideas. Vivimos en el mundo del marketing, que es el mundo de las mentiras. Soy anti-marketing.

-¿Qué entiende por marketing?

-El marketing es decir algo que vos pensás porque los demás lo quieren escuchar. Entonces no sale de tu corazón. Acá no diseñamos. Porque el diseño es sólo marketing, y al momento que lo terminaste va a venir otro que va a hacer algo mejor y va a hacer otra cosa. Nosotros tenemos que encontrar la semilla del corazón y desde allí crear. El marketing es uno de los peores males de estos 40 años.

-¿Con qué definición se ve reflejado?

-Acá se agradece al hacedor. Acá se nota la importancia de esa palabra, que comulga con la palabra creador. No hay una palabra como hacedor, the maker… Yo les cuento la importancia de la palabra hacedor, porque podés crear, pero después llevarlo a la práctica, con potencia, transmitirlo, eso es tarea del hacedor.

El barro en el Derecho

El barro en el Derecho

„Jesús me puso lodo en los ojos, y ahora puedo ver“

el Derecho debe estar con las manos embarradas. No limpias. Como Jesus. Con las manos llena de barro. En el lodo. No en la limpieza elegante de la academia formal. Sino donde está el barro. El Derecho no es una “ciencia” pura. El Derecho es ante todo Barro: Rosa Parks, Harald Edelstam: barro. Gente que se embarró mucho, el derecho no nace en la Academia, no nace en las Facultades nunca, el derecho nace en otro lado. (Edelstam no descuidaba por eso ni su elegancia, ni siquiera descuidaba las cortinas de la embajada sueca en Santiago, mientras se embarraba con todo y solo contra la complacencia y el servilismo de los otros “diplomáticos” suecos y de tantos países, que eligieron y casi siempre eligen callar; véase la película Colonia Dignidad, no casualmente Paul Schärfer, emigrado en Santiago, cómplice de Pinochet, fue detenido en Argentina, luego de que se impulsara una política clara de derechos humanos: nada es casual, no hay accidente, fue la justicia argentina, en un periodo valiente, la que se atrevió a dar ese paso, hoy colonia dignidad se llama “Villa Baviera”, muchos nombres en Chile son ambiguos, Villa Grimaldi es un “parque de la paz”, Guzman Tapia en Santiago, en su casa en Providencia, donde muchas veces cenamos, nos decía que ese nombre le daba “vergüenza”, porque no puede ser un parque “de la paz”, sino un espacio de la memoria, que no es lo mismo. Olivia, su perra, siempre estaba debajo de la mesa, en largas conversaciones que tuvimos con ese gran hombre, abogado y poeta, admirador de Kipling, que nos recitaba de memoria, mientras nos daba Kuchen de Manzana, el poema If, esa “épica” que le daba valor, en su casa en Santiago, Providencia, el mismo se dedica a pintar paisajes, paisajismo, a prologar un trabajo sobre derechos que le enviamos, es tanta su humildad que se avergonzaba también de servirnos el café “en una jarra común, perdona”. Lo cortés no quita lo valiente, la elegancia de Edeltsam, de Guzmán Tapia, de tantos profesores en Viena, no quitan su valentía, su valor) Duhalde siempre me decía „te tenes que embarrar Guido, tenes que bajar al barro“. Hoy que es Navidad me acuerdo de Eduardo: „Jesús me puso lodo en los ojos, y ahora puedo ver“. Cuánta falta nos hace. El barro en el Derecho. Ese lodo. Eduardo, a quien le enviaba mensajes mientras estaba internado, porque uno no pensaba que Duhalde, que nos formaba, podía morir. No podía. No tenía que morir. No. Vinas, Duhalde, Gelman.

Qué haríamos sin el lodo. Qué haríamos sin el barro. Que haríamos pensando aun que el Derecho es una cosa „limpia“, un sistema positivo que „no se ensucia“, que es pura y sola „razón“, (lógica…) nada de sentimientos (Martha Nussbaum), que haríamos sin las emociones? Sin los sentidos? Sin la empatia (sin las mascaras blancas, legales, “cultas”) por el dolor ajeno? (sin la corporalidad, porque no es solo una cuestión de “estilo”, negando el “barro”, negando lo “negro”, negando las emociones, y los sentidos, negamos también a las personas de carne y hueso, los cuerpos, Seamus Heaney, buscar en la tierra nuestra “cultura”, el antropólogo es también un poeta) Que haríamos sin eso. Cómo se hace un derecho sin lodo. Cómo se ensena. Cómo se aprende. y sobretodo, para qué! Qué tipo de „Derecho“ estamos ensenando. Qué tipo de justicia queremos. Qué tipo de democracia. Una democracia que vea el barro (fotos de Pablo Piovano, piel negra) o una democracia que lo niegue? (Marketing, el marketing vacío es enemigo de nuestra cultura, es enemigo de todo lo que venga del „Barro“ de la historia, del „lodo“ en los ojos, el marketing el sushi fantasma es apenas eso que decía Fanon: máscaras blancas para países que no se reconocen, que no valoran, como dijo Lula, lo que son; una cultura que se cree “blanca”, que niega, primer requisito para doblegar un país y una cultura: que no valore su pasado, su dignidad, su identidad, su lengua, su “negritud”, que se aniquila -su historia- en nombre del “progreso”, la conquista de un “desierto”). Mientras tanto la „piel negra“ (Milagro) está presa. En nombre de nuestra “cultura”. Y de nuestro “progreso” blanco. Sin barro. Un progreso “culto” que va al Teatro Colón. Blancura. Nada de “negritud”.

En Agosto dimos en la Universidad de Lanus, en el centro de DDHH, una conferencia junto a la rectora y dos profesores (del CELS y la maestría) cuyo tema fue “militancia en DDHH”. El tema fue Eduardo y el barro en el Derecho. Recordar(nos) que tenemos que tener (si defendemos y queremos “asincerar” el “costo humano” negado de Pablo Piovano) las manos bien embarradas. Que no alcanza con estar en Oslo, en Berlín. Ese fue el tema de discusión final en ese aula. Cuando salimos de la conferencia en que había muchos jóvenes, una mujer no tan grande, que se había sentado en primera fila, Nelly Bartucci, de Florencio Varela, hermana de un desaparecido, me agarró de las manos bien fuerte y me dijo “aunque te vas a Oslo y Berlin, no bajes los brazos, tenes que…” El tenés que (…), con el que nos comprometimos ese día en Lanus con Nelly, (y solo con ella, aunque ella se encargó de repetirlo después a la rectora y a los asistentes e incluso a mi novia) es el barro en el Derecho. Nosotros sabemos bien de qué lado estamos. (La frase que a uno le hace sentir vergüenza “por lo poco” que uno “da” es o fue -y que te lo diga una hermana de un desaparecido- “este pibe -“este chico”- va a ser presidente de la nación”, (a Ana Jaramillo y Gustavo Palmieri) y uno queriendo pedirle a Nelly “no lo digas”, por favor, “no digas eso”, pensando en lo “mal” que nos hacen esas cosas Nelly, fue el poder, fue el poder el que siempre nos calla, nos compra, entonces ante Nelly, Eduardo, uno asume “compromisos”, obligaciones morales, a tanta distancia, no importa lo que uno vaya a “ser”, lo que importa es, paradójicamente, Nelly, eso que somos “ya”, esa batalla por la dignidad que damos hoy, que intentamos dar, cada día) Para quienes están en esas fotos Nelly, en las fotos de Pablo Ernesto Piovano, no hay un mañana. No hay un hoy. Y la pregunta es qué hacemos ahora. Por ellos. Por su hambre. Por su “cultura”. Por su democracia. Porque el país es de ellos. No que hacemos manana. sino ya. Ahora. Por combatir la violencia de género, la violencia contra los indígenas, contra las mujeres “negras”, contra sus hijos pobres. Más que nuestro, es de los que fueron y serán marginados de nuestra “cultura” (identidad) blanca que los encierra, aleja, desoye, y no ve. Que los persigue. Que en chile los llegó a juzgar, a esos indígenas pobres, originarios, por reclamar su tierra, bajo la ley antiterrorista. Todo por quemar un árbol. El oro vale más que el Derecho? Guzman Tapia defiende a los indígenas. La OIT cambió la definición de Territorio. Un nuevo concepto. un nuevo camino. Marginados de nuestro “progreso”. Entonces Nelly, no lo digas. Porque es tan extremadamente “pesado” eso que decís, más allá de la forma que asuma, el nivel de compromiso que uno termina sintiendo con Eduardo, con vos, con tu hermano. Tan alto. Tan pero tan tan alto. Que uno ya no se lo puede sacar. Eso una forma de “poner algo”. No una “ficha”. Sino un deseo. Una palabra. Un valor moral. Es una marca que uno lleva consigo. Un compromiso demasiado grande. No nos vamos a vender. No nos vamos a entregar. Y como lo saben, nos acusan, como te dije ese día Nelly en Lanús, por nuestra “soberbia”. Soberbia es otra cosa. Soberbia es vender el suelo argentino, es Floreal (“el Negrito”) Avellaneda. Soberbia es la línea de la pobreza. Soberbia es no hablar. Soberbia es recortar en ciencia y derechos humanos. Soberbia es el Colón. Vender eso como “cultura”. Soberbia es la máscara blanca. No la cultura/piel “negra”. Soberbia es confundir el diálogo político. Soberbio es mentir. Soberbio es no ver (no querer) el barro. No asumir que este país es eso que no estamos viendo. No la Reina Máxima en Holanda. Eso no es la Argentina. Es sobretodo eso que estamos negando. Eso que no queremos ver. Sobretodo eso es nuestra “cultura”. Nuestro país. Nuestra palabra. Aimé Césaire. Su poesía “negra”. Su ideario de “negro”. Milagro Sala. Su forma de ser “culto”. (“indio”) Pero por favor Nelly, eso, sobretodo eso, no lo digas. Cualquier cosa, menos esa. Porque pisamos ese día que se cortó la luz, y cambiamos de auditorio, el barro que rodeaba el campus de Remedios de Escalada. Y pensamos que ahí estaba el barro que decía Eduardo. Por fin lo encontramos Nelly!. Era eso. Nelly. Lanús. El Barro.

Nuestro apoyo a Michele Obama, el futuro político en la línea de los mejores liberales demócratas (“dos ingratos progresistas elitistas”, como Ted Sorensen, como Frank Raleigh Lautenberg, como John Lewis, Luis V. Gutierrez, Robert Cover, entre tantos norteamericanos valientes, valiosos). Ponerse del lado de los pobres no es hacer “elitismo progresismo”, es ser “liberal” en el sentido (más) genuino del término, de la palabra, tan desvirtuado. Es defender un modelo de sociedad que no preserva ni celebra las injusticias que vemos.  Ellos también, como Michele Obama, comprenden qué es esto (que vivimos también en nuestro país) de la “Piel negra, (y las) máscaras blancas”. Sartre. También de ese lado del césped. El anti-esclavismo aún no está terminado. (“”Michelle Obama. Me gustaría que volviera a ser un hombre y la soltaran en Zimbabwe, donde viviría cómodamente en una cueva con Maxie, el gorila”, afirmó un colaborador del presidente electo, Donald Trump). El racismo no está terminado, es aún parte de la democracia. Aun es parte (Morales) de nuestra cultura “blanca”. De nuestra “blancura”. De nuestras ideas sobre el “progreso” “civilizado”.Jujuy. El racismo no está terminado. Aún hay que combatirlo. Hay que combatirlo para que no sea, como en Jujuy o en el desprecio sistemático/cultural (“blanco”, americano) a Michele Obama, parte subrepticia (pero ejercida como una condición real) de nuestro “progreso”. De nuestra blancura/cultura blanca, de eso que llamamos “civilización”. Nos indigna el corazón duro de los hombres “cultos”. El congresista John Lewis fue arrestado 45 veces. Milagro. 45! John Lewis, como dijo Hillary Clinton antes de la elección, es “un verdadero líder”. Un luchador por los derechos civiles. Acaso John Lewis era el verdadero -mejor- candidato demócrata. Pero Lewis está embarcado en otras luchas, menos “electorales”, más concretas. John Lewis, Milagro Sala, Michele Obama, ponen al desnudo, Hillary, nuestras “máscaras blancas”. Nuestra “cultura” blanca. Nuestras negaciones. Nuestro mirar lejos. Nuestro evadir. Ellos dicen, Lewis, Sala, Michele misma, lo que nosotros (los “blancos”) no decimos. Wall Street, Paul Singer, no quieren hombres y mujeres como ellos. Como Lewis, como Michele Obama. Como Milagro Sala. Son demasiado “oscuros”, su piel es demasiado “negra”. Demasiado real. Ellos no “compran” lo que nosotros vendemos. Llevan sus marcas en la piel. Sala es como los indios. Bartolina Sisa. Bartolina Sisa también está en la piel de Milagro Sala. También Bartolina está presa. Lo que muchos no se atreven a decir, lo dicen (aún) ellos. Los John Lewis. Ellos conocen -su sangre conoce- mejor que nosotros (incluida Michele, incluida Milagro) el peso sórdido de las cadenas del llamado “progreso” civil. De la llamada “industria”. Ellos conocen el peso de la Historia. Mejor que ninguno. Por eso hay que defenderlos. Estar de su lado. Levantar su mirada, su palabra. Ser su voz. No -en todo sentido- la voz de los blancos. De la cultura. De los lobbys poderosos, de las industrias que lucran con el hambre, las armas y el dolor. NO! Hay que ser la voz de lo otro. De lo que fuera negado. De lo que no puede ser dicho. La voz de los “simios” y “monos”, la voz de los indios coyas y “negros”. Esa voz. No otra. De eso se trata la política. De tomar bien unos modelos. Donde el modelo de “verdadero líder” es, como dijo -reconoció bien- Hillary, John Lewis. Ahí. A nosotros no nos pasó algo tan distinto. Hay que recordar cuál era la “causa”. Sin una “causa” (sagrada) que defender, no hay política. No hay discurso. No hay camino. No hay ideal. No hay épica. No hay principio. No hay nada. (Hay marketing) Preferimos las sentadas del congresista “negro” (John Lewis), a quien llevaron 45 veces preso Milagro. 45! El verdadero líder (negro). El que pone sobre la mesa todos los “pactos” (de silencio) sobre los que descansa nuestra “cultura”. Nuestro mercado. Nuestra prensa. Nuestra democracia. John Lewis. Ted Sorensen, Frank Raleigh Lautenberg. Ellos. Ser como ellos. Ser valiente (y ser claro).

Piel negra, máscaras blancas

Piel negra, máscaras blancas 

(Respuesta a Horacio González)

http://www.veintitres.com.ar/article/details/126218/autorias
Quiero responder al estimado Horacio González su valioso texto. Empezando por la cuestión ética. Quiénes somos.

Está bien que Cristina no cite, o mejor dicho, no detalle el nombre de un „autor“. Porque un un proyecto colectivo las ideas son de todos. No son patrimonio de nadie. Son de la sociedad.  Y por eso mismo se comparten. Que es lo que sucedió. Se “compartió” una idea, una visión. Un análisis. Más honor al autor es que la ex presidenta las tome como propias. Que las haga propias. Y resalte. Que tome las palabras como suyas. Y repita con nosotros que las ideas, Horacio, no se matan. Ese era el título del texto que compartió Cristina Fernandez: Las ideas no se matan. Momento oportuno. Hoy las están matando, desdibujando, negociando, acallando. Acallan todo pensamiento crítico. (Pienso en el CONICET, Horacio, pienso mucho en esa valiosa resistencia de investigadores y becarios, pienso que el CONICET debiera ser un modelo de nuestra cultura, y no un blanco de nuestros ataques, recortar en ciencia es promover el  subdesarrollo, es celebrar el atraso, los investigadores deben ser apoyados, no perseguidos ni estigmatizados, como sucede en cualquier país civilizado). Lo presentan (el mero hecho de pensar) como algo “malo”. Como algo “negativo”. (Cara y cruz de una misma moneda: Durán Barba con su marketing no se entiende sin Rotzichner y su crítica del “pensamiento” crítico como algo malo, son dos procesos que van de la mano y apuntan a lo mismo: que volvamos a la caverna, que dejemos de pensar, que no pensemos) Pero vayamos a lo importante. Lo importante no es la autoría. Es la idea. Es el futuro político. Es la acción. Es vencer el marketing vacío y fantasmagórico (como bien decis, carnavalesco, siniestro, y autoreferencial) que hoy se propone y pretende como „ideología“. Es desnudar las máscaras blancas que ocultan nuestra piel negra, nuestro país profundo, grande. El programa político del pro es un programa „Piel negra, máscaras blancas“. (este es el concepto que quiero proponer para analizar la realidad política argentina, nuestro presente pero también nuestro pasado) Todo en ellos es blanco. Mentiras blancas. Cultura Blanca. Educación Blanca. (Blanqueo de capitales oscuros, decir que el pensamiento crítico es „malo“) Ilusiones de „progreso“. El Colón. Al Paccino. Depardieu. Cultura. Se oponen, como dice Prat Gay, a la grasa que „sobra“. A todo lo que sea “negro”. „Inculto“. Pamela David. Una familia “rubia”. Etc. Mientras tanto, Milagro Sala está presa “preventivamente”. Porque es negra, es pobre y porque es mujer. Porque es una india.

Hace muchos años Sebreli me había pedido un artículo en el diario Perfil cuyo tema debía ser criticar tu gestión en la Biblioteca Nacional. Tenía que enviarlo a un tal Maximiliano. Empece a borronearlo sin conocerte. Pero no lo hice porque vi que habías puesto los versos de Oliverio Girondo en la pared de la biblioteca. Lo que me pareció interesante y profundo. Tiré lo que había escrito. Eso para ver qué clases de gauchos somos. Qué clase de hombres y de personas. Qué clase de tipos. A mi no me causa gracia que por el gabinete anterior, donde hubo tanta gente valiosa, hayan pasado tipos como Bossio. Massa. Boudou.  A vos si? Esa pata inculta y libertariana de la Ucede, cómo llegó a nuestro gobierno? Cómo? Mientras nosotros vacilamos Horacio ellos (que a la hora de la hora están y estarán siempre más cerca de Cavallo y de Singer, de la harley davidson, el CEMA, Rand Paul y los centros financieros internacionales, los barrios privados y nordelta, son libertarianos, nosotros, en todo caso, somos más „liberales“) avanzan. Necesitamos una intelectualidad no vacilante. Que no vacile más! Horacio.  Que actúe con determinación. Que Ponga su saber del lado de los que más lo necesitan.  Necesitamos una nueva dirigencia política. Con menos vacilación. y más ideas. Mayor debate. Mas impostura. Y mayor compromiso. (con menos fotos de luna de miel en Venecia, mientras la gente en Salta pasa hambre, eso no es la renovación del peronismo.) No hay que confundir la impostura y la crítica, con la deslealtad. Horacio. Yo aprendí a ser corrosivo. A no ser obsecuente ni tampoco un pensador “moderado”. A defender categóricamente, respetuosa y firmemente, como decía Duhalde, lo que creo. Mi lealtad está en mis principios. No en una sola persona. Lo cual no quiere decir que uno no sepa bien de qué lado está. Del lado de los desfavorecidos, desposeídos: de los que no tienen palabra ni voz. De los que esperan un derecho. Algo. De ese lado. (“inculto”, “negro”)
Finalmente, Cristina no “cita” (en rigor sí). Hace algo mucho más importante: comparte y resalta un texto. (http://www.lanacion.com.ar/1968222-cristina-kirchner-compartio-una-nota-sobre-el-gobierno-todo-es-show-un-engano-a-la-sociedad) Que es algo mucho más importante y ligeramente distinto. Se lo apropia. Y está muy bien. (Hay mucha gente que pensó o creyó que era de ella, es cierto, y qué problema hay? mejor aún, y más valioso) No importa la cita. Porque se supone que somos un colectivo. Un bus en serio. Un colectivo de verdad, no un bus falso rodeado y actuado, sino un “bus” verdadero. En un colectivo la autoría de un texto no es lo esencial. Las ideas son de todos. No son de nadie. Más valioso es que Cristina se lo apropie. Que se piense que es de ella. Que lo tome y subraye y lo suba a las redes sociales como propio. (que repita, que subraye con negrita “las ideas no se matan”, como escribió Sarmiento, otro “gaucho”, porque nada en tu texto, Horacio, es casual, nada en tu respuesta a mi respuesta es un accidente: yo creo en la “civilización”, no en la barbarie blanca, claro que llamamos civilización y barbarie a cosas distintas: pero yo creo en la educación Horacio, soy un convencido de eso, de la escuela pública de calidad, como pilar de la sociedad y la democracia y los valores, Rotzichner pide chicos “capaces” y “productivos”, nosotros preferimos, primero, que sean virtuosos: no dice el filosofo oficialista ni una sola palabra sobre la virtud, pero muchas, demasiadas, sobre la “eficiencia”, chicos “eficientes”, “capaces”, “productivos”, y no felices? pero la felicidad tiene que ver con la virtud, para ser “feliz” Rotzichner primero hay que poder ser libre, hay que educar para la libertad, para la virtud, Paideia, para el compromiso. Para el pensamiento) Qué más alto honor puede tener un intelectual (palabra que no me gusta) o un abogado o un poeta? Que una presidenta responda usando un texto mio (como dijo Borges con humor, „bueno, mi literatura… no es mía“) como intermedio. (El lenguaje “culto” tampoco es patrimonio de nadie, el gesto de Cristina, es un gesto inteligente, es un gesto “voraz por lo concreto”, donde no hay tiempo para mezquindades, para autorias, para detenernos en discutir “quién es” el -verdadero- autor de nada) También en su propio nombre. Que haga el texto suyo. Eso tiene un valor adicional para una cultura como la argentina que quiere ser democratizada. Que buscó la ley de medios y aspira a una comunicación más horizontal. Mas verdadera. Menos publicitaria. Menos marketing, más cultura. Más política. Mayor compromiso. Menos mascaras blancas, más piel negra.Menos egos. menos “autores”. Más realidad. Lo que importa es la idea. Por una vez: no la persona, sino sus ideas. Sus ideales. Su programa. Su discurso. Su visión del Estado.

La claridad no nace nunca de los libros. Ni en la teoria. Nace en la acción. Nace en la práctica. Creemos que la educación pública puede ser el pilar de una verdadera democracia. Pero también creemos que frente a las máscaras blancas, la cultura blanca y el blanqueo de capitales (oscuros) tenemos que oponer una palabra y una imagen “negra” no recortada, sino real. Como las de Pablo Piovano. Una imagen nuestra. Real. No trucada. No marketinera. (ese es el costo humano que no estamos “asincerando”, no estamos siendo, con esa realidad, con esos “costos” humanos del todo “sinceros…”, el costo de sincerar nuestras vidas… es dejar de lado, de una buena vez, las máscaras blancas, como diría Vallejo) Donde se vea bien nuestra piel negra. No nuestras mascaras blancas, cultas, falsas, (nuestra cultura blanca, pretendida, pretensiosa, ilusoria, vacía) del Pro con su marketing político. Una foto completa. Donde se ven las marcas. Donde no todo se “photoshopea”. La cuestión ética no es escindible de la cuestión política y González lo sabe. Quiero decir una cosa más. Coincido en una cosa plenamente con Horacio Gonzalez. Hamlet es el gran personaje de esta vasta historia. Porque todo se reduce a eso. En la política y en la ética (y también en la vida): a ser o no ser. El marketing no es. La política sí. Pero en esa decisión Horacio, la vacilación no es posible. Ya hemos vacilado mucho. No podemos vacilar más. La política no especula. Cristina en la mesa de Mirta dijo una gran verdad „por hablar así –máscaras blancas- murió mucha gente en la Argentina“. Tenemos que dejar atrás esa máscara. Ese lenguaje. Esa división (blancos-negros). No podemos –ni debemos- seguir especulando. La especulación es dañina. Pero para eso primero hay que reconocer bien dónde está (oculta) la máscara (blanca), esto es: „qué clase de gauchos somos“. Por qué nos avergüenza el color de nuestra piel. El color de nuestra cultura. De nuestra palabra. Por qué queremos ser (y elegimos ser, votando al Pro) lo que no somos. Otro país. Otra Nación. Otra cultura „blanca“. Negar el color de nuestra piel. Por qué? Por qué nos han “mal” educado. Nos han educado, como decía Lula, para no valorar lo que somos. Nos doblegan la moral “inculta”; para luego saquear nuestras riquezas. Nos dicen que no valemos nada, que somos un país “pobre”, “atrasado”, lleno de “indios” (de “negros”). Así nos saquean. Fugan recursos. Nos meten en la dependencia. (Cardoso, ex presidente de Brasil, no en vano hizo su tesis sobre temas de esclavismo, y no por casualidad con él, uno de los autores de la Teoría de la Dependencia, del subdesarrollo, Brasil comienza otro camino, que Lula profundiza, agranda, y consolida) No otra es la historia de las venas abiertas. No digo nada que una persona tan valiosa como González no sepa.

Está bien la pregunta. Borges piensa en la rosa de Coleridge. Nosotros no. Nosotros pensamos en Gianuzzi. En Juan L. En Paco Urondo. Pensamos y buscamos la palabra justa. No entidades abstractas. Sino aquella palabra que da de comer. Qué discute frontalmente con quienes juegan con el hambre del pueblo. Con Singer. Con el fondo Eliot. Con la Nahrungsspekulation de los grandes bancos alemanes, que recompraron lo que (ellos, que especulan con el hambre del pueblo) llaman “nuestra deuda”. Creemos que el país no estuvo bien defendido ante los tribunales del juez Griesa y se lo dijimos también explícitamente a esa valiosa presidenta que tuvo el país. No nos callamos. Creemos que la Argentina merecía y merece aún otra defensa. Lavagna lo hizo bien en su momento. Discutimos también con quienes viniendo de la Ucede o habiendo llegado al gobierno de la mano de Massa -fue jefe de gabinete, nada menos- impugnan nuestra ética y nuestra forma de entender la política. La obsecuencia y la lealtad no van de la mano, Horacio. Ya viste a dónde nos llevó la obsecuencia de Bossio. Su „lealtad“. Por eso existe este debate. Esta discusión “culta”. Lo primero que hay que hacer es desnudar las máscaras blancas que aparecen por todos lados y se reproducen, al son del marketing, como una moda colonial (en nuestra cultura): eso es lo primero Horacio, vencer la impostura (las ideas fuera de lugar, como dijo Roberto Schwarz en Brasil) en el renacer de una cultura. Y de una discusión política. Dejar -dejemos- las máscaras blancas, los decorados blancos, la mentira blanca, (el lenguaje “blanco”, aceptemos, como quería Aime Césaire, nuestra “negritud”, nuestra vida, nuestro país, nuestro suelo: todos somos Milagro Sala, en muchos sentidos, somos “negros” como ella, somos indios pobres como ella, somos argentinos, somos “sudacas”, no somos “blancos” y tenemos que aceptarlo: el muro también se construye contra nosotros, no solo contra México, somos “latinos”) la pretendida “cultura”, las sombras de nuestra cultura. Vayamos a repensar a fondo la idea de nuestro “progreso”. (muchos que votaron ingenuamente o genuinamente convencidos de su “blancura”, -frente a los “negros” del “pancho y la coca- a Macri descubren, con el triunfo de Trump, aquello que Macri en el fondo negaba: que son también ellos, “latinos”, hay que parar de negar lo que somos, ese es el primer paso del desarrollo) Asumir nuestra piel negra. Frente a las fotos del marketing vacío, donde todo es „retocado“, las imágenes reales, sin recorte, donde no se borra nada: Pablo Ernesto Piovano. Frente a las máscaras blancas, (las imágenes trucadas, donde algo siempre se pierde, y se borra, no solo el sushi) nuestra piel negra. Inculta. Frente al bus falso, frente al sushi fantasma, Pablo Ernesto Piovano: esa imagen real. Esa Argentina (dura). Esa piel negra. Sin máscaras blancas. (“cultas”)

Et j´entends l´eau qui monte
la nouvelle l´intouchée l´éternelle
vers l´air renouvelé
(A. Cesaire)

En resumen: Yo estoy diciendo que somos negros y que tenemos q recuperar nuestra “negritud”. (Una vez una persona que admiro mucho me dijo en una oficina: vos sos lo suficientemente “blanco” como para decir cosas de “negro”, a vos te lo van a permitir, decilo, te toca a vos, gran frase, enorme frase, enorme idea) Por eso lo citó a Aimé Césaire, abogado por la descolonización, que defendía a los negros de la marginación, el abuso y el maltrato. De la privación de sus derechos y de su libertad. Los que votaron a Macri piensan q somos “blancos”. Una cultura “blanca”. No negros. Desean la (suenan con esa) “blancura”. (“no seas negro… o cuando aclaran, no digo “negro de piel”, sino de “mente”, esto es: un negro “cabeza”, cabeza de “negro”) No asumir su “negritud”. Milagro Sala está presa por eso. Porque no queremos ser lo que ella es/representa: negra. Lo que se apresa y se encierra no es solo (nunca) una persona, como dijo Durkheim. También se apresa y encierra un concepto, un modelo (“de negro, -mujer negra- piquetera, indio”, etc.) Por los que se piensan q son más “cultos”. Mas “blancos”. Con más derechos. Q los indios. Q los negros cabezas. Se apropian de la cultura/de la (su) tierra. (de allí la importancia de las imágenes de Piovano) Pero después niegan una parte. La borran “de la foto”. (la parte oscura) De la imagen que se forjan de su propio país. De su propia “cultura”. En ese modelo una mujer negra como Sala “no cierra”. Una mujer india, que cuestiona al poder, debe estar presa. (Pamela David quería una familia “rubia” en la casa rosada) Debe ser encerrada. No es casual lo de Sala. No lo es. Es mucho más profundo y simbólico que lo que parece. Es un resumen. Un eje “cultural”. Blanco sobre negro.  Encerramos y castigamos la negritud. También la encerramos (contra todas las recomendaciones de los organismos de derechos humanos) por ser negra. Y lo hacemos en nombre de nuestro “progreso”. De volver a estar en el “mundo”. De ser “civilizados”. De “prosperar”. De atraer más “inversiones”. Encerrando/controlando/ a los “negros”.

Celebramos también la valiente y muy certera carta de Human Rights Watch, valiente ONG, a través de su titular, José Miguel Vivanco, al Gobierno Argentino, siguiendo los pasos de lo ya marcado por Amnistía Internacional, la ONU, la OEA y el CELS. El país incumple el debido proceso.

Escribe el titular de HRW: “Los argumentos planteados por su gobierno en respuesta a la decisión del Grupo de Trabajo sobre el caso de Sala no resultan convincentes. El 3 de diciembre de 2016, su excelencia manifestó que ‘a la mayoría de los argentinos nos ha parecido que había una cantidad de delitos importantes que se habían cometido por parte de Sala’. Este comentario resulta verdaderamente desafortunado. En una sociedad democrática, los derechos —sobre todo aquellos fundamentales como el derecho a un juicio justo y a ser juzgado por un tribunal independiente e imparcial—son una garantía frente a la voluntad de las mayorías, y no pueden quedar sujetos a la opinión circunstancial de la población.”